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Crímenes de guerra Aristas de la violación en zonas de conflicto

Una chica africana, a la que no se le ve el rostro, sentada con los brazos entre las piernas

Una adolescente de 15 años espera ser atendida en la clínica de Médicos sin Fronteras (MSF) de Monrovia el 30 de noviembre de 2009 luego de haber sido violada. 

(AFP)

Problema creciente, la violencia sexual en los conflictos armados es considerada a menudo como un “arma de guerra”. En entrevista con swissinfo.ch, Dara Kay Cohen, politóloga de la Universidad de Harvard, analiza esa definición y habla sobre las posibilidades de que dispone la comunidad internacional, Suiza incluida, para combatir ese flagelo.

La violación en zonas de guerra aumenta. Esta es una inquietante conclusión de la conferencia organizada recientemente en la sede ginebrina de la ONU por TRIAL InternacionalEnlace externo, ONG que lucha contra la impunidad de los crímenes internacionales y apoya a las víctimas en busca de justicia.

Durante su discurso de apertura, el embajador helvético ante la ONU, Valentin Zellweger, evocó algunas medidas adoptadas por Suiza en ese campo. Entre ellas, mediación, asistencia legal e institucional para las víctimas, trabajo de memoria y fortalecimiento del derecho penal internacional.

Dara Kay Cohen conduce investigaciones e imparte cursos de políticas públicas en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de Harvard. Su libro ‘Violación durante la guerra civil’ (Cornell University Press, 2016) reúne investigaciones efectuadas en Sierra Leona, Timor Oriental y El Salvador. El texto recibió el Premio Theodore J. Lowi First Book de la ‘American Political Science Association’. (ZVG)

(zvg)

swissinfo.ch: Suiza participa de diferentes maneras en la lucha contra la violencia sexual en las áreas de conflicto. ¿Qué más podría hacer?

Dara Cohen: Falta investigación básica. Para comprender mejor las causas del fenómeno es necesario financiar estudios en ciencias sociales sobre los actores armados. La mayor parte de la información de que disponemos sobre las violaciones en tiempo de guerra proviene de declaraciones de testigos y víctimas. Pocos investigadores han estudiado a los autores para comprender las causas y las circunstancias de la violación. Sin una imagen clara de las condiciones que promueven la violencia sexual, es difícil tomar medidas efectivas.

swissinfo.ch: ¿Han sido establecidas adecuadamente las prioridades?

D.C.: Desafortunadamente, la ciencia y la política no tienen un cuadro completo de las necesidades de las víctimas y los sobrevivientes. Según los estudios actuales, la justicia y la rendición de cuentas no son una prioridad de las víctimas. La asistencia médica y el apoyo psicosocial revisten para ellos más importancia. Los donadores occidentales, por su parte, ponen el acento en objetivos más restringidos como la responsabilidad. Se observa una clara discrepancia.

Por supuesto, los esfuerzos para convertir la violación en un crimen de guerra mundialmente condenado son extremadamente importantes. Pero los tribunales internacionales no deberían ser presentados como la solución principal del problema. Parece poco probable que tal condena realmente resulte en la disuasión deseada.

swissinfo.ch: Cuando hablamos de las normas, a menudo aparece el término “violación como arma de guerra”. ¿Es correcto? ¿Es eficaz?

D.C.: Los artífices del término han logrado que los políticos de hoy en día hablen de manera diferente sobre la violación en caso de conflicto, como un crimen específico y como una táctica de guerra, y no solo como un efecto secundario.

Por otro lado, el discurso ha evolucionado tanto que la violación sistemática en caso de guerra se considera un “arma de guerra”. Eso enmascara la complejidad del fenómeno. Suponemos que la violación es ordenada por un comandante infame impulsado por una estrategia clara. Confundimos las terribles consecuencias de la violación con las motivaciones de los autores. Por supuesto, la violación en tiempos de conflicto a menudo conduce a éxitos tácticos, piénsese, por ejemplo, en el desplazamiento de residentes en las áreas concernidas, pero eso no significa que dicha maniobra haya sido planificada desde el principio.

