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Cita semanal en el centro para personas mayores

Sesión de gimnasia en el 'Altersheim Limmat' de Zúrich.

(swissinfo.ch)

Hoy por hoy son contados los españoles y latinoamericanos en las residencias de la tercera edad suizas, pero su número aumentará en un futuro no muy lejano.

Un proyecto en el 'Altersheim Limmat', de Zúrich, propicia el contacto entre los residentes suizos y los coetáneos de habla hispana que se reúnen desde febrero de 2004 en el centro.

El proyecto 'Contacto intercultural en la residencia de mayores', que financian el cantón y la ciudad de Zúrich, es, en primer lugar, "un punto de encuentro" de españoles o hispanoparlantes retirados de la vida laboral (jubilados por edad o invalidez, prejubilados o próximos a la jubilación) que se reúnen todos los martes a partir de las tres de la tarde en el 'Altersheim Limmat', explica José Baños, animador del proyecto.

Primero, realizan una sesión de ejercicios físicos suaves. "No es la típica gimnasia de las flexiones, de correr y saltar, sino una gimnasia comunicativa, en la que hablamos, y que tiene como sentido promocionar el conocimiento del propio cuerpo, que las personas se miren por la mañana en el espejo, se pongan atractivas y salgan a la calle con motivación".

Terminada la clase de gimnasia bajan a la sala que el centro 'Altersheim Limmat' pone gratuitamente a su disposición para tomar café, comentar una película o un artículo, realizar manualidades, charlar de cómo ha transcurrido la semana, celebrar con una tarta y una copa de vino algún cumpleaños...

El añorado retorno...

Herminio está prejubilado y se acaba de incorporar al grupo "para estar un poco con la gente y no hacer deporte de sofá", afirma. Cuando su esposa se pensione, este inmigrante se plantea regresar a su Galicia natal o por lo menos pasar temporadas largas allí.

"Siempre me tiró volver a España y no quedarme aquí. En primer lugar, porque no me he integrado mucho en el idioma; y en segundo lugar, porque hemos venido para un cierto tiempo y luego han pasado los años, pero mi idea siempre fue regresar", anota. Su mujer no lo tiene tan claro, a lo que él responde: "Si no quiere venir que se quede, yo no la voy a obligar".

El caso de Herminio es prototípico de lo que ocurre en muchos matrimonios cuando se aproxima la jubilación y, con ella, el sueño largamente acariciado de volver a la tierra añorada. Generalmente, "el hombre ha planificado su vida un poco solo, pensando en que él se prepara allí su huerto, su jardín, que irá a pescar todos los días, y se hace un programa sin tener en cuenta la situación materna de la mujer", subraya José Baños.

Y así muchas esposas y madres se ven entre la espada y la pared: '¿Me quedo aquí con mis hijos y nietos o me voy con mi marido que también me necesita y al que quiero?', se preguntan. Una decisión difícil y dolorosa que hace que las mujeres "sufran más que el hombre" la cuestión del retorno.

"¿Qué hago yo ahora sola en España?"

"Mi marido tenía mucha ilusión de volver a España. 'Cuando los chicos se acomoden, nosotros nos vamos', decía, pero como él falleció, pues yo...", confirma María, malagueña y viuda desde hace 17 años. "Mis hijos son de aquí. Y claro, ¿qué hago yo ahora sola en España?". Ha vivido casi medio siglo en Suiza, pero conserva intactas la gracia y la chispa andaluzas.

Es una mujer coqueta, decidida e independiente: "¿Sabe qué le digo? Que yo ya estaba inscrita aquí (en la residencia Limmat), porque yo me dije: 'Tengo que estar preparada. Además, no quería molestar a ninguno de mis hijos. Cada uno tiene bastante con sus problemas", cuenta con desparpajo.

"Por cierto, ya me han llamado y les he dicho que de momento no quiero venir". Y es que María ha encontrado una vivienda en el edificio donde reside su hija, por lo que ha decidido aplazar el ingreso en la residencia de mayores.

Al igual que la mayoría de los emigrantes de la primera generación, esta mujer no se maneja bien en alemán y confiesa que le da "vergüenza" cuando le preguntan cómo es posible que no hable el idioma después de vivir tantos años en Suiza. "Cuando no tengo más remedio, saco lo que puedo, pero mi perdición fue que me enganché con el italiano", el idioma que hablaban su jefe y compañeras de trabajo.

Aunque ahora ya no reside en Zúrich, sino en el cantón de Argovia, María no se pierde la cita del martes en el 'Altersheim Limmat': "Me gusta venir porque pasas un ratito muy amable con las compañeras, te ríes, tomamos café, paso una tarde maravillosa", asegura.

