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Puede que usted ya esté viviendo en una ciudad inteligente

La ciudad suiza de Winterthur trabaja para reducir su consumo de energía. Keystone / Luca Zanier

¿Una farola rota? Se notifica a través de una aplicación móvil. ¿Enfermedades en los árboles del bosque urbano? Se envía un dron para comprobar los daños. ¿Cantidad de camiones de reparto atascados en el centro de la ciudad? Pues se construye un centro logístico de última milla con bicicletas y vehículos electrónicos.

Este contenido fue publicado el 18 octubre 2020 - 10:02

La idea de que las ciudades utilicen la tecnología para mejorar la vida de sus habitantes gana fuerza a nivel mundial. Y ciudades como Barcelona, Copenhague y Singapur ocupan un lugar destacado en las clasificaciones de ciudades inteligentes [el concepto de ciudades inteligentes es la traducción y adaptación del término inglés smart cities]. Entre ellas se encuentran también Zúrich y Ginebra, así como otras ciudades suizas más modestas como Winterthur.

Para Winterthur, a media hora en tren al norte de Zúrich, ser inteligente está relacionado con la sostenibilidad.

¿Qué significa ser una ciudad inteligente?

Como indica el Índice de Ciudades Inteligentes del IMDEnlace externo [una de las escuelas de negocios más renombradas del mundo], las ciudades inteligentes “encierran algunas de las mayores esperanzas de la humanidad a través de la promesa de aprovechar la tecnología para mejorar la vida y la armonía social; para algunos, sin embargo, podrían encarnar los temores de ‘vidas controladas’ en algún tipo de panóptico gobernado por la inteligencia artificial y los dispositivos automatizados”.

Según su clasificación de 2019 tras analizar el desempeño de 102 ciudades, las 10 ciudades más inteligentes son Singapur (1ª), Zúrich (2ª), Oslo (3ª), Ginebra (4ª), Copenhague (5ª), Auckland (6ª), Taipéi (7ª), Helsinki (8ª), Bilbao (9ª) y Dusseldorf (10ª).

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Con el apoyo de la Oficina Federal de la Energía (OFEN) de Suiza, Winterthur analizó sus patrones de uso energético y para esta ciudad de unos 115 000 habitantes reducir su consumo es un objetivo clave.

“Hemos desarrollado una aplicación que ofrece a los hogares información para que puedan seguirla y reducir su consumo”, revela Vicente Carabias, jefe de la unidad de ciudad inteligente de Winterthur y profesor de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Zúrich (ZHAW). En una fase piloto del Proyecto de Energía Social, los hogares participantes vieron cómo la energía utilizada disminuía en más de un 8%. “Ahora estamos entrando en la segunda fase, donde también estamos en una especie de competencia con otras ciudades”, cuenta Vicente Carabias.

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Luces verdes

Winterthur también ha sido el escenario elegido para celebrar, a principios de septiembre, el Simposio de Economía Verde de este año (SGES2020Enlace externo). El evento ha puesto el foco en las ciudades inteligentes.

En los Países Bajos, país socio del SGES2020, el Amsterdam Logistic Cityhub, para el año 2022, quiere racionalizar y descarbonizar el flujo de mercancías en el centro de la ciudad. Reemplazar las furgonetas de reparto por barcos electrónicos y así aprovechar las extensas vías fluviales de la ciudad es una de las ideas contempladas.

Gracias a aplicaciones de teléfono probadas por niños y ancianos, la localidad holandesa de Bolduque [capital de la provincia de Brabante Septentrional, 's-Hertogenbosch, en neerlandés] quiere convertirse en una ciudad ciclista a prueba de futuro.

Utilizar datos significa que los ciclistas nunca tienen que detenerse en un semáforo en rojo, dice el alcalde de Bolduque, Jack Mikkers, refiriéndose a una aplicación de teléfono que notifica a los semáforos cuándo se acercan las bicis. Winterthur también espera mejorar sus infraestructuras a través de una aplicación que registra el movimiento de ciclistas y peatones, pero cuyos datos personales son anónimos.   

Control de datos

Monitorear el tráfico de peatones en tiempo real –y usar los datos para visualizar la densidad humana durante la pandemia de coronavirus– es algo en lo que tiene experiencia la firma holandesa Argaleo. La empresa trabaja con datos de manera anónima para que resulte imposible saber quién es quién, tal y como explica el dueño de la empresa, Jeroen Steenbakkers.       

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Otra idea para recopilar datos en la calle es una “caja inteligente” colocada sobre el techo de un vehículo para registrar información relativa a cuestiones como la calidad del aire, la contaminación lumínica y la eficiencia de los edificios.

“Se podría utilizar un camión de basura que pase por todas las calles”, apunta Jean-Pierre Morelli, jefe de desarrollo de negocios de ENGIE Services, proveedor de soluciones de energía con bajas emisiones de carbono y que ha colaborado con la Universidad de Ciencias Aplicadas de Lucerna en el concepto de la caja inteligente.

Bicicletas de reparto: una forma práctica de entregar mercancías en las ciudades. En la foto, Basilea y su principal estación de ferrocarriles. Keystone / Christian Beutler

Midiendo la inteligencia

“Creo que todas las ciudades se están volviendo inteligentes. Sin duda, nadie quiere ser una ciudad tonta”, bromea Mikkers, señalando que Bolduque en los Países Bajos está orgullosa de su primera universidad de datos, la Academia de Ciencias de Datos Jheronimus [Bosch].