Considerar la violación como un “arma de guerra” sugiere que los comandantes son responsables de prevenirla. Pero la violación generalmente ocurre en el fragor del momento, no es ordenada por altos comandantes sino por combatientes locales. Es poco probable encontrar cadenas de mando rastreables para tales crímenes. La violación es tolerada más que ordenada. Esta situación requiere criterios completamente diferentes para determinar a quién se debe considerar responsable.

swissinfo.ch: ¿Significa esto que deberíamos enfocarnos más en los mecanismos psicológicos que en los factores externos que favorecen tales prácticas?

D.C.: Existen, por supuesto, condiciones externas que favorecen la violación, condiciones que deberían ser estudiadas. Por ejemplo, el colapso de las estructuras estatales o cuando los grupos armados se financian a sí mismos a través del contrabando, cuando el acceso a la riqueza material depende menos de la población. Eso puede reducir el umbral de inhibición de la violación.

En mi libro me concentro particularmente en un modelo de comportamiento empíricamente probado. La violación de las bandas criminales es mucho más común en tiempos de guerra que de paz, algo que se constata en diferentes culturas. ¿Por qué? Mis resultados muestran que las violaciones colectivas refuerzan el sentido de comunidad entre los atacantes. Son particularmente efectivos para las pandillas que reclutan a sus miembros por la fuerza y ​​carecen de cohesión social. La violación también se puede utilizar como ritual de iniciación para los nuevos combatientes.

swissinfo.ch: En la conferencia de Ginebra, muchos representantes de ONG se quejaron de que aún no exista un estudio exhaustivo y que el número de casos no denunciados sea enorme. ¿Tenemos una idea del alcance del problema?

D.C.: La investigación enfrenta, en efecto, muchos desafíos. En primer lugar, hay innumerables definiciones de “violencia sexual en los conflictos”. E incluso si usted solamente emplea el concepto restringido de violación, es difícil establecer parámetros significativos. ¿Deberíamos medir el número de víctimas, el número de ocurrencias o ambos?

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En segundo lugar, las encuestas presentan problemas de distorsión de la respuesta. La violación es una de las formas de violencia más estigmatizadas, muchas personas entrevistados se sienten incómodas. Como consecuencia, estas encuestas a menudo reflejan solamente una parte de la realidad.

Pero hay avances alentadores: un estudio reciente en Sri Lanka reveló un sorprendente número de casos de violencia sexual contra hombres durante la guerra civil (1983-2009) a través de nuevos métodos de sondeo.

Desafortunadamente, estos métodos solamente son utilizados por la ciencia y no reciben suficiente atención por parte de la política.

swissinfo.ch: La violación es actualmente un gran problema en Libia, especialmente para los migrantes encarcelados. ¿Cuáles son los efectos de los flujos migratorios en la dinámica de la violencia sexual en las zonas de conflicto?

D.C.: Sin profundizar en el tema de la migración en sí, el factor del aprisionamiento me parece desempeñar un papel importante. Las investigaciones que mis colegas y yo hemos efectuado revelan que las tres cuartas partes de los crímenes contra los prisioneros son cometidos por actores estatales (soldados, policías, etc.). La violencia sexual a menudo es utilizada para interrogar y torturar a los prisioneros, la mayoría de los cuales son hombres. Si se tratara de mujeres, inmediatamente hablaríamos de violación.

Esto me conduce nuevamente a su pregunta original sobre las medidas políticas: conciernen a los hombres solamente en última instancia. No cuestiono el trabajo de las activistas feministas, que merecen nuestro pleno reconocimiento por denunciar la violencia sistemática que enfrentan las mujeres. Sin embargo, la violación todavía es considerada un problema de las mujeres. Tan dramático como sea el número de casos no denunciados entre las mujeres, es significativamente superior entre los hombres. Intenté acercarme a las víctimas masculinas en tres países que han sufrido una guerra civil (Sierra Leona, El Salvador, Timor Oriental), sin éxito.


Traducido del francés por Marcela Águila Rubín

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