Nunca es tarde para estudiar

"En casa siempre tengo que hablar el alemán y aquí tengo la posibilidad de hablar el español", explica José María, que está casado con una holandesa. "También voy a la Casa Nostra (asociación catalana en Zúrich, fundada en 1962) para poder hablar catalán", su lengua materna. "Por eso vengo a estas reuniones y me gusta, pues hay buenos compañeros, aunque las mujeres son todas malas, pero en fin, hay que aguantar mecha, no queda más remedio", bromea.

José, valenciano afincado en suelo helvético desde hace cuatro décadas, está retirado de la vida laboral no por edad, sino "porque tengo una hipertrofia cerebral", dice. "Según los doctores, no debería pensar, pero por lo visto pienso, y como dicen los griegos: 'Pienso, luego existo'. Y hay otros que piensan que piensan, pero sólo saben llegar hasta el pienso". Sus compañeros estallan en carcajadas.

"De pequeño no tuve mucha oportunidad de ir a la escuela" y ahora aprovecha el tiempo libre para estudiar "historia, alemán y también gerontología". De las actividades que comparte con sus compañeros de grupo, "aparte de la gimnasia, porque la necesito" (para rebajar algunos kilitos de más), le encanta "charlar y preparar conferencias de diferente índole".

"Hacemos cursos de formación para la tercera edad para que la gente no se sienta vieja", señala José. "No es que de aquí vaya a salir algún Einstein o un Max Planck", pero "si no nos da el alzheimer o alguna demencia senil, podemos aprender mucho" y compartir esos conocimientos con otros compatriotas y coetáneos.

De Galicia y Argentina a Suiza

Muy distinta es la situación de Aurora. Esta gallega nonagenaria lleva "pocos años en Suiza, pero muchos por el mundo", dice. Se crió en Buenos Aires y siendo aún niña regresó a la tierra de sus progenitores. Prácticamente toda su vida transcurrió en Sarria (provincia de Lugo) hasta que en el plazo de un año perdió, primero, a su marido, y luego a una hija.

Aurita, su otra hija afincada en Zúrich, no tuvo más remedio que traérsela a Suiza. "Para ella es un cambio muy grande", reconoce. Además, "no tengo ningún papel en regla. Cada tres meses tendría que salir del país, pero ¿quién me la tiene en España?".

Y así optó por seguir el consejo que le dio "un buen chico" en el departamento municipal de inmigración: "Mire, señora, no se busque más problemas. Si los suizos no le quieren dar la residencia para su madre, déjelo. Que se quede con usted y asunto concluido."

Obviamente, Aurora no tiene muchos contactos sociales y poder reunirse con gente que habla su lengua es una alegría. "Ella viene contenta aquí, pienso que está esperando que llegue el martes para venir", asegura su hija.

También la vida de Hilda, argentina, ha transcurrido lejos de tierras helvéticas de donde era originaria su madre. "Siempre nos hablaba de Suiza y yo siempre quise conocer, venir a vivir y ver cómo era realmente este país que también me pertenece", puntualiza.

Crió a cuatro hijos y a dos de sus cuatro nietos. "Cuando llegó el momento en que ya había cumplido con todas mis obligaciones, me dije: 'Me voy a Suiza, ahora me toca a mí'. Y acá estoy, feliz y muy contenta". Hilda estudia alemán y no descarta la posibilidad de aprender también el dialecto suizo alemán ni tampoco la de ingresar en una residencia de personas mayores: "Yo tengo muy claro que tiene que ser así y no me plantea ningún problema".

De hecho, un objetivo del proyecto 'Contacto intercultural en la residencia de mayores' es propiciar el contacto entre extranjeros y suizos de la tercera edad. Los residentes del 'Altersheim Limmat' están invitados a sumarse a las actividades del grupo hispanoparlante. Todavía son pocos los que participan, pero los menos tímidos ya se acercan cada martes para ver cómo sus coetáneos españoles y latinoamericanos realizan ejercicio físico.

Poco a poco, unos y otros se van conociendo aunque sólo sea 'de vista', se saludan con una sonrisa o intercambian algunas palabras. De esta forma, concluye José Baños, se va "alisando" el camino para que, llegado el momento, estos jubilados extranjeros ingresen sin miedo en este centro de acogida de mayores y sus residentes helvéticos los reciban sin reparos y con los brazos abiertos.

swissinfo, Belén Couceiro

Contexto

Suiza es hoy uno de los países europeos con mayor porcentaje de población extranjera. Una de cada cinco personas en el país no tiene la nacionalidad helvética (20,6%, datos 2004).

Las colonias más numerosas son la italiana, serbia y montenegrina, portuguesa y alemana. Más de 77.000 españoles (sin doble nacionalidad) residen en el país alpino.

Muchos llegaron en los años 60 y están próximos o ya han alcanzado la edad de la jubilación. Un tercio de los inmigrantes de la primera generación decide quedarse en suelo helvético.

La Oficina Federal de Estadística calcula que en el año 2010 serán 123.000 los jubilados extranjeros en Suiza.

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