Navegación

Enlaces para saltar navegación

Principales funcionalidades

Día de los Muertos Altar para Trudi Blom y Gilberto Bosques en Berna

Altar de muertos en homenaje a Trudi Blom y Gilberto Bosques, en Embajada de México en Berna.

Altar de muertos en homenaje a Trudi Blom y Gilberto Bosques, en Embajada de México en Berna.

(swissinfo.ch)

Este 1º. de Noviembre, y en una tradición secular convertida en Patrimonio de la Humanidad, los mexicanos residentes en Suiza invitaron a dos paradigmas de la lucha por la defensa de la dignidad humana: Getrude Duby Blom y Gilberto Bosques Saldívar, a ese encuentro mágico entre vivos y muertos.

En el México Prehispánico, la fiesta de los muertos era en realidad la fiesta de la cosecha* y permitía compartir los primeros frutos con los difuntos, con aquellos que habían alimentado la tierra y regenerado la milpa con sus huesos.

En el México de Hoy, y en una expresión sincrética (con el México Colonial), el rito se mantiene. Los deudos recuerdan a los que partieron, les alumbran el camino de vuelta y los reciben con una ofrenda:

Gilberto Bosques Saldívar (1892-1995)

Gilberto Bosques Saldívar nació en 1892 en el Estado de Puebla y tuvo una intensa vida a lo largo de casi 103 años hasta su muerte en 1995. Combatiente en la Revolución Mexicana, defensor de la soberanía nacional, político progresista y diplomático de excepción, Don Gilberto se distinguió por su pasión por México y su extraordinaria labor humanitaria.

Como Cónsul General de México en Francia durante la Segunda Guerra Mundial, obligado a abandonar París e instalarse en Marsella, se dedicó a coordinar las tareas de obtención de visas de tránsito y pasajes de barco para miles de refugiados de la guerra civil española, para judíos alemanes y austriacos que huían del exterminio nazi, así como perseguidos políticos de otras nacionalidades. Según diferentes cálculos, entre 25 mil y 30 mil personas salvaron su vida y encontraron refugio en México gracias a la ayuda de este gran hombre que supo poner a “la diplomacia al servicio de la libertad”.

Detenido por la Gestapo en noviembre de 1942, fue trasladado con su familia a Alemania donde permanecieron hasta abril de 1944, cuando se les envió a Lisboa para ser canjeados por diplomáticos alemanes capturados por los aliados. Al regresar a México, en la estación de ferrocarril, miles de refugiados que gracias a él obtuvieron su “visa al paraíso”, lo esperaban para darle la bienvenida y lo cargaron en hombros.

Al igual que Trudi Blom, él también ha sido objeto de numerosos homenajes y reconocimientos.  Una calle de Viena se llama Promenade Gilberto Bosques; la Sociedad Alexander von Humboldt ha propuesto bautizar una avenida de Berlín con su nombre; las embajadas de Alemania y Francia en México han creado el Premio de Derechos Humanos Gilberto Bosques; Israel lo reconoció como “Justo entre las Naciones” en el Memorial del Holocausto. Más recientemente, fue develada una placa conmemorativa en su honor en la ciudad de Marsella, actual capital cultural europea, donde Don Gilberto realizó buena parte de su labor humanitaria. No menos relevante, es su postulación como candidato de México para recibir el Premio Raoul Wallenberg del Consejo de Europa, que será entregado por primera vez a principios  de 2014.

Fuente: Embajador Jorge Castro-Valle

Fin del recuadro

“En esta ocasión, nuestra Ofrenda del Día de los Muertos está dedicada a la memoria de dos personalidades que –pese a sus diferentes orígenes y trayectorias- tienen mucho en común”, explicó el embajador Jorge Castro-Valle.

Una manera de compartir con Trudi y con Don Gilberto -como cariñosamente los llaman en México - las mieses de una libertad a cuya defensa se consagraron y por la que fueron perseguidos y confinados en tiempos del nazismo.

