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Radioactividad: la dosis hace el veneno

Fijado en el cazador Tiger, este filtro de aire permitió la colecta de trazas radioactivas.

Fijado en el cazador Tiger, este filtro de aire permitió la colecta de trazas radioactivas.

(Keystone)

Rastros ínfimos de yodo 131 se registraron en el cielo helvético tras la catástrofe nuclear japonesa. Es decir, casi nada en comparación con la radioactividad a la que todos estamos regularmente expuestos.

En días pasados, un avión provisto con un detector de radioactividad sobrevoló Suiza a 6.000 metros de altura. Explicación de François Byrde, del Laboratorio de Spiez.

El jueves y viernes pasados, los valores de yodo detectados del viento proveniente de Fukushima fueron 20.000 veces inferiores al límite admitido, comunicó la Oficina Federal de Salud Pública (OFSP) de Suiza.

Por otra parte, la OFSP explicó que la concentración de este elemento descendió en el transcurso de las dos jornadas de mediciones. El nivel más alto fue de 140 microbecquerels por metro cúbico (mBq/m3), mientras que el valor límite admitido es de 3 millones de mBq/m3.

A modo de comparación, tras Chernóbil, los valores en el suelo habían podido alcanzar 5 millones de mBq/m3. Ningún peligro para la salud, explica Werner Zeller, jefe de la división de radioprotección de la OFSP.

Y swissinfo.ch conversó con el experto en radioactividad del Laboratorio Federal de Spiez, François Byrde, especialista en los riesgos atómicos, biológicos y químicos y en el modo de protegerse.

swissinfo.ch: En Suiza, ¿de qué modo se vigila la radioactividad?

François Byrde: En periodo normal, es la responsabilidad de la OFSP, con la colaboración de diversos institutos federales y cantonales. En caso de crisis, la coordinación de medidas será dirigida por la Central Nacional de Alarma, después, por un Estado Mayor Federal.

Concretamente, se toman y analizan regularmente pruebas de alimentos, del suelo y del agua. La contaminación del aire se vigila en cinco estaciones y la OFSP cuenta también con un filtro que puede instalarse en un avión, para medir la radioactividad en el aire a una altitud precisa. Es lo que se está haciendo actualmente.

Ahora poseemos técnicas de detección increíbles: podemos detectar una cantidad de plutonio equivalente a un pedacito de azúcar diluido en el lago de Thun al analizar tan solo un litro de agua.

swissinfo.ch: Suiza vio pasar la nube de Chernóbil en 1986 y la de los ensayos nucleares de los años 60, mucho antes de la nube japonesa. ¿Qué queda de eso?

F.B.: Esos eventos provocaron la propagación de isótopos radioactivos como el yodo 131, el cesio 137, el estroncio 90 o el plutonio 239. Tras la catástrofe de Chernóbil, Suiza recibió una cantidad de yodo 131 equivalente en forma sólida al volumen de un paquete de cigarrillos.

A parte del yodo 131, que, por su corta vida, ya ha desaparecido, esas substancias aún son detectables en cantidades ínfimas en nuestro medio ambiente y en nuestro alimentos. Todos esos isótopos son objeto de control por parte de la OFSP, que publicó los resultados en su informe anual.

Es decir, menos del 2% de la dosis media de radiaciones a la que se somete el ser humano proviene de ensayos nucleares en la atmósfera, de Chernóbil y de las centrales nucleares, incluso si estos niveles pudieran ser más altos en regiones que sufrieron mayor radioactividad, como el Tesino, tras Chernóbil.

Para los humanos, ese 2% no es peligroso. Representa en promedio una dosis inferior a 0,1 milisievert por año (mSv/año). Y la dosis a la que estamos naturalmente expuestos es de alrededor de 5 mSv/año (en Suiza, la dosis considerada como legalmente admisible es de 20 mSv/año).

swissinfo.ch: Justamente, ¿cuáles son esas fuentes naturales de radiación a las que estamos expuestos cotidianamente?

F.B.: Primeramente, la radiación terrestre, debido a las cadenas radioactivas de isótopos de uranio y torio. El radón, elemento de la cadena del uranio 238, es un gas radioactivo raro, que puede ser nefasto en caso de inhalarlo. Si se toma el caso de hogares situados sobre un subsuelo rico en uranio, una cava sin aislación podría aspirar el radón hacia todo el volumen habitable. En Suiza, el control de radón lo efectúa la OFSP.

Nosotros estamos expuestos también a la radioactividad natural de nuestros cuerpos que contienen, entre otros, alrededor de 50 Bq/kg de potasio 40.

También está la radiación cósmica, débil en el suelo, pero netamente más fuerte en altitud. Así, el personal que vuela y que trabaja 20 horas por semana a 8.000 metros de altitud o más, recibe alrededor de 1 mSv/año.

En fin, no hay que olvidar los tratamientos médicos, que pueden significar dosis de radiación particularmente fuertes. Pero, en ese caso, hay que medir el riesgo en relación con el que se corre, si no se recibe ese tratamiento.

swissinfo.ch: Natural o resultado de la actividad humana, ¿la radioactividad siempre es nefasta para el organismo?

F.B.: Potencialmente sí, a partir de un cierto nivel. Pero, por ejemplo, una persona que no tenga una actividad especialmente expuesta no corre riesgo alguno. Es la dosis la que hace el veneno.

El yodo 131 y el estroncio 90 son productos de fisión, provenientes de reactores nucleares o de bombas atómicas. Ingerido o inhalado, el primero puede hacer enormes daños en la tiroides, donde se fija. De allí la utilidad de tomar las pastillas de yodo no radioactivo en el caso de exposición, para saturar al organismo y evitar así que el yodo 131 radioactivo se implante.

Ingerido, el estroncio 90 también es nefasto, puesto que se fija en los huesos. Es un producto de fisión proveniente de ensayos nucleares en la atmósfera y de Chernóbil.

El torio y el uranio provienen de la radioactividad natural. Pero no son menos nefastos.

Contexto

La materia está constituida por átomos, formados de un núcleo y de electrones gravitando alrededor. El núcleo es un aglomerado de protones, al mismo número que los electrones, y de neutrones.

La radiactividad es una emisión de rayos más o menos nocivos para la salud, que se produce cuando los átomos inestables se desintegran para transformarse en átomos más estables.

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Becquerel

Bautizada con el apellido de Antoine Henri Becquerel (1852.1908), Nobel de Física de 1903, es la unidad de radiactividad del Sistema Internacional, que equivale a una desintegración nuclear por segundo. (Símb. Bq)

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Traducción: Patricia Islas, swissinfo.ch


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