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Zarina, de 23 años, una afgana víctima de violencia doméstica, se recupera en un hospital en Mazar-i-Sharif el 2 de febrero de 2017, después de que su marido le cortara las orejas

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Con la cabeza vendada y la cara amoratada, Zarina, una afgana de 23 años, implora recibir atención médica en el extranjero desde que su marido, en un arrebato de furia, le cortó las orejas, un ultraje que ilustra la difícil situación de la mujer afgana en el mundo rural.

"¿Por qué hizo eso? No rechacé ninguna de sus exigencias. Ni siquiera iba a ver a mi madre porque él decía: '¡Va a encontrarte con hombres!'", contó a la AFP.

La mujer -con la cara marcada por los golpes, una venda en el pómulo derecho y un brazo vendado- no se explica la agresión de su marido, perpetrada en un distrito de la provincia de Balj, fronteriza con Ubezkistán.

"Mi marido llegó hacia las 03h00 de la mañana y me ató las manos y los pies, le supliqué que no lo hiciera, pero no me escuchaba", cuenta Zarina.

El marido le dio una paliza, le cortó las dos orejas con un cuchillo afilado y luego se escapó.

Zarina sangró durante toda la noche, hasta que sus tíos la llevaron al hospital de urgencias de la capital provincial.

"Llegó a las 09H30 en un estado crítico, imagine la sangre que había perdido", cuenta el doctor Shafir Shayek, director del hospital.

La joven afgana había sido prometida en matrimonio a los 13 años a ese hombre que había esperado 13 años para esposarla, en 2014.

"Tras dos años de matrimonio, se fue a trabajar a Irán. Había vuelto hace dos meses", relata la tía de la víctima.

Según un responsable del hospital, el marido es un consumidor de drogas, posiblemente de heroína, como suele suceder con los afganos que van a trabajar a Irán.

El hombre seguía prófugo "pero hemos abierto una investigación para detenerlo", afirmó el portavoz del Gobierno de Balj, SherJan Durrani.

Esa afirmación no tranquiliza a Fahima Rahimi, militante feminista de Balj.

"Hemos perdido confianza en nuestro Gobierno, totalmente corrupto", dice Rahimi.

"Autores de crímenes similares fueron liberados en el pasado tras sobornar a la policía o al fiscal", acusó Rahimi.

Más de 15 años después del fin del régimen de los talibanes, los maridos afganos autores de violencia contra las mujeres casi nunca son detenidos.

En enero de 2016, un hombre había cortado la nariz de su esposa, Reza Gul, después de una disputa en la provincia de Faryab (norte), y se había ido a una zona controlada por los talibanes para no ser detenido.

En 2016, en la provincia de Ghor (centro), un hombre quemó a su esposa de 14 años, que estaba embarazada.

La ley afgana prohíbe oficialmente el casamiento de las mujeres antes de los 16 años, pero la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Afganistán (AIHRC) registró 235 casamientos precoces en 2015.

Desde 2014, el Parlamento afgano ha adoptado leyes que protegen a las mujeres contra los abusos, pero los decretos de aplicación todavían no se ha publicado.

Zarina quiere divorciarse. "No quiero vivir más con él, quiero divorciarme y que vaya preso", dice en su lecho de hospital.

Además, quiere tratarse en el exterior, como Reza Gul el año pasado.

"Me dirigio a los comerciantes y, si nadie me quiere ayudar, le imploro a los responsables afganos que organicen mi tratamiento en el exterior", dice.

AFP