“Diplomacia al servicio de la libertad”

Cónsul de México en Francia, Don Gilberto, merced a cuyo concurso unas 30 mil personas, entre republicanos españoles y judíos salvaron la vida, llegó de vuelta a su país en 1944 entre la aclamación de aquellos a quienes entregó una Visa al Paraíso**

El embajador Castro-Valle, cuyo padre colaboró en Francia con Don Gilberto en la comisión encargada de la ayuda a refugiados, describió esas páginas de la historia universal escritas en México durante una velada cargada de evocaciones.

“Desde niño, escuchaba yo las anécdotas que él contaba de esa inolvidable etapa de su carrera diplomática y fui testigo del enorme respeto y admiración que siempre sintió por su antiguo jefe”, narró. Refirió también un hecho común entre su padre, Don Gilberto y él: los tres fueron embajadores de México ante Suecia.

Recuerdos de familia

“Mi padre (Don Gilberto) y mi madre eran maestros, nos enseñaron muchas cosas que les agradezco infinitamente”, confió Doña Laura a swissinfo.ch. “Permanecíamos mucho tiempo en la mesa, terminada la comida, hablando de muchas cosas”. 

También Hanspeter Mock, suizo-mexicano, vicedirector para Europa del Ministerio suizo de Exteriores, compartió con nosotros el recuerdo de aquellas largas sobremesas familiares, en la casa de Tetelpan, durante las vacaciones veraniegas, en las que bombardeaba a Don Gilberto - padre de su madre, Doña Teresa-, con preguntas sobre la Revolución Mexicana, la II Guerra Mundial, sobre su etapa como embajador de México en Cuba antes, durante y después de la Revolución…  

“Gilberto Bosques fue poeta, político, periodista, precursor de la Revolución Mexicana y diplomático, pero yo lo recuerdo como mi abuelito… Lo que más me impresionó de él, aparte de la firmeza en sus convicciones y los valores que defendía, fue su gran modestia. Cuando se le hablaba de todo lo que él había hecho para ayudar al prójimo, a la gente perseguida, decía: ‘¡Sino fui yo solamente, fue México!’”.

Una suiza muy mexicana

Suiza de origen, Trudi halló en México una segunda Patria y el refugio seguro para continuar sus esfuerzos en pro de los exiliados por el fascismo. Y, más tarde, fue el lugar donde se entregó a la protección de los indígenas y la Naturaleza (Selva Lacandona, Chiapas).

“Gracias a la fiesta de muertos, los mexicanos llaman a Trudi de nuevo a la vida”, enfatizó Mathias Lörtscher, su sobrino, durante el homenaje.

De hecho, la obra y el recuerdo de Gertrude Duby Blom, nunca perdieron vigencia:  Con ocasión del 20 aniversario de su muerte, y a iniciativa de su biógrafa, la escritora y periodista mexicana Kyra Nuñez, en septiembre pasado vio la luz la Asociación Cultural Na Bolom.ch, cuyo objetivo es difundir la labor de Trudi en Europa y en México, como precisó Ivonne Meyer Escobar.

“Desde hace cuatro años, y a raíz de las investigaciones de Kyra sobre la vida y obra de Trudi, nació la idea de crear esta organización”, añadió la vicepresidenta de esa entidad que busca igualmente la incorporación de la Reina de la Selva Lacandona al Museo de los Suizos en el Mundo.

Y es que, como subrayó el embajador mexicano, “nadie es profeta en su tierra” y en Suiza “poco se conoce de la meritoria labor de esta mujer pionera y visionaria”.

Gertrude Duby Blom (1901-1993)

Trudi, como se le llamaba cariñosamente, nació en el Cantón de Berna en 1901 y se formó inicialmente como horticultora para posteriormente graduarse como trabajadora social. Su activismo político la llevó a involucrarse en la lucha contra el fascismo y el nazismo. Fue perseguida e incluso internada en un campo de detención de mujeres en la Alemania nazi con el cargo de “extranjera indeseable”.

