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Totó La Momposina Realismo mágico del canto colombiano en Berna

Totó La Momposina en concierto, en la ciudad mexicana de Oaxaca, en 2011.

Totó La Momposina en concierto, en la ciudad mexicana de Oaxaca, en 2011.

(AFP)

“La música de identidad no tiene fronteras, ni tiene color, ni raza”, dijo Totó e inundó el recinto del Teatro Nacional de Berna con el portento de esa voz que ha llevado por el mundo la expresión sincrética africana, indígena y europea de los ritmos colombianos, en medio siglo de vida artística.

“Un pueblo sin identidad es un pueblo huérfano”, había comentado horas antes a swissinfo.ch, en entrevista previa al espectáculo. “Es un pueblo que se puede manejar y que es vulnerable a todas las influencias, pero cuando tiene una identidad fuerte, será fuerte también en conceptos y en valores”.

Y Sonia Bazanta Vides ha consagrado su vida al rescate y difusión de la música de identidad de su país. “Tiene algo muy especial porque como la produce la persona del campo, no tiene fronteras, está hablando el mismo lenguaje del mundo entero. Así de simple”.

La trayectoria de la cantadora comenzó hace varias décadas cuando, inmersa en una familia de músicos, empezó a responder al sonido de los tambores con el balbuceo infantil de to-tó, que habría de convertirse en la primera parte de su nombre artístico, completado por su lugar de origen: la isla de Mompox.

Un amplio recorrido

Totó estudió técnica vocal y música en el conservatorio de la Universidad Nacional de Colombia; Historia de la danza y organización de espectáculos en la Universidad de la Sorbona en París; Historia del bolero en Santiago de Cuba y La Habana. Pero su verdadera escuela ha sido el pueblo.

Al radicarse en Paris, a inicios de los 80, fue la primera artista tradicional en llevar la música colombiana a grandes escenarios en Europa (en particular, a Francia y Alemania).

Durante ese periodo en París grabó su primer álbum, Totó La Momposina en el año de 1983 para Auvidisc y contribuyó a la compilación colombiana de La Ceiba para ASPIC.

En 1987 regresó a Colombia y continuó su labor en el hogar y otros lugares de América Latina y el Caribe.

En 1991, WOMAD la trajo de vuelta a Europa y actuó en sus festivales en Japón, Canadá, Inglaterra, Alemania, España y Finlandia.

Grabó La Candela Viva en 1992 con Real World Records y Carmelina con MTM en 1995, seguido por el de Pacanto en 1998.

Durante la última década también se ha presentado en España, Inglaterra, Escocia, Gales, Alemania, Austria, Suiza, Francia, Holanda, Bélgica, Eslovenia, Italia, Suecia, Noruega, Dinamarca, Finlandia, Polonia, Corea, EE.UU., Mexico, Cuba y en otros siete islas del Caribe.

No ha parado de producir, de investigar, de recuperar las manifestaciones autóctonas y de crear nuevas expresiones musicales que identifican las antiguas y nuevas generaciones.

Entre los galardones que ha recibido se encuentran el Granmy (en dos ocasiones), el Premio Womex (The Worls Music Expo) y el Premio Nuestra Tierra.

El 21 de noviembre en Las Vegas, durante la entrega de los premios Grammy, será objeto de un homenaje por su trayectoria musical.

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Un largo andar

Todavía adolescente empezó el recorrido de la geografía colombiana en busca de los ritmos y las canciones del folclore nacional. Su periplo la llevó más tarde al encuentro de los sones, la guaracha y los boleros cubanos, y al perfeccionamiento de su arte en la Sorbona de París.

“Viví en Francia cinco años, pensando en que debía prepararme para hacer mejor mi trabajo. Para seguir haciendo lo que hago, pero con un concepto más elaborado”, narra a swissinfo.ch.

Recuerda que cuando llegó a la reputada universidad francesa y presentó su dossier, “me recibieron y me dijeron: ‘quel cadeau!’ (¡qué regalo!) y me preguntaron qué quería hacer… Cuando uno encuentra una universidad que le abre las puertas y que no tiene que homologar absolutamente nada… Yo me sentí como pez en el agua”.

Y como pez en el agua se mueve en el escenario, como lo constató este miércoles (23 de octubre), en la capital helvética, un público embelesado que se entregó de lleno a esta artista considerada como la pionera y mayor representante de la música tradicional de Colombia en el mundo.

Las palmas de los espectadores se sumaron al batir de los tambores, en una velada de remembranzas en la que la también conocida como “Reina de la Cumbia” compartió con su auditorio el ayer y el hoy de una música de siempre.

“Yo siempre dije y sigo diciendo que lo nuevo es lo viejo y lo viejo es lo nuevo… Nosotros llegamos aquí con la misma música, pero más bonita”, nos había comentado.

De sol, de luz y de alegría

Cumbias, bullerengues, chalupas, garabatos o mapalés, sones, guarachas, rumbas, sextetos… con una energía desbordante la artista recorre el amplio abanico de la creatividad caribeña acompañada por el latido africano de las percusiones y el aliento colombiano de las gaitas.

¿Y esta música que reúne a tantas expresiones culturales, cómo logra integrar también sentimientos de nostalgia, de tristeza o de dolor en ese caudal de entusiasmo?

“Bueno, la alegría tiene su significado. Tú te puedes imaginar una región que no está ni en el Polo Norte, ni en el Polo Sur, sino en el centro, donde el invierno es que llueve y el verano, que no llueve, pero que hace mucho sol. Cuando tú tienes que el sol sale a las 4:30 de la mañana y se oculta a las seis de la tarde… eso nos da la alegría que cada quien comparte y reparte por el mundo”.

Y así lo ha hecho. Millones de espectadores de América, Europa y Asia han sucumbido al portento de su voz, la cadencia de su balanceo y el torrente de energía que despliega cuando hace suyo el escenario.

El palmarés de Totó la Mamposina es extenso. En noviembre próximo será objeto de un homenaje en Las Vegas, ha sido galardonada dos veces con el premio Grammy Latino, y en múltiples ocasiones por su excelencia artística y su contribución a la música del mundo.

Una amplia bitácora, en la que ocupa sin duda un lugar especial aquel 1982, en el que su compatriota Gabriel García Márquez le pidió que lo acompañara a Estocolmo para la recepción de su Premio Nobel.

“Teníamos que aportar energía para corroborar todo lo mágico que Gabo había escrito en sus novelas”, recordó recientemente en una entrevista con Radio France.

“Claro que sí, porque eso parece fantasioso, pero realmente existe y está en la cultura de nosotros”, añadió para swissinfo.ch.

swissinfo.ch


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