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Partidarios del gobierno iraní manifiestan en su apoyo con afiches que muestran al ayatolá Ali Jamenei en la ciudad de Mashhad el 4 de enero de 2018

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Estados Unidos aumentó el jueves la presión sobre el régimen iraní, que se ha enfrentado a varios días de manifestaciones en un contexto de reivindicaciones económicas, salpicadas de violencia, y reprimidas duramente por las fuerzas de seguridad.

Después de una semana de protestas contra el costo de la vida, la corrupción y el poder, Teherán y otras muchas ciudades han encontrado la paz, mediante el refuerzo de la seguridad.

Las manifestaciones estuvieron marcadas por enfrentamientos mortales y la destrucción de propiedades públicas. La violencia se cobró la vida de al menos 21 personas, la mayoría manifestantes, y varios cientos de personas fueron arrestadas.

Las protestas, que han reunido todas las noches desde el 28 de diciembre a varios cientos de personas, son las primeras de esta magnitud desde la "ola verde" de 2009.

Decenas de miles de personas acusaron entonces al poder de fraude masivo durante la reelección del presidente ultraconservador Mahmud Ahmadineyad. Las manifestaciones fueron violentamente reprimidas.

- Reunión en la ONU -

La administración estadounidense, encabezada por Donald Trump, que apoyó desde el principio a los manifestantes y condenó al régimen iraní, su bestia negra favorita, dio un nuevo paso el jueves al imponer nuevas sanciones contra los grupos industriales sospechosos de participar en el programa de misiles balísticos de Teherán.

El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, acusó al régimen iraní de "dar prioridad" a su programa de misiles "en detrimento del bienestar económico de su población".

Para el Departamento de Estado, las autoridades iraníes deberán "rendir cuentas" por la represión y aseguró que Estados Unidos "no olvidará a las víctimas" de las protestas.

"Recordamos lo que les pasó a los Verdes cuando protestaron y cómo el régimen los trató despiadadamente", dijo el secretario de Defensa estadounidense, Jim Mattis, que también apuntó que su gobierno no tiene un "problema con el pueblo iraní", pero sí "un gran problema con el régimen autautoritario Irán".

El Consejo de Seguridad de la ONU anunció para el viernes una reunión de emergencia convocada por Washington sobre la situación en Irán.

Las autoridades iraníes habían presentado anteriormente una queja ante la ONU contra las "injerencias" estadounidenses, acusándolas de provocar disturbios.

"La administración estadounidense ha incrementado sus injerencias de manera grotesca en los asuntos de Irán con el pretexto de brindar apoyo a las manifestaciones esporádicas", dijo el representante de Irán ante la ONU, Gholamali Khoshroo.

Frente a las manifestaciones, decenas de miles de iraníes se concentraron el jueves por segundo día consecutivo en las calles de varias ciudades para expresar su apoyo al régimen.

"Estamos todos juntos, detrás del guía", coreaban sobre el ayatolá Ali Khamenei, el número uno de la República Islámica de Irán, según imágenes de la televisión estatal.

Parafraseando al régimen, el Comandante en Jefe del Ejército, Abdolrahim Musavi, agradeció a las fuerzas de seguridad por haber extinguido "el fuego de la sedición". El día anterior, los Guardianes de la Revolución, el ejército de élite, había anunciado el fin del movimiento de protesta.

Las autoridades acusaron a los "grupos contrarrevolucionarios" y los muyahidines del pueblo -la oposición en el exilio- de haber aprovechado las manifestaciones "legítimas" para fomentar los disturbios. Culparon también a Estados Unidos y Arabia Saudita, el mayor rival de Irán en la región.

- "Solucionar los problemas" -

Los políticos en Irán -tanto reformistas como conservadores- se han pronunciado contra la violencia y la injerencia de los Estados Unidos, al tiempo que subrayaban la necesidad de resolver los problemas económicos, principalmente el desempleo, que llega al 30% entre los jóvenes.

"La principal demanda de la población a los responsables del gobierno es que resuelvan los problemas económicos", explicó Ali Akbar Velayati, asesor del líder supremo de asuntos Exteriores, que pidió evitar "las divisiones".

El presidente iraní, Hasan Rohani, un religioso moderado, dijo que su gobierno estaba decidido a "resolver los problemas del pueblo".

Reelegido en 2016 para un segundo mandato, prometió trabajar para mejorar la situación económica, una esperanza amplificada por el acuerdo nuclear iraní, firmado en 2015, que levantaba algunas sanciones internacionales.

Pero las expectativas de los iraníes se evaporaron con el aumento del coste de la vida y el desempleo.

El Parlamento rechazó los aumentos de impuestos planteados por el gobierno, incluido una subida del 50% del precio de la gasolina, una medida que, según los expertos, habría impulsado la inflación que ya alcanza el 10%.

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AFP