Emigrada a Estados Unidos en 1940, continuó desde Nueva York su labor de denuncia de las atrocidades del nazismo y colaboró activamente en la recaudación de fondos para la contratación de barcos para transportar a republicanos españoles y judíos exiliados.

En ese mismo año, obtuvo una visa del gobierno del Presidente Lázaro Cárdenas y se instaló inicialmente en la capital mexicana colaborando en la atención de refugiados y también con medios informativos de los exiliados europeos en México.

En 1943, llegó a Chiapas participando en la primera expedición gubernamental a la Selva Lacandona, que habría de convertirse en su nuevo hogar. Ahí conoció al arqueólogo danés Frans Blom, con quien contrajo matrimonio en 1950.  Juntos fundaron la Casa del Jaguar – Na Bolom – en San Cristóbal de las Casas, dedicada a la salvaguarda de la Selva Lacandona y la protección de su población indígena, descendientes de los Mayas.

Durante casi medio siglo, entregó su vida a la noble causa del rescate ecológico de la Selva Lacandona y la preservación de los usos y costumbres de sus habitantes, distinguiéndose, asimismo, como escritora y fotógrafa documentalista.

Trudi – también conocida como la “Reina de la Selva Lacandona” - fue objeto de numerosos reconocimientos tanto mexicanos como internacionales, incluyendo un premio de la ONU como la “Primera Mujer Ecologista de América”.  

Fuente: Embajador Jorge Castro-Valle

Fin del recuadro

“Demasiado socialista”

Una mujer muy comprometida, como subrayó su sobrino. Mathias Lörtscher nos habló de las discusiones familiares en la casa de Berna. “La situación era a veces un poco difícil porque el pensamiento político de Trudi se situaba totalmente a la izquierda. No era una demócrata socialista, sino una socialista y mi padre era un hombre político, pero liberal”.

Recordó que para él, entre su padre y su tía, su situación podía ser inconfortable. Sin embargo, como dijo, esas discusiones no mermaron el amor entre los hermanos.

Periodista, etnóloga, fotógrafa y pionera de la ecología, Trudi dio muestras desde muy pequeña de un carácter indomable, como muestra la anécdota que nos compartió su sobrino:

“Era de noche y una fuerte tormenta se abatía sobre Berna con rayos y truenos. Trudi no aparecía por ninguna parte. Su papá y su mamá la buscaron por toda la casa, en cada habitación. Al final descubrieron que la puerta principal estaba abierta. Se acercaron y ahí la encontraron, a sus seis años, sentada en la escalerilla de la entrada.

-‘¿Qué haces aquí?, le preguntaron’.

-‘Soy una niña y no tengo que tener miedo de la tormenta’, respondió”.

Tampoco Anita tuvo miedo de tomar un avión y llegar a la Selva Lacandona para visitar a su tía. “Fue un choque cultural”, dijo al auditorio, pero “todo un descubrimiento”.

Agradeció luego el homenaje y “el interés en la causa de Trudi”, y selló su breve discurso con un sentido “¡Viva México!”  y un conocido estribillo: “¡El pueblo unido jamás será vencido!” 

Mantener la tradición

La Fiesta de los Muertos es una de las grandes tradiciones sincréticas que tenemos los mexicanos, en la cual tenemos la oportunidad de recordar a nuestros muertos y de festejarlos y en la que también reflexionamos sobre el hecho de que nosotros mismos un día vamos a estar junto a ellos.

La Ofrenda de los Muertos es una iniciativa de la Embajada de México con la cual queremos contribuir a mantener la tradición entre nuestros conciudadanos y mostrarla a las personas de Suiza y de otros países.

Fuente: Eugenia Cabrera, Asuntos Culturales, Embajada de México

Fin del recuadro

swissinfo.ch


Enlaces

×