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Amnistía Internacional critica de nuevo a Suiza

(swissinfo.ch)

En el capítulo sobre Suiza, el informe anual de Amnistía Internacional repite la misma crítica. El año pasado, Amnistía mostraba con el dedo los métodos, a veces peligrosos, de algunos policías durante detenciones o expulsiones de ciudadanos extranjeros. Lo mismo señala el informe 2001, que acaba de publicarse.

"Nuevas alegaciones hablan de malos tratos infligidos a sospechosos de derecho común por policías, así como contra ciudadanos de otros países durante su expulsión forzada. Algunas investigaciones, realizadas por las autoridades sobre alegaciones de ese tipo, no dieron resultados satisfactorios".

Así comienzan las dos páginas y media consagradas a Suiza, de las 450 que contiene el informe 2001 de Amnistía Internacional. Esta organización de defensa de los derechos humanos señala también que las brutalidades policiales en cuestión están acompañadas a menudo por injurias racistas en los casos de personas de origen no europeo.

El informe hace especialmente referencia a tres casos precisos, todos originarios del África negra: un ganeano con pasaporte suizo y un estudiante angolés, maltratados durante controles de la policía, y un camerunés duramente golpeado durante su expulsión. Las violencias denunciadas habrían sido realizadas por policías de Ginebra y de Zúrich.

Amnistía Internacional recuerda, de paso, que la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia había recomendado oficialmente a Suiza, el año pasado, que creara "un organismo independiente habilitado para realizar investigaciones sobre alegaciones de malos tratos por parte de la policía". Propone además una formación más sistemática de la policía sobre el racismo y la discriminación.

¿Será que los suizos no leen los informes de Amnitía Internacional? "No solamente los leen, responde Catherine Morand, de la sección nacional de la organización, sino que además, durante todo el año, ha habido intercambio de cartas en las que hacemos preguntas precisas, que las autoridades cantonales tienen que responder y... responden. De un año a otro se notan algunos cambios positivos, pero es aplicando una política de pequeños pasos".

Hay sin embargo una nota falsa en las negociaciones del día a día: las autoridades zuriquesas no quieren entregar a la organización un ejemplar de las directivas internas u otras instrucciones escritas dadas a los policías sobre la manera cómo tratar a los detenidos durante las expulsiones forzosas.

Dicho lo anterior, este nuevo informe anual de Amnistía Internacional, que coincide con su 40 aniversario, muestra bien que las violaciones de los derechos humanos a través del mundo no son exclusivamente resultado de acciones de la fuerza pública o de grupos paramilitares. A menudo, los primeros responsables de la violencia se cuentan entre las personas cercanas a las víctimas, las que pertenecen a su propia comunidad o incluso entre sus empleados.

Amnistía Internacional denuncia también la hipocresía de numerosos Estados que dicen estar obligados, a pesar de ellos mismos, a adoptar políticas que ponen en causa los derechos económicos, sociales y culturales. Pero eso es falso, responde la organización que, en el curso de los próximos años, piensa ampliar su acción para una mejor defensa de los derechos humanos amenazados por la mundialización.

Bernard Weissbrodt. Ginebra


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