Tecnología punta en Suiza contra la tuberculosis

Gracias al nuevo laboratorio en Lausana se espera acelerar el descubrimiento de nuevos medicamentos para la enfermedad. Keystone

Cada año mueren dos millones de personas a causa de este padecimiento. Aún falta mucho para erradicar esta enfermedad, mientras que la aparición de cepas ultrarresistentes preocupa actualmente al mundo científico.

Este contenido fue publicado el 24 marzo 2010 - 14:48

La Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) se encuentra en primera línea en el terreno de la investigación sobre este mal.

¿Quién no ha visto alguna vez una vieja fotografía con decenas de pacientes tísicos recostados formando una línea en un amplia terraza de hospital? En los países occidentales, la tuberculosis (TB) es una enfermedad que pertenece- o, mejor dicho, pareciera pertenecer, al pasado lejano.

Pero la tuberculosis sigue provocando víctimas. Luego de un largo periodo durante el cual se pensaba que se había podido lograr terminar con esta enfermedad infecciosa, una epidemia aparece desde hace algunos año, lo que ha provocado una gran progresión de los afectados, en particular en países con una alta tasa de personas contaminadas por el virus HIV. De tal modo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) se vio obligada a declarar a la TB como una emergencia sanitaria.

Estos últimos años, cerca de 8 millones de personas contrajeron el bacilo de Koch, responsable de la tuberculosis. Dos de ellas perdieron la vida. “En Sudáfrica, por ejemplo, durante el Mundial de Fútbol, cerca de 13.000 personas morirán a causa de la tuberculosis”, subraya Stewart Cole, director del Instituto Global de Salud de la EPFL.

La epidemia no sólo concierne a los países más pobres. En Gran Bretaña, por citar a un país del norte, el número de casos ha pasado de 5.000 en 1987 a 7.600 en 2005. El riesgo de ver que eta enfermedad reaparezca con fuerza en todas las regiones del mundo no debe ser subestimado, más aún si se sabe que existe una correlación con las crisis económicas, tal como se ha demostrado con lo acaecido en Rusia en la última década del siglo pasado, tras el fin de la Unión Soviética.

Asociación letal

El virus HIV y la tuberculosis constituyen una asociación particularmente fatal. Un seropositivo, cuyo sistema inmunitario está debilitado, corre mayor riesgo de desarrollar la tuberculosis.

El 13% de los decesos entre los enfermos de sida se debe a la tuberculosis. “Esta enfermedad puede aniquilar todos los progreso que se han hecho hasta ahora para el tratamiento del sida”, observa Stewart Cole.

Además, la aparición de cepas ultrarresistentes provoca que los antibióticos y fármacos quimioterapéuticos actualmente disponibles pierden eficacia. “Y desde hace ya 40 años utilizamos estos medicamentos”, deplora Cole.

Nuevo laboratorio

En busca de soluciones en el terreno de la investigación, la EPFL recién ha inaugurado un nuevo laboratorio con el nivel de bioseguridad 3 (de una escala de 4), necesario para el estudio de los aeropatógenos, en particular, del bacilo de Koch.

Con una superficie de cerca de 100 metros cuadrados, “es uno de los más grandes de Europa”, dice gustoso el director del Instituto.

“En la actualidad, para estudiar las enfermedades infeccionas es indispensable una tecnología de punta, desarrollada de acuerdo a una percepción pluridisciplinaria. En esta óptica fue que en 2006 creamos el Instituto Global de Salud”, explica Didier Trono, decano de la Facultad de Ciencias de la Vida.

Microfluidos

Particularmente prometedora es la tecnología de microfluidos, desarrollada en colaboración con otros institutos del EPFL, como el de Microtécnica.

El bacilo de Koch se caracteriza por un crecimiento muy lento (se replica cada 24 horas) y debido a ello es muy difícil observar su evolución con los tradicionales portaobjetos y pipetas.

El nuevo dispositivo utilizado en la EPFL, único en el mundo, permite filmar a miles de bacilos de forma individual y durante periodos de tiempo de varios meses, gracias a un chip en silicón.

Este chip contiene cerca de mil ‘micropozos’ donde se alojan los bacilos, y, así mismo, una red de canales macroscópicos que abriendo y cerrando sus válvulas, permiten alimentar e inyectar fármacos específicos en los cada ‘pozo’.

Una cámara fotográfica tomo una imagen cada 15 minutos de estos reducidos espacios a fin de analizar la evolución a largo plazo del bacilo y sus reacciones ante fármacos determinados.

Nuevas pistas

“Normalmente, los antibióticos utilizados hoy matan a cerca del 90 o 95% de las bacterias en los primeros dos meses. Para las restantes se requiere un periodo de 5 a 6 meses”, explica Neeraj Dhar, investigadora del laboratorio de bacteriología del Instituto Global de Salud. Un problema nada desdeñable, ya que si los pacientes suspenden el tratamiento tras dos o tres meses, creyendo que están sanos, “favorecen la reproducción de cepas resistentes a los antibióticos”, subraya Dhar.

“Hasta ahora se pensaba que las bacterias que no morían en ese primer periodo eran aquellas que no crecían mucho o que crecían muy lentamente. Gracias a estas imágenes hemos podido invalidad esta hipótesis e iniciar nuevas pistas para comprender por qué se retarda la destrucciones de bacilos al cabo de algunas semanas”.

Además, los investigadores de la Escuela Politécnica Federal de Lausana han logrado desarrollar una molécula que debilita la estructura de la pared celular del bacilo, particularmente compleja y resistente. Las pruebas médicas al respecto iniciarán próximamente. Luego de 40 años de letargo, la lucha contra la tuberculosis podría conocer así un nuevo e importante avance.

Daniele Mariani, swissinfo.ch
(Traducción al español del italiano: Patricia Islas Züttel)

Día Mundial

Cada 24 de marzo se celebra el Día Mundial de la lucha contra la Tuberculosis, en recuerdo del 24 de marzo de 1882, cuando el investigador Robert Koch presento por primera vez su descubrimiento del bacilo responsable de esta enfermedad.

La infección se transmite vía aérea y ataca normalmente a los pulmones, aunque puede también dañar al intestino, el sistema nervioso, el aparato circulatorio, los huesos, el sistema linfático, las articulaciones y la piel.

Para luchar contra la enfermedad, en el año 2000 se creó ‘Stop a la Tuberculosis’, que congrega a unas 400 organizaciones internacionales, Estados y donadores públicos y privados.

El plan mundial 2006-2015 para de esta asociación es frenar la progresión de casos de tuberculosis que actualmente se registra en el mundo. En particular, se trata de establecer nuevos exámenes para el diagnóstico de la enfermedad y crear nuevos fármacos, capaces de curar en un periodo de uno o dos meses.

Con las medicinas utilizadas actualmente es forzosamente necesario que el tratamiento se prolongo entre 6 y 8 meses, para evitar que surjan cepas multiresistentes a esta bacteria.

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9 millones de nuevos casos anuales

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), cerca de un tercio de la población mundial está infectada con el bacilo de la tuberculosis.

Sólo del 5 al 10% de las personas que han contraído este bacilo desarrollan la enfermedad o se vuelven fuente de contagio.

Las regiones más golpeadas con esta enfermedad son: el sudeste asiático (33% del total de casos).

Las tasas más elevadas con relación a la población se encuentran en África austral, con 400 casos por cada 100.000 habitantes.

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