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En la foto, la canciller alemana Angela Merkel, el presidente estadounidense Donald Trump y el mandatario francés Emmanuel Macron durante la cumbre de la cumbre del G-7 en Taormina, Italia. REUTERS/Alessandro Bianchi. En Sicilia, Donald Trump escuchó atentamente los complejos debates del G-7 sobre comercio y cambio climático, sonrió ante las cámaras y se abstuvo en gran medida de enviar tuits provocativos. En Bruselas, no obstante, criticó a los socios de la OTAN por no gastar más en defensa, empujó al primer ministro de Montenegro y reanudó sus ataques contra el superávit comercial de Alemania con Estados Unidos. Los aliados de Estados Unidos fueron testigos de las dos caras de Trump en su primer viaje al extranjero como presidente, una gira de nueve días que comenzó con un baile de espadas en Arabia Saudita y vagas promesas en Israel de llevar la paz a Oriente Medio.

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Por Noah Barkin

TAORMINA, Italia, 28 mayo (Reuters) - En Sicilia, Donald Trump escuchó atentamente los complejos debates del G-7 sobre comercio y cambio climático, sonrió ante las cámaras y se abstuvo en gran medida de enviar tuits provocativos.

En Bruselas, no obstante, criticó a los socios de la OTAN por no gastar más en defensa, empujó al primer ministro de Montenegro y reanudó sus ataques contra el superávit comercial de Alemania con Estados Unidos.

Los aliados de Estados Unidos fueron testigos de las dos caras de Trump en su primer viaje al extranjero como presidente, una gira de nueve días que comenzó con un baile de espadas en Arabia Saudita y vagas promesas en Israel de llevar la paz a Oriente Medio.

Mientras Trump se dirigía de vuelta a casa, los líderes europeos se quedaban con sentimientos encontrados: alivio por la paciencia que mostró al escuchar sus argumentos e inquietud por una figura a lo Jekyll y Hyde que aún trata de encontrar su propio estilo en los grandes asuntos políticos.

"Todo encaja con su visión estratégica de ambigüedad en la vida", dijo Julianne Smith del Centro para una Nueva Seguridad Americana. "Puede hacer maravillas cuando se trata de adversarios, pero no funciona cuando se trata de aliados", añadió.

Otros líderes del G-7 llegaron con temor a la cumbre celebrada en un hotel ubicado en lo alto de un acantilado con vistas al Mediterráneo luego de cuatro reuniones previas que no lograron despejar las diferencias con el Gobierno de Trump sobre relaciones comerciales, los vínculos con Rusia y el cambio climático.

Al final, según funcionarios, el resultado fue mejor de lo esperado.

El comunicado final del G-7 reconoció una división entre Estados Unidos y sus seis socios en lo relacionado con el cumplimiento del acuerdo de París de 2015 sobre cambio climático. Sin embargo, en cuestiones comerciales Trump se inclinó ante la presión de los aliados para mantener una promesa de luchar contra el proteccionismo.

Y en cuanto a Rusia, no insistió en eliminar -como algunos aliados habían temido- la amenaza de sanciones adicionales por la intervención de Moscú en Ucrania.

"Lo encontré muy dispuesto a participar, muy curioso, con capacidad y ganas de hacer preguntas y aprender de todos sus interlocutores", dijo el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, anfitrión de la cumbre del G-7.

EL "DESASTRE" DE LA OTAN

Las críticas más duras contra Trump se reservaron para la aparición del mandatario en la sede de la OTAN en Bruselas, que fue calificada como un "desastre" por más de un funcionario europeo.

Mientras los líderes de los países socios de la OTAN permanecían detrás de él como colegiales, Trump los reprendió por no gastar más en defensa y repitió la acusación de que algunos miembros debían "grandes cantidades de dinero", a pesar de que las contribuciones de los países aliados son voluntarias.

La aparición de Trump en Bruselas fue particularmente dolorosa para los alemanes, que después de meses de estrechos contactos con el presidente estadounidense -entre ellos la invitación de Merkel a su hija Ivanka para participar en una cumbre femenina del G-20 en Berlín- se vieron atacados por él.

Antes de dirigirse a la OTAN, Trump criticó el superávit comercial de Alemania en una reunión privada con altos cargos de la Unión Europea.

"Si Trump realmente quiere ir por el camino de aislamiento, solo acelerará el ascenso de China a la cima", sostuvo un alto funcionario alemán.

Daniela Schwarzer, directora de investigación del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores en Berlín, dijo que la gira había confirmado la visión de Trump de que para que unos ganen otros deben perder en el marco internacional y su idea de que las relaciones han de ser mutuamente beneficiosas.

"Su retórica y sus acciones sugieren que no considera una prioridad construir buenas relaciones estrechas con aliados que hasta ahora Estados Unidos había considerado como los más importantes", dijo Schwarzer.

(Editado en español por Tomás Cobos y Rodrigo Charme)

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Reuters