El explorador suizo que robó el 'ekeko' a los indígenas bolivianos

Una reproducción del ekeko en la mesa de trabajo de Bartoletti en Zúrich. El original lo hurtó Johann Jakob von Tschudi en 1858 a un cacique del paraje de Tiahuanaco en el Altiplano boliviano. En 1929, un nieto del explorador vendió la estatuilla al Museo de Historia de Berna, donde permaneció hasta 2014 cuando fue restituido al Estado boliviano. Partners in GmbH / Stefan Weiss


En el año 1858 un naturalista de Glaris sustrajo la figura sagrada del “dios de la abundancia” al pueblo indígena de los aimaras. La pequeña estatuilla pétrea acabó en el Museo de Historia de Berna, donde permaneció hasta su devolución al Estado boliviano en 2014. Ahora, un científico argentino trata de rescatar del olvido al autor de aquel hurto, Johann Jakob von Tschudi, conocido como el “Humboldt suizo”.

Antonio Suárez Varela, swissinfo.ch

En tono de burla le pregunté al propietario si quería vender ese santo, oferta que rechazó indignado. Pero una botella de coñac lo ablandó.” Así describe Johann Jakob von Tschudi (1818-1889) la artimaña con la que doblegó al indígena para que le cediera el ekeko. Antes de que los estafados lograsen reconocer el timo, el explorador suizo ya se había escapado.

La cita extraída de la obra Reisen durch Südamerika (Viajes por Sudamérica) es muy explícita y no deja lugar a dudas. “Sobre este caso no queda mucha información nueva por revelar”, aclara el filólogo e historiador argentino Tomás Bartoletti, que escribe una nueva biografía sobre esta desconocida figura de la historia suiza. Una beca de postdoctorado de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (EPFZ) le permite ahondar en la vida de este explorador, que pese a su gran legado científico no forma parte del imaginario nacional.

Un representante de la polimatía decimonónica

Tschudi era discípulo del famoso naturalista y geólogo suizo Jean-Louis-Rodolphe Agassiz. Tenía una formación en zoología, pero sus intereses incluían también la lingüística y la etnología. “La diversidad de disciplinas lo asimila a Alexander von Humboldt”, reconoce Bartoletti, que resalta esa polimatía típica de muchos científicos del siglo XIX. “Tschudi estaba en contacto con Alexander von Humboldt y lo visitó. Tuvieron un estrecho vínculo, y por ello Humboldt lo recomendaba a otros naturalistas.” Tal fue su vínculo que Tschudi le dedicó su Fauna Peruana.

Bartoletti destaca la importancia de la obra de Tschudi: “Muchas de las especies de la región andina fueron bautizadas por él, y todavía hoy permanecen en la nomenclatura zoológica internacional. Algunas, como el así llamado chanchito de Indias, llevan incluso su nombre en la nomenclatura específica.” Pero su legado va más allá, pues se le considera uno de los padres de la peruanística. Como señala el historiador argentino, estas obras cobraron especial relieve en su traducción inglesa entre antropólogos británicos, como Sir Edward Burnett Tylor.

“Muchas de las especies de la región andina fueron bautizadas por Tschudi”

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Un personaje ambiguo y contradictorio

Bartoletti se topó con los escritos de Tschudi cuando estaba trabajando en su tesis doctoral en Berlín. Le sorprendió que solo existiera una biografía desfasada de los años cincuenta. “En ella se promueve una figura del hombre blanco que descubre el mundo y no reconoce nada del saber local que allí existía. Reproduce un relato heroico de la ciencia occidental, algo que, paradójicamente, Tschudi no refleja así en sus diarios”, critica. Con su biografía Bartoletti pretende complejizar esa imagen y narrar la historia desde una visión global alejada de una perspectiva eurocéntrica. Subraya las “asimetrías” del conocimiento al referirse a la disposición del orden en la época, estrechamente vinculada a discursos racistas y civilizatorios.

