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Foto tomada el 3 de febrero de 2018 que muestra el lugar donde se estrelló un avión ruso en la provincia siria de Idlib

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Un piloto ruso murió el sábado en el noroeste de Siria después de que fuera derribado su avión por un grupo yihadista que controla la provincia de Idlib, una zona blanco de una ofensiva de las fuerzas prorrégimen aliadas a Moscú.

Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), el avión ruso fue derribado cuando sobrevolaba la ciudad de Maasran. El piloto, que consiguió saltar en paracaídas, utilizó su arma antes de ser abatido.

Las tropas gubernamentales lanzaron a finales de diciembre, con el apoyo de la aviación rusa, una ofensiva en la provincia de Idlib, controlada por Hayat Tahrir Al Sham --un grupo yihadista dominado por la antigua rama local de Al Qaida-- y varios grupos rebeldes. Esta provincia es la última que no está en manos de Damasco.

"Hubo decenas de bombardeos rusos en la zona en estas últimas 24 horas. Este avión también efectuaba bombardeos", afirmó Abdel Rahman, director del OSDH.

Un periodista de la AFP que pudo desplazarse al lugar vio los restos del avión. Una de las alas tenía una estrella roja.

En un comunicado publicado en su emisora de propaganda Ibaa, Hayat Tahrir Al Sham reivindicó el ataque contra el avión ruso, sin mencionar al piloto.

Moscú, que interviene militarmente en Siria desde septiembre de 2015 en apoyo a las fuerzas del régimen de Damasco, confirmó la muerte del piloto.

"Un avión ruso Sujoi-25 se estrelló mientras volaba sobre la zona de distensión [militar] de Idlib. El piloto tuvo tiempo de anunciar que se había eyectado en la zona", indicó el ministerio ruso de Defensa citado por las agencias de prensa.

"El piloto murió mientras combatía contra los terroristas", precisó esa fuente.

"Según las primeras informaciones, el avión fue derribado por un sistema de misil antiaéreo portátil", añadió.

El departamento de Estado estadounidense se mostró "profundamente preocupado" ante la posible utilización de semejante arma.

- Funerales kurdos -

En otro frente, en la región de Afrin, siete soldados turco murieron, lo que hizo de este sábado la jornada más mortífera para el ejército de Ankara desde que lanzó su ofensiva el 20 de enero.

Turquía, aliada de los rebeldes sirios, quiere expulsar de su frontera a la milicia kurda de la Unidades de Protección Popular (YPG), que considera un grupo "terrorista" pero que fue un firme aliado de Washington en la lucha contra los yihadistas en Siria.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, quiso el sábado tranquilizar a su homólogo francés, Emmanuel Macron, que había advertido a Turquía contra cualquier amenaza de "invasión" de Siria, asegurando que las operaciones del ejército turco estaban dirigidas contra "elementos terroristas" y que Ankara "no codiciaba el territorio de otro país".

En esta zona de Afrin, este sábado miles de kurdos participaron en los funerales de combatientes y civiles muertos recientemente en esta ofensiva. Pero entre los cuerpos sepultados no estaba el de la joven combatiente Barin Kobané, cuyas imágenes de su cuerpo mutilado provocaron la ira de su comunidad.

"Mutilaron su cuerpo, no ha tenido derecho ni a un entierro", se lamentó su madre que, como otros kurdos, acusa a los rebeldes aliados del ejército turco de haber mutilado el cadáver de su hija.

Los restos de Barin Kobané, su nombre de guerra, siguen en manos de los grupos rebeldes.

- 'Puerta abierta' -

La ofensiva turca en Afrin y los ataques en Idlib han obligado a desplazarse a decenas de miles de personas.

Human Rights Watch (HRW) acusó el sábado a los guardias fronterizos turcos de disparar contra los sirios que intentan entrar en Turquía.

"Los sirios que huyen hacia la frontera turca buscando seguridad y asilo son devueltos a la fuerza: son blanco de disparos o víctimas de abusos", denunció Lama Fakih, directora adjunta para Oriente Medio de HRW.

Pero para el portavoz del presidente turco, Ibrahim Kalin, su país aplica desde el inicio del conflicto sirio la política de la "puerta abierta" con los refugiados.

Por otra parte, Turquía, que apoya a la oposición siria, estimó el sábado que el presidente sirio, Bashar Al Asad, tendrá que irse "en un momento dado", declaró Kalin.

La cuestión del futuro de Asad es uno de los principales puntos que bloquean las mediaciones internacionales para poner fin a este conflicto que ya ha causado más de 340.000 muertos.

En su conversación telefónica, Erdogan y Macron "acordaron trabajar en una hoja de ruta diplomática en Siria en las próximas semanas", precisó la presidencia francesa en un comunicado publicado el sábado por la noche.

Estados Unidos también tiene en el punto de mira al régimen sirio, al que acusa de haber utilizado gas sarín, aunque el viernes reconoció que por el momento no tiene pruebas de ello. Unas acusaciones que para Damasco son "mentiras basadas en supuestos socios de los estadounidenses en el terreno", reaccionó el sábado el ministro de Relaciones Exteriores sirio, citado por la agencia oficial Sana.

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AFP