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Un cóctel de anticuerpos para vencer el dengue

Paciente con dengue en un hospital de Santa Cruz, Bolivia: cada año el virus causa 20.000 muertos en el mundo. Keystone

Un grupo de investigadores del Instituto de Biomedicina de Bellinzona ha conseguido desarrollar anticuerpos humanos capaces de frenar el virus del dengue. Se trata de un avance que podría contribuir a prevenir también otras enfermedades virales.

Este contenido fue publicado el 10 noviembre 2010 - 17:21
swissinfo.ch

“La lucha contra el dengue nos concierne a todos”. Son palabras de Shin Young-soo, responsable de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para la región del Pacífico central y occidental. Según él, el dengue constituye una “seria amenaza para todo el globo”.

El dengue, que se transmite mediante la picadura de un mosquito, es una enfermedad febril con presencia sobre todo en África, Sudamérica, Asia y Australia. Cada año causa millones de contagios y cerca de 20.000 muertos.

Lo que más preocupa es su difusión: con el aumento de la temperatura terrestre, el virus ya no se limita solamente a las zonas tropicales. En septiembre, Francia registró el primer caso autóctono de dengue en Nizza.

Para reducir el riesgo de una epidemia a escala planetaria, el Instituto de Investigación en Biomedicina de Bellinzona (IRB), en el cantón meridional del Tesino, ha puesto a punto una metodología capaz de reducir la acción del virus.

“Hemos identificado anticuerpos capaces de frenar todas las variantes del dengue”, confirma a swissinfo.ch Martina Beltramello, científica del IRB.

Cóctel de anticuerpos

La presencia de cuatro formas diversas del virus, explica Beltramello, hace especialmente difícil la búsqueda de una vacuna.

Las personas que sufren un primer contagio se curan fácilmente y desarrollan anticuerpos que les protegen en caso de una segunda infección con el mismo tipo de virus. En cambio, si una variante diferente provoca la segunda infección, los anticuerpos podrían actuar en el sentido opuesto, señala la científica.

“En lugar de paralizar la infección, la facilitan, lo que puede acarrear formas hemorrágicas especialmente peligrosas”.

Partiendo de la sangre de personas infectadas y curadas del dengue en Vietnam, los investigadores del IRB aislaron tres anticuerpos. Mediante modificaciones genéticas, se neutralizaron sus posibles efectos negativos.

El resultado es un cóctel de anticuerpos prometedor, por lo menos en los animales. “Las pruebas efectuadas en ratones en la Universidad de Berkeley han demostrado que los anticuerpos pueden frenar la infección incluso si se suministran 48 horas después del contagio”.

Enfermedades descuidadas

El trabajo realizado en el IRB va en el sentido contrario a lo que se hace en el mundo científico.

Un estudio de la Universidad de Neuchâtel presentado hace algunas semanas subraya, de hecho, que la ciencia desatiende enfermedades como la ceguera fluvial, la dolencia de Chagas o el dengue, porque son poco lucrativas para la industria farmacéutica.

“Es muy difícil incitar a una empresa farmacéutica a lanzarse en solitario a desarrollar un producto contra una enfermedad descuidada”, reveló Beatrice Stirner, autora de una publicación sobre el tema.

Para la colaboradora del Instituto de Derecho a la Salud de Neuchâtel, una solución consiste en reforzar la cooperación entre los sectores público y privado. No faltan ejemplos de colaboraciones fructíferas, subraya: algunas empresas farmacéuticas o biomédicas ya ponen a disposición de las ONG datos confidenciales sobre los preparativos que estudian.

Otra hipótesis es la creación de un fondo común de patentes. Una especie de “tienda”, explicó Stirner, en la que las empresas pondrían sus patentes a disposición de las personas interesadas en trabajar sobre enfermedades desatendidas.

“Esto permitiría aprovechar los avances científicos reduciendo el número de pruebas y de negociaciones”, sostiene Beatrice Stirner.

Un largo camino

Respecto a otras patologías, señala Martina Beltramello, el dengue puede resultar una enfermedad menor. “Pero si consideramos los efectos de la globalización, de la creciente movilidad de las personas y el aumento de la temperatura, el dengue es sin duda uno de los virus emergentes”.

En los últimos diez años, el número de contagios se ha más que duplicado, revela la OMS. En algunos países, como Laos y Filipinas, este año se ha observado un claro incremento. “Existe, pues, un interés de la ciencia en mirar al futuro”, afirma Beltramello.

La científica, no obstante, mantiene los pies en la tierra: el remedio contra el dengue no es para mañana. “Nuestra esperanza es poder aplicar el tratamiento a los humanos. Pero eso requiere tiempo. Para hallar una vacuna, habrá que esperar algunos años”.

El método desarrollado contra el dengue podrá contribuir de todos modos a la lucha contra otras enfermedades. “El estudio de la respuesta inmunitaria de personas infectadas y la determinación de anticuerpos eficaces, hallados por el IRB y, en particular, por su director Antonio Lanzavecchia podrían, de hecho, aplicarse a otras patologías. Como el paludismo, la gripe o el SARS”.

DENGUE

Mosquito. El dengue, que provoca fuertes dolores articulares, se transmite por el mosquito del género Aedes, el mismo que transmite la fiebre amarilla.

1780.La primera gran epidemia conocida de dengue se remonta a 1780 y golpeó a países de Asia, África y Norteamérica.

Variantes.El virus está presente en cuatro variantes y se difunde sobre todo en las regiones tropicales.

Síntomas: fiebre alta, náusea, vómitos, dolor de ojos, muscular y de articulaciones. En los casos más graves la enfermedad puede desarrollarse bajo forma de fiebre hemorrágica.

Sin tratamiento.Por el momento no existe un tratamiento específico para curar el dengue; en la mayor parte de casos las personas infectadas se curan generalmente en el espacio de dos semanas.

Aguas residualesEl método de lucha más eficaz consiste en eliminar las aguas residuales en las proximidades de las zonas habitadas y las campañas de desinfección.

OMS. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que dos quintas partes de la población mundial (2.500 millones de personas) corren el riesgo de contraer la enfermedad.

Muertes. El virus se cobra la vida de unas 20.000 personas al año (1 millón muere de malaria).

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