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Antonio Tàpies y el desafío de las formas

Antonio Tàpies: 'Dos collages sobre papel negre' (2004). 

(Galería Lelong, Zúrich)

En varios museos de España, Brasil, Japón y México se reconoce y se honra a este maestro catalán en sus 50 años de creación artística, una de las grandes aportaciones al mundo del arte contemporáneo.

La Galería Lelong de Zúrich acaba de presentar una retrospectiva especial consagrada a los últimos trabajos del artista español.

Nacido en Barcelona en 1923, Antonio Tàpies tuvo una sólida educación y formación política que le permitió cuestionar el arte descriptivo y monumental del realismo socialista de los años 20, en el que se exaltaba la política estalinista que había llegado al poder en la Unión Soviética.

Lector de pensadores como Sartre y Heidegger, pero también seguidor de la filosofía oriental, Tàpies ha considerado sus creaciones como una búsqueda hacia una expresión profundamente personal, sin dejar de lado la política.

El salto a la no figuración

Hacia 1951 el artista se instala en París, ciudad que le facilitó ampliar su campo intelectual y encontrarse con otras personalidades de la vanguardia, como Picasso, pero, sobre todo, descubrir un estilo propio.

A partir de entonces la obra del español se ha encaminado a experimentar en el plano de lo ambiguo, lo amorfo y lo inacabado. Su interés por el mundo de lo orgánico ha hecho que sus composiciones se emparienten con las del suizo Dubuffet y las del francés Fautrier.

Puede decirse que la materia en el estado puro es una de sus principales preocupaciones. Ella es el verdadero soporte de su investigación para crear texturas sorprendentes hechas con tierra, arena, mármol, hormigón, madera, goma espuma, barniz, papel, cartón e incluso lava volcánica.

El pensamiento estético de Antonio Tàpies es el resultado de su postura frente al mundo de las formas, en el que se revela las huellas de una humanidad tanto espiritual como corporal; de ahí su fascinación por el cuerpo mismo de la materia y las posibilidades infinitas que ofrece.

Los títulos de muchos de los trabajos presentados en la Galería Lelong de Zúrich dan testimonio de su pasión por la materia, como Composición en tierra (2003) Ondulación ocre (2003) y Ensamblado en madera (2004).

El color en muchas de estas composiciones parece haber desaparecido, no obstante, el dramatismo del negro le da a estos trabajos una presencia absoluta, como si la ausencia de color procediera de un sentimiento místico, imposible de definir.

El muro tapiado de Tàpies

Una de los temas que definen mejor el quehacer del artista español son sus
muros viejos, deslavados y como abandonados a la intemperie sobre los que aparecen unos graffiti, una palabra o varios garabatos.

Estos muros rugosos y tapiados, así como las estelas y puertas que levanta son uno de los rasgos característicos que distinguen la producción del autor.

Sobre ellos se ven las huellas dejadas por los pies, los brazos o las manos, pero también encontramos signos o palabras que como marcas o gestos perduran a pesar del tiempo.

Estas marcas sobre los muros son, en cierto modo, recuerdos del maestro catalán sobre la Guerra Civil española; lucha sangrienta que estalló cuando éste tenía 13 años de edad, y que lo marcaría para siempre.

La cruz es uno de los signos que surgen con frecuencia sobre las puertas, los cubos de tierra o los muros deslavados de Antonio Tàpies.

Él aclara que estas marcas son como "objetos de poder" que guardan una fuerza misteriosa, cósmica, carismática, y cuya función no es describir, al contrario, es conseguir que el espectador abra sus ojos al misterio de la más profunda Realidad.

La cruz, en efecto, guarda una universalidad innegable. El cristianismo ha sabido apropiarse con gran fuerza y profundidad de este símbolo.

Aunque también la cruz puede ser una imagen de lo desconocido, un signo para indicar una coordenada espacial o para tachar una figura, un símbolo matemático, una marca de un territorio, e incluso es la firma de los analfabetos.

Tàpies en Suiza

En Suiza el artista barcelonés dejó la huella inconfundible de su arte, cuando trabajó en 1962 durante un mes en la creación de un mural para la nueva Universidad de San Gall. Ese mismo año el Museo de Arte de Zúrich (Kunsthaus) le consagró una exposición retrospectiva.

En 1970 Tàpies sigue experimentando con nuevas técnicas de ensamblado y trabaja en un mural para el nuevo teatro de la ciudad de San Gall.

Los premios y reconocimientos en el ámbito internacional han sido numerosos. En 1981 recibe del rey Juan Carlos la Medalla de Oro de Bellas Artes y es nombrado Doctor Honoris Causa por diferentes universidades (Universidad de Barcelona, Universidad de Palma de Mallorca o el Royal College of Art, entre otras).

En 1990 se le otorga el Premio Príncipe de Asturias y en 2003 se le concede el Premio Velázquez de las Artes Plásticas.

swissinfo, Araceli Rico, Zúrich


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