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FuturICT La ciencia de los sistemas sociales no es para hoy

Dirk Helbing está convencido de que los las redes de información un día serán un sistema nervioso planetario.

Dirk Helbing está convencido de que los las redes de información un día serán un sistema nervioso planetario.

Hace un año, FuturICT estuvo a punto de conseguir la mayor subvención acordada por Bruselas a un proyecto científico. Hoy, en Zúrich como en Londres, se sigue pensando que los datos informáticos pueden –y deben–revolucionar nuestros conocimientos de la sociedad y de la economía.

“FuturICT se adelantó a su tiempo. Era la idea más novedosa, pues los dos ganadores del concurso FET Flagships tienen una larga historia: un Premio Nobel en el caso de Graphene y casi diez años de investigación en el de Human Brain. Considerando todo esto, nuestro proyecto cosechó un enorme éxito”. Dirk Helbing, de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (EPFZ), físico convertido a la sociología y uno de los promotores de FuturICT, se muestra positivo.

Un año después (3/3)

Enero de 2013: La Comisión Europea anuncia los resultados del concurso FET Flagships, proyectos científicos de gran impacto que se financian con fondos públicos por valor de 1.000 millones de euros.

Tres de los finalistas son suizos. Uno gana, los otros dos quedan descartados. Un año después, swissinfo.ch hace balance de la situación.

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Su compañero, Steven Bishop, matemático en el University College London, parece haber encajado mal el golpe. “Fue como una puñalada en el corazón. Me sentí muy culpable de no haber sido capaz de transmitir un mensaje más claro, de no haber sabido convencer”, confiesa el profesor.

“Acelerador del saber”

Es verdad, no resulta fácil relatar en qué consiste FuturICT. El título es un juego de palabras entre futurista e ICT, sigla en inglés de tecnologías de la información y comunicación (TIC). La idea de base reside en que el mundo nunca ha producido y elaborado tantos datos como en la era digital. ¿Por qué no utilizarlos entonces para mejorar nuestros conocimientos sobre la sociedad y la economía?

El proyecto descrito como un “acelerador del saber” aspiraba nada menos que a crear un “simulador de la Tierra viva”, alimentado por un “sistema nervioso planetario” digital y, además, solicitaba el compromiso y control de los ciudadanos a través de una “plataforma participativa global”.

“La primera cosa que acaparó la atención de la prensa fue la problemática de la protección de datos y de la privacidad”, lamenta Steven Bishop. “No obstante, éramos plenamente conscientes de las implicaciones éticas y, de todos modos, hoy, nuestros datos ya están en manos de grandes empresas. Aun así los medios se aferraron a este aspecto. Pero al tratarse de un proyecto abierto, participativo y transparente, todo el mundo tiene más control y habría menos problemas respecto al día de hoy”.

En efecto, FuturICT quería mantenerse lejos de la vigilancia digital que practica la NSA y otras agencias de inteligencia y de la recopilación sistemática de datos con meros fines comerciales por parte de Google u otras empresas.

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El acelerador del saber (en inglés)

FuturICT

Ni una sola bola de cristal

¿Será que FuturICT pecó de exceso de ambición? En diciembre de 2011, el filósofo y experto en Internet David Weinberger describía el proyecto en la revista Scientific American como “la máquina que predecirá el futuro: si ustedes depositan todos los datos del mundo en una caja negra, esta podría transformarse en una bola de cristal que les permitiría ver el futuro.

Una idea que acariciaron los deterministas en los siglos XVIII y XIX y que el escritor de ciencia ficción Isaac Asimov exploró en el siglo XX. En la serie Fundación, inventó la psicohistoria, ciencia que permite calcular las probabilidades de diferentes futuros posibles.

La referencia arranca una sonrisa a Dirk Helbing. Aunque admira el talento de Asimov, científico convertido a la literatura, el sociólogo niega que su intención sea hacer previsible el futuro.

“No nos imaginamos que la sociedad y la economía puedan funcionar de manera determinista, tampoco es deseable. Nuestro proyecto se asemejaría más a las previsiones del tiempo. Sabemos que no son fiables a largo plazo, sino solo para unos días y con un margen de probabilidad. No podemos eliminar totalmente la casualidad, forma parte del sistema. Y en el sistema social el nivel aleatorio es especialmente elevado”.

Votación sobre inmigración

El 9 de febrero, los suizos aprobaron en referéndum la iniciativa popular que pretende reestablecer cupos para restringir la inmigración.

El Gobierno prevé elaborar el proyecto de ley correspondiente de aquí a fines de año. De momento ha decidido no firmar con Croacia el acuerdo para ampliar la libre circulación de personas a este nuevo miembro de la Unión Europea.

Tras la negativa de Berna, Bruselas ha decidido congelar las negociaciones sobre la participación de Suiza en los programas Horizon 2020(investigación científica) y Erasmus+ (intercambio de estudiantes), entre otros.

Las entidades suizas no pueden participar como país asociado en propuestas de Horizon 2020, por lo que no recibirán automáticamente financiación de la UE cuando las propuestas resulten aprobadas ni contarán para el número mínimo de participantes.

En otras palabras: Los investigadores suizos corren el riesgo de ser excluidos de proyectos financiados por un total de 80.000 millones de euros.

