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Las ciencias sociales y humanas, bajo presión



El Rolex Center de la EPFL de Lausana ofrece a los estudiantes espacios para el estudio y el encuentro.

El Rolex Center de la EPFL de Lausana ofrece a los estudiantes espacios para el estudio y el encuentro.

(Keystone)

El Ejecutivo decidió transferir los sectores de la investigación y de la formación del Ministerio del Interior al de Economía, medida apoyada por los círculos políticos. No obstante, los investigadores en ciencias sociales y humanidades temen por su independencia.

La formación es, junto con las fuentes de energía hidráulica, el único gran recurso de Suiza, se oye en el cotidiano de las aulas helvéticas.

Y esta plusvalía singular helvética en el seno de la administración federal no cuenta con departamento propio, sino que ha formado parte hasta ahora del Ministerio del Interior.

Sin embargo, el Gobierno de Suiza decidió la semana pasada que los sectores de investigación, educación e innovación sean agrupados bajo el Ministerio de Economía. Todos los partidos aprobaron esta reorganización.

“¡No es un motor de crecimiento!”

Los medios científicos fueron los que no saltaron de gusto. La Academia Suiza de Ciencias expresó su “escepticismo”, ante la decisión de que las escuelas superiores pasen a la tutela del Ministerio de Economía. En una carta dirigida al ministro del Interior Didier Burkhalter, esta agrupación afirma que resulta erróneo pensar que la investigación puede servir de motor directo al crecimiento económico.

La academia teme que las asociaciones económicas, como economiesuisse, aumenten la presión en las ciencias en el ministerio que les concierne para que los resultados de la investigación sean rápidamente aplicables.

Isidor Wallimann, investigador en ciencias sociales y economista, comparte ese escepticismo: “La reorganización responde al deseo de hacer que la investigación en los ámbitos de las ciencias sociales y humanas se vuelva más cercana a las aplicaciones concretas. En otras palabras, de volverlas más útiles en la resolución de problemas”.

La libertad de la investigación

Para el especialista suizo-estadounidense de 67 años, la reorganización no sorprende. “Las Escuelas Politécnicas Federales, las EPF, son criticadas desde hace unos 15 o 20 años porque producen un conocimiento que no responde de modo suficiente a las necesidades de la economía”, indica a swissinfo.ch.

¿Hasta qué punto las EPF deben o pueden generar? Una cuestión que también se platea en el caso de las ciencias sociales y humanas. “Vistas desde el ángulo de su utilidad, uno puede efectivamente imaginarse que esos campos de investigación deberán en el futuro proporcionar cada vez más material utilizable para la resolución y tratamiento de problemas precios”, teme Wallimann.

Garantizada constitucionalmente

La libertad de la investigación está garantizada desde 1999 en la Constitución Federal. Uno de los principios fundamentales de las ciencias sociales y humanas.

En términos económicos, agrega Isidor Wallimann, “la tendencia a considerar el conocimiento como una máquina que genera dinero es cada vez más fuerte. Muchos piensan que la investigación debe ser aún más útil para la sociedad”.

La investigación y la ciencia fundamental están orientadas al largo plazo, mientras que la investigación aplicada reflexiona en término, justamente, de aplicaciones directas, precisa Isidor Wallimann. Las investigaciones basadas en los análisis de muestras a largo plazo son realizadas, con frecuencia, en una perspectiva de más de diez o veinte años. Incluso, no resulta raro que se lleven a cabo cubriendo dos generaciones.

Cuando se apunta a una utilidad directa, resulta difícil obtener resultados claros, indica el especialista. “Por el contrario, un conocimiento fundamental adquirido a largo plazo es tal vez lo único que permite una aplicación ulterior eficaz”, estima el profesor en dos universidades estadounidenses.

Un ejemplo: la pobreza. Isidor Wallimann participó en el único estudio a largo plazo realizado hasta ahora en Suiza sobre este tema. “Sin estudios de vasta escala de ese género, las cuestiones que conciernen a la pobreza no pueden ser estudiados de forma que produzcan resultados prácticos".

“En la mayoría de las veces, eso no funciona”

Al apuntar hacia una investigación aplicada en las ciencias sociales y humanas, la economía no solo amenaza con cortar el ámbito en el que justamente se asienta, sino también en poner en cuestión la famosa iniciativa innovadora y el reconocido puesto en la investigación que tiene Suiza. En palabras de Wallimann: “¿Arreglar los problemas gracias a los resultados de investigación adquiridos a corto plazo? En la mayoría de las veces eso no funciona”, resume el profesor.

La investigación con base en la gestión de los problemas tiene necesidad constante de un fundamento de datos, del estado de las cosas y de las tendencias, analiza Wallimann. “Sin esta investigación fundamental, uno queda desprovisto y hace un trabajo de Sísifo en el intento de arreglar los problemas”.

El poder de los que dictan la agenda

Para el experto en ciencias sociales y economía, el peligro también radica en que la transferencia de las ciencias al Ministerio de Economía tenga consecuencias en la definición de los campos problemáticos, sociales y políticos a examinar. Quienes definen los problemas generan también su tematización, dominan así la agenda y refuerzan su papel de actor en la escena de la política social.

El tema de integración social es reconocido, mientras que la pobreza no lo es, a excepción de nichos temáticos como la desigualdad de acceso a la formación, en relación con la integración social. La investigación sobre la pobreza a través de bases fundamentales de vasta envergadura podría permitir abordar subtemas como la integración de las minorías étnicas y culturales.

Polos complementarios

Los representantes de las ciencias sociales y humanas deben vigilar que la investigación fundamental sea mantenida, e incluso aplicada. “Los políticos especializados en cuestiones de formación y los órganos científicos que fijan las prioridades y adoptan los presupuestos de la investigación deben estar convencidos de que la investigación fundamental no es sinónimo de “conocimiento inutilizable”, sino que es la oferta de un “conocimiento utilizable”.

Isidor Wallimann estima que se debe considerar la investigación fundamental y la investigación aplicada como dos polos complementarios: “La ciencia fundamental es la condición sine qua non para mejorar las ciencias aplicadas. La combinación de las dos permite saber qué conocimiento obtendré con qué monto de dinero”.

Isidor Wallimann

Investigador en ciencias sociales y economía, es profesor de las universidades de Syracuse (Nueva York) y North Texas.

Antes fue profesor en las universidades de Berna, Friburgo y en la escuela universitaria profesional de la Suiza noroccidental de Basilea.

El Rolex Center de la EPF de Lausana ofrece a los estudiantes espacios para el estudio y el encuentro.

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(Traducción: Patricia Islas), swissinfo.ch


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