En este sentido, Tschudi no era ajeno a las tendencias de su época. Su obra ofrece, por tanto, una “mirada desde la supremacía blanca”, que revela ambigüedades y contradicciones. “Por un lado, escribió la primera gramática quechua en alemán, lo cual demuestra su interés por las culturas indígenas. Al mismo tiempo, practicaba la investigación de razas en Brasil respecto a las poblaciones africanas y al peligro de su mestizaje”, advierte.

Imperialismo informal

Johann Jakob von Tschudi (1818-1889) fue uno de los fundadores de la peruanística en el siglo XIX. Wikimedia Commons


En la visión de Bartoletti, Tschudi formaba parte de una “vanguardia capitalista” que pretendía insertar a América Latina “en un nuevo orden comercial y financiero global”. Los países sudamericanos se habían independizado. El colonialismo había terminado. Pero Europa seguía gobernando gracias a redes comerciales y científicas que le permitían generar “nuevas formas de establecer lazos de dependencia”.

Suiza no fue una potencia imperialista ni un país colonizador, pero colaboró en proyectos imperiales neerlandeses y británicos a través de mercenarios, científicos y misioneros religiosos. A ello atribuye Bartoletti que existen distintas formas de imperialismo. “No necesariamente tiene que haber una bandera suiza en ese territorio, pero ciertas estructuras comerciales de explotación operan de forma colonialista. Por eso, hablo de prácticas de imperialismo informal. Emprendimientos y personajes suizos de estas características, como Tschudi, pueden reconocerse desde el siglo XVI hasta la actualidad.”

Otro ejemplo que Bartoletti señala dentro de estas prácticas fue la migración suiza en Brasil, país en el que familias como los Meuron y los Pury, de Neuchâtel, o los Frey, de Aarau, establecieron “alianzas comerciales” que supieron aprovechar para enriquecerse a través de la comercialización del tabaco y el café.

Un conquistador, cazador y coleccionador

Un aspecto que Bartoletti quiere reforzar en su biografía es el de la caza. Los cotos alpinos de Glaris fueron el campo de ensayo del joven Tschudi. Allí aprendió a cazar y a relacionarse con lo salvaje. “En todos sus libros de viaje habla de la caza”, recuerda. “Habla sobre los rifles, la pólvora, sobre lo bien que cazan los europeos germanohablantes y lo mal que cazan los españoles, portugueses y nativos.” Bartoletti agrega que en referencia a Brasil, Tschudi dice que “no hay tierra con más pólvora en el aire”, circunstancia que atribuye a los portugueses, mestizos y criollos, que en su opinión cazaban mal desperdiciando la pólvora.

“En todos sus libros de viaje habla de la caza”

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Tal como explica Bartoletti en su investigación, la caza para Tschudi tenía dos objetivos. Por un lado, servía para formar la colección del Museo de Historia Natural de Neuchâtel. Por otro, el naturalista suizo también cazaba por deporte, por diversión y por lucir un estatus social, un estatus “vinculado a reforzar roles de masculinidad y supremacía blanca”. “La posibilidad de seguir cazando, de comprar armas y de hablar sobre ello formaba parte del estatus elitista de una nueva burguesía global”, señala el historiador argentino.

Bartoletti resalta una imagen impactante de esa caza. Es la escena que Tschudi describe antes de desembarcar por primera vez en la costa peruana. Su afán por cazar era tan grande que, sin esperar a que el barco atracara, sacó su revólver para abatir a un cormorán que se estaba acercando a la nave. Cuando un marinero le advirtió del valor sagrado que esa ave tenía para los indígenas, Tschudi decidió hacer oídos sordos y matar al cormorán. Según palabras no estaba decidido a creer en estas supersticiones. “Es una imagen muy clara de lo que significaba su rol de conquistador, cazador y coleccionador de animales”, indica el científico porteño.

