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Alcanzar la cima, más que un reto, una vocación en Suiza

Evelyn Bisnack, de 34 años, se convierte en la primera suiza que conquista el Everest.

(swissinfo.ch)

La alpinista y piloto de helicóptero bernesa Evelyn Bisnack acaba de confirmarlo al convertirse en la primera mujer suiza que asciende hasta lo más alto del Everest (8.848 metros) en el techo del mundo. La proeza pudo ser coronada tras esperar varios días a que mejoren las condiciones climáticas en el Himalaya.

"El Monte Everest es lo más exigente para el cuerpo humano. La sopresiva deterioración del clima o la aparición de algo imprevisto confrontan a uno con la posibilidad de la muerte. El cuerpo humano no tiene la estructura para soportar la vida a 8.848 metros sobre el nivel del mar", declaró a swissinfo el aplinista Bernhard Fahnder refiriéndose a la memorable página escrita por Evelyne Binsack, cuyo ascenso al Everest fue seguido de cerca por la televisión.

La hazaña de la montañista se produce apenas unos días después de que un equipo de científicos italo-argentinos realizó la proeza de medir con la exactitud de la tecnología suiza, el pico más alto de América, el Aconcagua, cuya cumbre, a la sazón, fue dominada por un helvético, Mathias Zurbriggen.

Aquella primera escalada hasta la cúspide del gigante andino, ubicado en la provincia argentina de Mendoza, muy cerca de la frontera con Chile, tuvo lugar en 1897, fecha que marca un hito en el historial de miles de intrépidos que han decidido, con éxito o en vano, medirse con el "Centinela de Piedra".

Oriundo del poblado de Saas Fee, en el cantón del Valais, Zurbriggen aprendió desde temprana edad a ganarse el pan en un taller de herrería. Empero, al entrar en la segunda década de su vida, el joven decidió cambiar la fragua y el martillo por el "alpenstock" y acudió al llamado de la montaña.

Empezó entonces una nueva etapa de su vida que lo llevaría por los escarpados vericuetos de un mundo de desafíos. Anduvo y desanduvo la cadena del Monte Rosa hasta desentrañar sus secretos para compartirlos con los turistas que confiaron en su bastón de guía de las alturas.

Alemanes, ingleses, franceses, italianos, siguieron sus pasos por los Alpes. Unas doce veces ascendió los 4.808 metros del mítico Mont Blanc en el que en alguna ocasión permaneció por espacio de ocho días a despecho de una temperatura inferior a los16 grados centígrados.

En 1891 formó parte de la expedición encabezada por sir M. Conway, que, por orden del gobierno británico, se encargó de buscar en la montaña un camino que en caso necesario permitiera a las tropas inglesas detener el paso de las fuerzas rusas. La aventura se prolongó hasta 14 meses.

Las notas de su bitácora de idas y venidas por ese destino suyo en plano inclinado incluyeron luego las montañas de Nueva Zelanda y, años más tarde lo condujeron hasta el cono sur del Continente Americano en lo que ahora es el Parque Provincial Aconcagua, otrora tierra aymara y araucana.

La región del Aconcagua, que en 1818 logró un sitio en la fama con el cruce del general Don José de San Martín en su afanosa búsqueda de la independencia chilena, se convirtió en el escenario en donde Zurbriggen inscribió su nombre en los anales de la historia:

Al filo de las 16:45 horas del 14 de enero de 1897, Mathias Zurbriggen había ascendido los 6,961.83 metros (ahora conocemos exactamente la medida de la proeza merced a la tecnología de la firma suiza Leica Geosystems) del Aconcahua, en cuya recta final la fatiga había vencido al jefe de la expedición, el inglés, Edward FitzGerald.

Marcela Aguila Rubín


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