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Intifada y cambio climático

Dirk Helbing cita como ejemplo un estudio conjunto que llevaron a cabo su equipo, el Instituto de Altos Estudios Internacionales y Desarrollo de Ginebra y la Universidad Hebrea de Jerusalén sobre la violencia en la Ciudad Santa entre 2001 y 2009. Conclusión: la mayor probabilidad para reducir la violencia es recuperar las fronteras de 1967 y volver a una separación estricta de las zonas judías y palestinas. Una perspectiva deprimente para quienes sueñan con una reconciliación, pero probablemente realista…

En un campo completamente distinto, el sociólogo de la EPFZ piensa en nuevos modelos participativos de abajo arriba para combatir el cambio climático. “La mayoría de CO2 se produce en las zonas urbanas, donde vive la mayor parte de la población mundial. Deberíamos considerar a esa gente como los agentes del cambio. Las ciudades, como Zúrich, que quieren alcanzar una sociedad a 2000 vatios deberían formar una alianza e intentar conseguirlo juntos, aprendiendo unas de otras, sostiene Dirk Helbing. Y la plataforma participativa global de FuturICT también serviría para ese fin”.

(UCL)

Un proyecto vivo

Aunque los fondos de la UE no fueron para su proyecto, Steven Bishop está convencido de que un día existirá un simulador de la Tierra. “El Gobierno británico intenta montar uno para los transportes. Nosotros pretendíamos incluir otros aspectos, como la salud y la energía. En los últimos tiempos varios colaboradores de FuturICT han publicado excelentes trabajos, lo cual me deprime aún más, porque hubiera preferido coordinar e integrar esas actividades”.

Los dos profesores deploran que Europa haya dejado correr una gran oportunidad. Dirk Helbing no descarta que un día el famoso simulador se haga en Estados Unidos, China, Japón o Rusia.

Pese a ello, el sociólogo y autor de una columna sobre los desafíos de la sociedad de la información en el diario Neue Zürcher Zeitung no cree que FuturICT sea un proyecto enterrado. “Disponemos de una comunidad mundial que abarca más de 25 países. Rebosan de entusiasmo, el interés de los medios no ha bajado y la gente nos sigue en Facebook y Twitter. Nuestras páginas web registran más visitas que las de Graphene y Human Brain Project, lo cual dice mucho, a mi juicio”.

Un alto precio

Pero todo esto no vale los 1.000 millones de euros que esperaban conseguir. Como subraya Dirk Helbing, “no hay instrumento de financiación que nos permita proseguir la gran visión de FuturICT”. Los investigadores tendrán que conformarse con los próximos programas marco de la Unión Europea, menos cuantiosos, y subvenciones nacionales, tanto públicas como privadas.

En Bruselas, Daniel Pasini, jefe del programa FET Flagships, asegura que los cuatro finalistas que no alcanzaron el podio no caerán en el olvido: “Estos proyectos contienen cosas muy valiosas y muchos Estados miembros evalúan ahora cómo respaldar algunas de estas actividades”.

“Se invierten grandes sumas en la física de partículas, la fusión nuclear, la astrofísica, las biotecnologías, el genoma humano… Y miles de millones en el sistema financiero. Pero no en la comprensión de los sistemas socioeconómicos”, sentencia Dirk Helbing. “Creo que nuestra sociedad paga un precio elevado por la carencia de conocimientos sobre cómo funciona todo esto”.

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El sistema nervioso planetario

FuturICT

21 proyectos, dos seleccionados

Iniciativas de investigación “a gran escala, motivadas desde la ciencia y con una misión clara que pretenden alcanzar una meta tecnológica visionaria […], capaces de aportar beneficios importantes a la sociedad y a la industria europeas”. Lanzada en 2009, la iniciativa FET Flagships (buques insignia de tecnologías emergentes y futuras) de la Comisión Europea es el mayor programa de apoyo a la ciencia jamás visto en el continente. Se presentan 21 proyectos.

 

Seis finalistas reciben en mayo de 2011 un millón y medio de euros cada uno para pulir sus proyectos, entre ellos tres suizos.

 

A mediados de enero de 2012 se desvelan los últimos cuatro.  Entre ellos figuran los tres suizos: El Human Brain Project (HBP), que dirige la EPFL, propone modelos informáticos para simular el funcionamiento del cerebro humano; Guardian Angels, nueva generación de pequeños dispositivos electrónicos capaces de operar de forma autónoma y vigilar nuestra salud y muchas cosas más (EPFL-EPFZ); y FutureICT, iniciativa que quiere utilizar la masa de datos que produce la sociedad de la información para prever y prevenir las crisis (EPFZ-University College London).

 

Tras varias audiciones, el 28 de enero de 2013 se anuncian los dos ganadores: Human Brain Project y Graphene, material de futuro constituido por una sola capa de átomos de carbono y objeto de un programa de investigación y desarrollo que coordina la Alta Escuela Politécnica Chalmers de Gotemburgo, en Suecia.

Mil millones de euros para cada proyecto. No significa que los Politécnicos de Lausana y Charlmers recibirán cada uno mil millones. La UE garantiza aproximadamente la mitad de la suma; los programas marco de investigación, las universidades, los Estados y el sector privado tendrán que aportar el resto. Decenas de institutos y laboratorios se repartirán los fondos que se abonarán de forma escalonada sobre un periodo de diez años. Los Politécnicos de Lausana y Gotemburgo son cada uno centro de una vasta red.

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