Las clasificaciones –que para Carabias, profesor de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Zúrich, son inspiradoras– son una forma de que las ciudades vean cómo se desenvuelven. “La competencia siempre te ayuda a ser más innovador. Si tu ciudad está por detrás de otra, puedes mirar a las otras para ver qué hacen mejor. ¿Podrías adoptar algunas de sus actividades o medidas?”, pregunta Carabias.

Inteligencia suiza

Este año, casi la mitad de las ciudades helvéticas han participado en la primera Encuesta sobre Ciudades Inteligentes de SuizaEnlace externo, y de ellas el 46% estaban dispuestas a que sus resultados fueran evaluados de manera individual. También pueden encontrar compañeros con ideas afines en la asociación suiza Smart City HubEnlace externo. Fundada en 2018, en la actualidad cuenta con 13 miembros municipales, así como con la compañía de correos La Poste, los Ferrocarriles Federales Suizos y Swisscom. Otro grupo es la SmartCity AllianceEnlace externo, que agrupa a más de 50 miembros empresariales. 

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Sin embargo, las clasificaciones tienden a centrarse en las grandes ciudades, que, por lo general, tienen más recursos para desarrollar estrategias. Por eso, como parte de su tesis de máster en la Universidad de Ciencias Aplicadas de Zúrich, Philipp Arnold decidió crear un índice apropiado para las ciudades pequeñas y medianas. Este índice se basa en las áreas que el estratega urbano y climático estadounidense Boyd Cohen define en la rueda de la ciudad inteligente: economía, medioambiente, gobierno, calidad de vida, movilidad y personas.

“El objetivo es que las ciudades puedan ver lo lejos que sus homólogas están en un área determinada, de modo que incluso puedan visitarlas y preguntarles cómo han llegado hasta allí”, explica Arnold, que en la SGES2020 obtuvo un premio por su trabajo.

Daniel Krebs, jefe de sostenibilidad de la empresa consultora suiza Bluehub, considera que el sentido de competencia también puede ser un obstáculo. “Hay gran cantidad de ego, cuando debería haber colaboración. Creo que podríamos lograr más si los municipios cooperaran más”, dice Krebs, sugiriendo que para ayudar a lograr los objetivos de una ciudad inteligente se necesitan regulaciones gubernamentales. 

Para Urs Meuli, de la Oficina Federal de la Energía, por su parte, debería tratarse de acciones voluntarias más que de regulaciones gubernamentales. Pero señala que para 2030 “el objetivo es que todas las ciudades se sumen” al programa nacional que apoya los esfuerzos municipales para ser inteligentes y también para encontrar su camino hacia la “Sociedad de los 2 000 vatios”, un concepto desarrollado por la Escuela Politécnica Federal de Zúrich. La idea es que todo el mundo limite su consumo de energía a 2 000 vatios por año (la media mundial). La media en Suiza es tres veces mayor.

Objetivo 11 de desarrollo sostenible de la ONU

Uno de los 17 Objetivos de Desarrollo SostenibleEnlace externo (ODS) de las Naciones Unidas se centra en las ciudades y las comunidades sostenibles.

Las ciudades ocupan el 3% de la superficie de la Tierra, pero representan entre el 60 y el 80% del consumo de energía y como mínimo el 70% de las emisiones de carbono, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

El rápido crecimiento de las ciudades (como resultado del aumento de la población y del incremento de la migración) ha provocado un auge de las megaciudades –sobre todo en el mundo en desarrollo– y los barrios marginales se están convirtiendo en una de las características más destacada de la vida urbana. 

“Hacer que las ciudades sean sostenibles significa crear oportunidades profesionales y de negocio, viviendas seguras y asequibles, y construir sociedades y economías resistentes. Implica invertir en el transporte público, crear espacios públicos verdes y mejorar la planificación y la gestión urbanas de manera participativa e inclusiva”, escribe el PNUD.

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El momento es ahora

Con crisis como el cambio climático y la COVID-19, muchos estarían de acuerdo en que ya es hora de que las ciudades se vuelvan inteligentes.

De conformidad con el Acuerdo de París de 2015, numerosos países, entre ellos Suiza, se han fijado como objetivo para 2050 cero emisiones netas. Mientras tanto, el Gobierno suizo quiere que para el año 2030 las emisiones de gases de efecto invernadero de la nación se reduzcan a la mitad, tal y como establece la ley federal de CO2.

Sin embargo, la nación alpina ya va con retraso. La Oficina Federal de Medioambiente ha informado de que probablemente este año Suiza no cumpla su objetivo de reducir en un 20% las emisiones respecto a las de 1990.  

Dondequiera que los países y las ciudades se encuentren en su camino hacia una mayor inteligencia y sostenibilidad, la embajadora holandesa en Suiza, Hedda Samson, destaca la importancia de compartir las mejores prácticas y disyuntivas. “Necesitamos una recuperación ecológica. Esta es una oportunidad única en la vida y tenemos que reconstruir mejor”, aclara.

Traducción del inglés: Lupe Calvo

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