Queda mucho por investigar

Bartoletti ha recorrido media Suiza y se ha desplazado a Alemania y Austria para localizar las fuentes primarias. Reconoce que le costó mucho trabajo, pues la documentación epistolar está muy dispersa. No existe una base de datos común. Incluso viajó al Tschudihof, nombre actual de la finca que el naturalista poseía en la Baja Austria. Es un pueblo muy pequeño, pero ahí se encuentran gran cantidad de materiales, como la biblioteca, mapas, objetos y fotografías. “Están en ese pueblo en manos de vecinos”, afirma.

En cuanto al estado de la investigación, Bartoletti destaca lo “mucho que queda por investigar”. Atribuye esa laguna al escaso interés, pero también a la falta de financiación. Además, las fuentes suizas son casi inaccesibles para un investigador latinoamericano, tanto por la lejanía como por la lengua, ya que muchas cartas están en alemán. Pero también es difícil investigar en Suiza por lo carísimo que resulta trabajar aquí, dice. “Creo que hay mucho más por hacer en términos de cooperación y de accesibilidad de las colecciones latinoamericanas en Suiza.”

Bartoletti ya ha escrito algunos capítulos de su biografía durante su estancia en la EPFZ, como parte de la cátedra Historia del Mundo Moderno a cargo del profesor Harald Fischer-Tiné, donde dedica parte de su tiempo a impartir seminarios. Su experiencia en Suiza la valora positivamente. Lo que más le fascina es la naturaleza y la facilidad con la que se accede a ella. Pero, en cierta manera, Suiza también significa un regreso a sus raíces, pues aparte de ser descendiente de italianos y españoles, también tiene —por parte de su abuelo materno— una ascendencia familiar que le vincula a los valles italófonos de los Grisones. Es un dato que descubrió al llegar aquí y que averiguó no por una necesidad personal, sino por simple curiosidad.

Johann Jakob von Tschudi

Nace en Glaris en 1818 en el seno de una familia protestante del viejo patriciado local. Estudia ciencias naturales y medicina en Neuchâtel, Zúrich, Leiden y París. En 1938 emprende su primer viaje a América Latina (1838-1842), donde se dedica a la exploración de la fauna y flora andina. Su principal cometido consiste en coleccionar animales para el Museo de Historia Natural de Neuchâtel, que corre con los gastos.

A su vuelta a Europa prosigue su carrera académica en Wurtzburgo, Berlín y Viena. Publica su primera obra científica (Investigaciones sobre la fauna peruana, 1844-1846) y su primer libro de viaje sobre el Perú (1846). En 1848 compra una hacienda en la Baja Austria, donde vive como terrateniente y ejerce de médico. Al año siguiente se casa con Ottilie Schnorr von Carolsfeld, una austríaco-alemana de estirpe noble. Posteriormente, publica sus dos magnas obras de la peruanística: las Antigüedades Peruanas (1851), junto con Mariano de Rivero, y La lengua quechua (1853), la primera gramática inca en alemán.

En su segundo viaje a Sudamérica (1857-1858) recorre Brasil, Argentina, Chile, Bolivia y Perú. En octubre de 1858 se apropia en el paraje de Tiahuanaco, en el Altiplano boliviano, del ekeko, una estatuilla sagrada del pueblo indígena de los aimaras. En su tercer y último viaje (1860-1862) se traslada a Brasil, donde negocia como enviado extraordinario de la Confederación un convenio consular para mejorar las condiciones de vida de los colonos suizos. Tras su regreso publica su último libro de viaje (1866-1869) y la primera traducción al alemán del drama quechua Ollanta (1875).

Desde 1866 hasta 1982 ejerce las funciones de encargado de negocios, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en la sede diplomática de la Confederación en Viena. En 1883 regresa a su finca de Jakobshof en Lichtenegg, en la Baja Austria, donde muere seis años más tarde.

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