Importante apoyo de estudiantes de medicina

La pandemia de coronavirus ha obligado a los hospitales suizos a realizar una drástica reorganización, que también involucra a estudiantes de medicina. Muchos de ellos se pusieron a disposición en los servicios que más requerían personal, especialmente los cuidados intensivos. Testimonios.

Zeno Zoccatelli
El cantón de Ginebra es uno de los más afectados por la pandemia de COVID-19 en Suiza. Keystone / Martial Trezzini

Han pasado casi dos meses desde que se detectó el primer caso de infección por coronavirus en Suiza, en el cantón de habla italiana del Tesino. Con los ojos puestos en lo que sucedía en Italia, pronto se hizo evidente que no sería un juego de niños para los hospitales suizos y que, a pesar de las medidas adoptadas para limitar la propagación del virus, los establecimientos de salud enfrentarían una escasez de personal.

Los Hospitales de la Universidad de Ginebra (HUG) también lanzaron un llamado a la solidaridad, pidiendo ayuda a aquellos con las competencias necesarias. Unas 800 personas se manifestaron disponibles y 140 fueron reclutadas. Eran estudiantes de la escuela de enfermería, la Facultad de Fisioterapia y, por supuesto, la Facultad de Medicina.

La pandemia ha cambiado el plan de estudios para muchos de ellos. Baptiste realizaba una pasantía en Nepal y tuvo que regresar a Europa antes de que cerraran los aeropuertos, nos dice.

“Al ver la situación, pensé que sería más útil como voluntario en las urgencias o en los cuidados intensivos, que necesitaban personal”. Aterrizó en Suiza el 22 de marzo y se unió al HUG cuatro días después.

Mélanie, en una pasantía en el servicio de pediatría del hospital de Neuchâtel, y Lauranne, en el de anestesia en Ginebra, también se presentaron.

Baptiste, Lauranne y Mélanie, estudiantes del sexto año de medicina en Ginebra, decidieron apoyar en la unidad de cuidados intensivos, donde se encuentran los pacientes gravemente afectados por el nuevo coronavirus. tvsvizzera

Una pasantía excepcional

Los tres estudiantes están en sexto año de medicina, la etapa en la que ponen en práctica durante diez meses, en diferentes servicios, los conocimientos adquiridos a lo largo de la carrera.

Es natural que el hospital considere a estos estudiantes “mayores” como los más adecuados para apoyar en una crisis como la actual. Sin embargo, su compromiso es estrictamente voluntario, debido a los riesgos que entraña el contacto cotidiano con personas infectadas por SARS-CoV-2.

Al tomar todas las precauciones necesarias, ninguno de los tres estudiantes dudó en embarcarse en esta experiencia excepcional. “Ya no soy bienvenida en casa”, anota sonriendo Melanie. “Tuve la suerte de encontrar un apartamento donde puedo vivir durante el confinamiento. Desde el momento en que supe que iba a cuidados intensivos, me dije que tenía que encontrar una solución. No quería ir a casa todos los días después de estar en contacto con pacientes de COVID-19. Tengo colegas que se desvisten incluso antes de entrar a la casa y van directamente a la ducha”.

Pero los cambios conciernen principalmente el espacio de trabajo. “Me sorprendió la reorganización impuesta por la crisis sanitaria”, señala Lauranne. La manera en la que se tomaron en consideración los consejos y las lecciones del norte de Italia, cómo se transformó todo para hacer frente a la epidemia tan rápidamente, movilizando personas y equipos”.

Muchos servicios han sido transformados para dejar más espacio a los cuidados intensivos, servicio que ha sido ampliado considerablemente. “Ahora trabajamos en una unidad utilizada normalmente para la reanimación. Todo ha sido modificado para instalar a los pacientes afectados por COVID-19, incluidos muchos quirófanos”, precisa Baptiste.

El ambiente también ha cambiado mucho. “Es extraño. Normalmente siempre hay mucha gente en el hospital. Ahora todo está cerrado al mundo exterior y, sobre todo, ya no hay familiares de los pacientes”, agrega Mélanie.

Contactos telefónicos

Para los tres alumnos, esta separación es uno de los aspectos más significativos de la situación actual. “Nos ocupamos de personas que no pueden tener contacto directo con sus familias”, explica Baptiste. Los familiares de las personas hospitalizadas son contactados por teléfono cada 48 horas o en caso de una mejora o deterioro significativo en el estado de salud del paciente”.

“Es realmente extraño tener solamente contactos telefónicos”, comenta Mélanie. “Este tipo de cosas se hablan en persona con los familiares”.

“Las familias de los pacientes tienen miedo, están tristes y el único contacto que pueden tener con sus seres queridos es por teléfono. Estas son experiencias que dejan huella”.

Baptiste, estudiante de medicina

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“También organizamos videoconferencias con familias si quieren ver a sus seres queridos, que a menudo están en coma artificial. Las personas tienen miedo, están tristes y el único contacto que pueden tener es por teléfono. Estas son experiencias que dejan huella”, subraya Baptiste.

Un día en cuidados intensivos

Los días son largos. Por la mañana, después del cambio del personal, los tres estudiantes siguen el examen médico de todos los pacientes. En particular se verifica el estado de conciencia, la respiración y los riñones para saber si hay cambios que requieran modificaciones en la medicación o en el aparato de respiración asistida.  

Es imperativo que cualquier persona que entre en contacto directo con el paciente use el equipo apropiado para evitar contagios.

El trabajo administrativo también es importante para los tres estudiantes. Para cada paciente, es necesario anotar con precisión los actos realizados. Se establece un “libro de registro” que será útil cuando la persona salga del coma.

“Cuando las personas han sido intubadas, no recuerdan lo que sucedió durante su coma artificial. Por ello anotamos cada día las indicaciones de la evolución de la enfermedad. ‘Hoy hemos reducido la ventilación’, por ejemplo. Eso permite a los pacientes recuperar un poco de su vida durante el coma”, explica Mélanie.

En cuidados intensivos, no hay rutina, especialmente en una situación como la actual. “Algo puede suceder en cualquier momento y hay que actuar de inmediato. Aprendí a ser más flexible y a acostumbrarme a no saber cómo será el mañana. A veces estamos relativamente tranquilos, otros días no nos detenemos ni un momento”, narra Lauranne. “Además, no sabemos cómo evolucionará la situación general”.

Mélanie enfatiza que “los días en cuidados intensivos son difíciles, física y mentalmente. Comenzamos a las 7:30 de la mañana y terminamos alrededor de las 20:00 horas y emocionalmente, también es difícil: trabajar con estos pacientes gravemente enfermos, contactar a la familia… Pero no puedo decir que sea demasiado. Logramos manejar la situación”.

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