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Bicicletas: trabajo en Berna, movilidad en África

De Suiza a Africa, donde las bicicletas recicladas tienen una gran utilidad. 

(Drahtesel)

En Suiza unas 100.000 bicicletas terminan cada año en los deshechos. Los desempleados del proyecto Drahtesel reciclan unas 7.000 y las envían a África.

Las bicicletas, que han permitido a los parados en Suiza reinsertarse en el mundo laboral, en África llevarán a los niños a los colegios y a los adultos al mercado.

¿Quién no recuerda el filme El ladrón de bicicletas, una de las obras cumbre del neorrealismo italiano? Ambientada en la Italia de la posguerra, la cinta narra la historia de un desempleado que encuentra un trabajo como cartelero, pero mientras cuelga el primer manifiesto un ladrón le roba la bicicleta, por lo que pierde el empleo. Así comienza un largo recorrido por Roma en busca del objeto perdido.

Ha transcurrido más de medio siglo desde que se rodó la película de Vittorio de Sica, que convierte a la bicicleta en un emblema de movilidad y rescate social. Y, sin embargo, todavía hoy el burro de metalDrahtesel como se denomina de forma burlesca en alemán a la bicicleta– constituye un rayo de esperanza para los desempleados y los pobres.

Así ocurre en la periferia de Berna, donde el taller Drahtesel emplea a una sesentena de parados. Se ocupan de reparar las bicicletas que en Suiza nadie quiere para enviarlas a África, donde la demanda de medios de transporte robustos y económicos es enorme.

Versatilidad

"Una bicicleta nunca muere", afirma sonriente Marc Zumsteg, uno de los responsables del proyecto Drahtesel. "Cuando una bicicleta ya no es utilizable, se pueden reciclar todas las piezas", agrega.

Del techo del taller pende un sinfín de ruedas, en una esquina se encuentran los bastidores, sillines y neumáticos - alguien se está montando una bicicleta personal que tiene la forma de una Harley-Davison – en una mesa están expuestas las piezas recuperadas de las bicicletas inutilizables: manillares, linternas, portallaves.... "Queríamos ofrecer también un puesto de trabajo que fuera creativo", explica Zumsteg.

Reciclaje y reinserción laboral

En el Drahtesel las bicicletas son ante todo "un óptimo vehículo para el trabajo de integración". En el centro del proyecto, que nació en 1993 de la idea del asistente social Paolo Richter, está el ser humano. "Nuestro objetivo no es formar a un centenar de mecánicos de bicicletas, sino ayudar a los desempleados de larga duración a retomar contacto con el mundo del trabajo, a tener una jornada estructurada", explica Zumsteg.

Son las oficinas de desempleo y el servicio cantonal de empleo de Berna quienes envían a las personas al taller Drahtesel. Pero el centro no acoge únicamente a desempleados. "Es un grupo muy heterogéneo", subraya Zumsteg. "Tenemos chicos jóvenes que no han logrado concluir su aprendizaje, emigrantes que a menudo carecen de formación profesional y que además tienen problemas lingüísticos, personas con problemas de dependencia o que están a un paso de la jubilación y a las que les es sumamente difícil encontrar un puesto de trabajo."

Un trabajo que motiva

Muchos de quienes trabajan en el Drahtesel tienen también preocupaciones familiares, psicológicas o financieras. De ahí la importancia fundamental de los asistentes sociales que establecen con cada nuevo llegado los objetivos que deben alcanzar durante los meses que permanezcan en el taller (entre tres y doce meses).

La estrategia ha dado frutos: después de la experiencia en el Drahtesel, entre el 30% y el 60% de los participantes encuentra trabajo, un índice de reinserción muy elevada en comparación con el de otros proyectos similares.

"Hay gente que se va de aquí con las lágrimas en los ojos", cuenta Zumsteg. "Claro, para algunos es simplemente una obligación, pero para la gran mayoría es un periodo positivo. La bicicleta es un objeto que suscita simpatía. A ello se suma que se trata de un trabajo útil, lo cual incrementa la motivación: en África se necesitan nuestras bicicletas."

Comercio equitativo

Antes de partir rumbo a África, sobre todo a Burkina Faso, se desmontan las bicicletas. "Esto nos permite enviar el doble y reducir así los costes de transporte", señala Zumsteg. Sin contar que de esta manera se crean nuevos puestos de trabajo.

"No regalamos las bicicletas", puntualiza. "Lo que hacemos es una especie de comercio equitativo que en este caso tiene una dirección inversa, del Norte al Sur. Nuestros socios africanos asumen los costes de transporte, cerca de 10 francos por bicicleta, y los gastos que no podemos financiar a través del proyecto de la oficina de desempleo."

La cooperación africana es una prueba del interés que existe por las bicicletas provenientes de Suiza. No se trata de utilizar a África como basurero de los deshechos occidentales. "Yo viví en África y estoy convencido de que estamos haciendo algo sensato", concluye Zumsteg. "La calidad de una bicicleta suiza con 20 años encima sigue siendo mejor que la de una bicicleta nueva, producida a precios mínimos en China o India. Basta con utilizarlas seis meses en las carreteras africanas para darse cuenta de ello."

swissinfo, Doris Lucini, Liebefeld (Berna)
(Traducción del italiano: Belén Couceiro)

Datos clave

1993: nace el proyecto Drahtesel de Liebefeld, en las afueras de Berna
El proyecto está dirigido a gente sin trabajo y a personas que por diferentes motivos no encuentran empleo
50 puestos de trabajo a tiempo completo
Contratación: de tres a doce meses
Índice de reinserción en el mercado laboral: entre el 30% y el 60%
En el 2004 se enviaron unas 7.000 bicicletas a África

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Contexto

El taller Drahtesel recicla bicicletas suizas que terminan en la basura y las vende a precios equitativos en África, donde existe una gran demanda.

El proyecto crea empleos y puestos de formación tanto en Liebefeld como en África, donde se necesitan mecánicos para remontar las bicicletas.

Asimismo promueve la movilidad a bajo coste, ecológica e independiente de la industria petrolera.

Drahtesel cuenta con el apoyo de la Fundación para la Innovación Social del cantón de Berna.

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