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Explosión controlada para destruir bombas y minas de los rebeldes huthíes en la localidad yemení de Adén, el 5 de abril de 2016

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A pocos días de cumplirse el segundo año de la intervención de la coalición árabe dirigida por Arabia Saudí contra los rebeldes hutíes en Yemen, el país continúa sumido en el caos sin que se divise una solución.

La caótica situación permitió que Al Qaida se fortaleciera y llevó a que Estados Unidos, aliado de Arabia Saudí, se comprometiera aún más en el conflicto.

La guerra se convirtió en "un embrollo", estima Peter Salisbury, investigador del centro Chatham House. Yemen está fracturado hasta el punto de que su futuro "como Estado" es difícil de imaginar, supone Salisbury.

El 26 de marzo se cumplirán dos años de la intervención de la coalición liderada por Arabia Saudí.

Financiadas y equipadas por la coalición, varias facciones armadas están alineadas detrás del gobierno yemení reconocido por la comunidad internacional y combaten a los rebeldes chiíes hutíes y sus aliados, que cuentan con el respaldo de Irán.

Los analistas observan, sin embargo, tensiones entre la fuerzas que combaten a los rebeldes que podrían desembocar en un conflicto interno, incluso si se pone fin a la guerra civil, lo que difícilmente sucederá pronto.

La grave crisis humanitaria en Yemen y la guerra hicieron colapsar las instituciones del gobierno y la seguridad en general, dejando como principales víctimas a los civiles, estima por su parte Adam Baron, investigador del European Council on Foreign Relations.

La ONU advirtió este mes que Yemen representa la "peor crisis humanitaria" de las últimas décadas.

El conflicto ya dejó 7.000 muertos, más de la mitad civiles, y 42.500 heridos. Tres millones de personas están desplazadas.

Un total de siete treguas con sus respectivos esfuerzos para iniciar negociaciones de paz impulsadas por la ONU y Estados Unidos fracasaron.

De momento, el nuevo presidente estadounidense, Donald Trump, dispuso como política para Yemen incrementar los ataques contra Al Qaida en la Península Arábiga.

La administración de Trump también podría ver en Yemen una oportunidad para demostrar a Irán su determinación, escribieron Joost Hiltermann y April Longley Alley del International Crisis Group.

Washington y Riad acusan a Teherán de atizar el conflicto regional, inclusive armando a los hutíes, aunque según Hiltermann y Alley haya "muy pocas pruebas concretas" de este apoyo.

Para enviar un mensaje a Teherán, Washington podría incrementar su apoyo a la coalición liderada por Riad, pero un paso en ese sentido podría ser un grave error, estimaron los dos analistas en un artículo publicado el mes pasado por Foreign Policy.

"Si Trump se adentra en la guerra yemení, hay un verdadero riesgo de que el conflicto se salga de control", escribieron.

Washington ya entrega armas a la coalición. También provee aviones cisterna e informaciones de inteligencia.

En octubre, el Pentágono acusó a Irán de estar involucrado en el disparo de misiles contra un barco de guerra estadounidense en el Mar Rojo, lo que obligó a Washington a responder disparando misiles contra tres estaciones de radar de los hutíes.

La administración Trump acusa a Irán, chií, de apoyar al terrorismo, una posición alineada con la de Arabia Saudí, suní.

- 'Efecto dominó' -

La influencia de Irán al norte de Arabia Saudí, en Irak, Siria y Líbano, hace que las monarquías del Golfo actúen en defensa propia contra "los planes estratégicos de Irán de rodear la península Arábiga", dice Mustafa Alani, consejero del Gulf Research Center.

"Es una guerra necesaria", estima.

Los rebeldes siguen disparando misiles contra Arabia Saudí provocando víctimas en la región fronteriza del reino, a pesar de dos años de bombardeos aéreos en Yemen.

Los grupos de defensa de los derechos humanos criticaron en numerosas ocasiones los bombardeos de la coalición en Yemen, que causan víctimas civiles.

Con dos años de campaña aérea en Yemen, Arabia Saudí logró que amplias franjas de la población yemení se le pusiera en contra, pero, además, la percepción sobre la capacidad de las fuerzas militares saudíes se vio "considerablemente reducida", dice Salisbury.

Sin embargo, los yemeníes, dirigidos por los soldados emiratíes, avanzaron en el litoral del Mar Rojo con el objetivo de tomar el puerto de Hodeida, controlado por los rebeldes, asegura Alani.

Esto amenazaría a los rebeldes que controlan la ciudad de Taez y la capital Saná.

"Estamos esperando un efecto dominó" para presionar a los rebeldes en Saná en unos seis meses si continúa el avance, añade.

El objetivo no es necesariamente una victoria militar sino hacer que los rebeldes consideren que pueden perder y se vean obligados a regresar a la mesa de negociación.

AFP