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Un aparato para medir las emisiones de un Volkswagen Golf en un garaje de Fráncfort an der Oder, en el este de Alemania, el 1 de octubre de 2015

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El arreglo de los coches trucados de Volkswagen para adecuarlos a las normas legales durará meses, admitió el nuevo presidente del gigante automovilístico alemán quien achacó el fraude a un puñado de responsables técnicos.

Matthias Müller, que asumió el cargo hace diez días para enfrentar la crisis, hizo esas declaraciones en su primera entrevista, publicada este miércoles, cuando vence el plazo que las autoridades alemanas dieron a Volkswagen (VW) para presentar su plan de reparación de los coches trucados.

VW reconoció haber instalado en once millones de vehículos diésel de muchas de sus doce marcas un programa informático que falseaba los datos de emisiones contaminantes, a fin de superar los controles técnicos.

"Si todo transcurre como está previsto, podremos empezar las reparaciones en enero, y a fines de 2016 todo debería estar en orden", declaró Müller al diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ).

Se trata de una operación de gran complejidad, porque las normas legales son diferentes en los diversos países donde se vendieron esos coches y estos son de diferentes modelos, de las marcas Volkswagen, Audi, Seat y Skoda.

La firma anunció además el miércoles la suspensión de la comercialización de su modelo Caddy en Suecia.

Según Müller, la mayoría de los vehículos sólo necesitan una reprogramación informática, pero algunos tendrán que ser sometidos a importantes intervenciones, como el cambio de los inyectores o de los catalizadores.

- Costos siderales -

"Obviamente", todo ello será "gratuito para los clientes", precisó Müller.

A esos gastos, evaluados en miles de millones de euros, se sumarán los de las multas que VW deberá pagar en diferentes países, los daños y perjuicios reclamados por los clientes, al igual que por accionistas ofuscados por el derrumbe de los valores de la firma en la Bolsa de Fráncfort (-40% en dos semanas).

Sin contar los perjuicios comerciales para una firma que este año se había convertido en el primer vendedor de autos del mundo, con un volumen de negocios anual de 200.000 millones de euros y 600.000 empleados en todo el mundo.

Pese a todo ello, hasta el momento "no estamos viendo un derrumbe" de ventas, aseguró Müller.

Los costos totales del escándalo aún son difíciles de evaluar, aunque algunos analistas lo estiman entre 25.000 millones y 50.000 millones de euros.

El martes, Müller ya anunció a los empleados de la firma en su sede de Wolfsburgo (norte de Alemania) que habrá que apretarse el cinturón.

Los primeros sacrificios vendrán por el lado del plan de inversiones de 86.000 millones de euros que la compañía había elaborado para los próximos cinco años.

"Estamos revisando todos nuestros planes de inversiones una vez más. Todo lo que no sea absolutamente necesario en lo inmediato será descartado o pospuesto", afirmó Müller.

También se revisará el patrocinio del club de fútbol local, el VfK Wolfsburgo, de primera división.

Esos anuncios fueron bien recibidos por los inversores y la acción de VW cerró con una ganancia de 7,12%.

La canciller alemana Angela Merkel pidió "no usar" el caso Volkswagen para demonizar" al sector automovilístico, "poniendo en peligro miles de empleos en Europa", y reclamó una "investigación urgente y una total transparencia".

- Un puñado de responsables -

VW debe aún deslindar la responsabilidad del escándalo.

"Por lo que sé, solamente algunos empleados estuvieron implicados" en el fraude de los motores diésel, dijo Müller.

Se trata de "algunos programadores" y "cuatro personas, incluyendo tres directores de desarrollo de motores en diferentes épocas, fueron suspendidas", en tanto que otros sospechosos "ya se han jubilado", dijo Müller.

La prensa alemana mencionó entre los posibles implicados al exjefe de desarrollo de Audi, Ulrich Hackenberg, aunque VW se abstuvo de confirmar esa información.

Müller trató de librar de sospechas al equipo de su predecesor Martin Winterkorn, que renunció tras el estallido del escándalo.

"No lo creo", afirmó. "¿A usted le parece que un patrón tiene tiempo de ocuparse de la vida interna de los software de los motores?", interrogó.

El software fraudulento se creó en 2008, cuando pareció imposible conciliar los imperativos de costos y las exigencias medioambientales para proponer un "diésel limpio" en Estados Unidos.

Müller afirmó en la entrevista que la astucia informática se diseñó en la sede de Wolfsburgo y no en Estados Unidos.

La Comisión de Finanzas del Senado estadounidense anunció el miércoles una investigación sobre los créditos de impuestos otorgados a los coches diésel de Volkswagen.

El escándalo ha obligado a varios dirigentes de la compañía a presentar disculpas.

El presidente de VW América del Norte, Michael Horn, presentó al Congreso estadounidense las "sinceras excusas de Volkswagen" por trucar los autos, mientras que su homólogo en Corea del Sur, Thomas Kühl, pidió disculpas públicas "por traicionar la confianza de los clientes".

AFP