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Cambio de hora Participación a la carta o democracia directa al estilo de Bruselas

REvisión del reloj en la estación de tren de Olten

Si los miembros de la Unión Europea suprimen el cambio de hora en primavera y otoño, es muy probable que Suiza siga el ejemplo.

(Keystone)

La UE quiere suprimir el horario de verano después de que un sondeo revelara que una mayoría de los ciudadanos está en contra de cambiar la hora dos veces al año. ¿Se ha desatado en Bruselas la gran pasión por la democracia directa? No, justo lo contrario: la decisión evidencia que la comprensión que tienen los dirigentes de la UE de la participación democrática es bastante desconcertante. Pero también en Suiza el debate sobre el horario de verano no fue ejemplar en términos de soberanía popular.

Este artículo forma parte de #DearDemocracyEnlace externo, la plataforma para la democracia directa de swissinfo.ch. Las opiniones vertidas en estos artículos son de exclusiva responsabilidad del auto y no coinciden necesariamente con las de swissinfo.ch. 

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Todos los años lo mismo: el último domingo del mes de octubre, que este año cae en 28, Suiza cambia del horario de verano al de invierno. Sin embargo, este cambio de los relojes podría suprimirse pronto, ya que la Unión Europea (UE) se dirige con paso firme hacia la abolición de esta práctica.

En 1978, los suizos votaron contra una ley sobre la introducción del horario de verano. Sin embargo, pese a este rechazo acabó imponiéndose solo tres años después.Enlace externo

La razón fue que en el ínterin la entonces Comunidad Económica Europea (CEE), la predecesora de la UE, había introducido el cambio de hora. Suiza se había convertido en un “islote horario”, circunstancia que acarreó costes elevados a la economía. Entonces el Parlamento se apresuró a adaptar los relojes al horario que regía en los países comunitarios. También en esta ocasión se intentó convocar un referéndum para frenar la ley, pero sin éxito, pues no se consiguieron reunir las 50 000 firmas requeridas. La lucha por el horario de verano demuestra que decisiones democráticas de ámbito nacional no se pueden adoptar de forma unilateral. La interconexión internacional juega un rol cada vez más importante y debe tenerse en cuenta a la hora de valorar las consecuencias de una decisión.

Por eso, el Gobierno suizo ya ha anunciado que ajustaría su horario al de la UE en el supuesto de que se materializara la supresión del cambio horario.

“Las personas lo quieren, por eso lo hacemos”Enlace externo, anunció a finales de agosto el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. La Comisión había realizado una encuesta electrónicaEnlace externo entre toda la ciudadanía de la UE para saber si debía suprimirse o no el cambio del horario de invierno al de verano. En la “consulta” participaron 4,6 millones de personas, y el resultado fue contundente: más del 80% estaba a favor de la supresión.

Veredicto en primavera de 2019

Entretanto, la Comisión ha presentado una propuesta de ley al Parlamento y al Consejo de la UE, según la cual en los Estados miembros se cambiarían por última vez los relojes en la primavera de 2019.

“Si vence el ‘sí’, decimos: ‘Adelante’. Si vence el ‘no’, decimos: ‘Continuamos’.”  Jean-Claude Junker 2005

Fin de la cita

La declaración del presidente de la Comisión sorprende, pues, por lo general, la opinión de los ciudadanos de la UE parece tener prioridad secundaria para la Comisión. Antes de la celebración del referéndum sobre la Constitución Europea en Francia en 2005, Juncker había afirmado: “Si gana el ‘sí’, decimos: ‘Adelante’. Si vence el ‘no’, decimos: ‘Continuamos’.”Enlace externo

Los franceses dijeron ‘no’, al igual que los neerlandeses, por lo que, siguiendo la advertencia de Juncker, se integraron partes esenciales de la Constitución en un nuevo tratado constitucional, que sin embargo ya no se necesitaba someter a votación popular (excepto en Irlanda). De esta manera tan sencilla lograron los jefes de la UE apartar a la ciudadanía de las decisiones.

Ciertamente, con la Iniciativa Ciudadana EuropeaEnlace externo un millón de ciudadanos pueden depositar una petición ante la Comisión. Pero ni los firmantes de la petición ni los 400 millones de ciudadanos restantes de la UE pueden decidir nada sobre el posterior recorrido de su demanda.

Las aspiraciones para otorgar a la democracia directa transnacional un carácter vinculante o incluso para introducir votaciones populares a escala comunitaria chocan con la firme oposición de los dirigentes de la UEEnlace externo.

En la lista negra de la política

Puede resultar sorprendente que el presidente de la Comisión y sus colegas tomen ahora una encuesta no vinculante como guía de su labor. Posiblemente, esta reacción se deba a que el cambio de horario es un tema que suscita emociones, pero que no se encuentra entre las prioridades en la agenda política de Bruselas, sobre todo si se compara con otras cuestiones que actualmente se debaten en la UE, como el Brexit —salida de Reino Unido de la UE—, la inmigración o el presupuesto común que se está planteando para la eurozona. De todos modos, el apoyo al cambio de horario ya había decaído en Bruselas.

Así, la Comisión sigue la estrategia de la “participación a la carta” que apenas comporta riesgos: la ciudadanía puede participar en las decisiones si se debaten cuestiones que atañen a la “vida cotidiana” con repercusiones limitadas. La participación no es vinculanteEnlace externo.

Pero este tratamiento selectivo de la participación ciudadana no es el único problema de estas encuestas. Lo verdaderamente arriesgado es que las políticas de la Comisión se funden un el resultado de estas consultas.

“La no estadística del mes”

Y esto es decir poco (véase recuadro). Cuando Juncker dice sobre el cambio horario: “Las personas lo quieren”, lo que significa en realidad es que, de los 4,6 millones encuestados (algo más del 1% de las ciudadanas y los ciudadanos de la UE), casi cuatro millones quieren la supresión del cambio horario.

“La no estadística del mes”

La representatividad de la encuesta electrónica de la UE fue cuestionada muy seriamente por dos reconocidos estadísticos alemanes: Walter Krämer, profesor en la Universidad Técnica de Dortmund, y Gerd Gigerenzer, profesor en el Instituto Max-Planck para la Investigación de la Educación en Berlín, descalificaron los resultados del sondeo al distinguirlos con el título de “no estadística del mesEnlace externo”.

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Es cuestionable, por tanto, la representatividad de los resultados. Así, por ejemplo, dos tercios de los participantes son de Alemania, que representa menos del 20% de la población comunitaria. Además, el sondeo se realizó por Internet, por lo que las cuotas de participación fueron mayores en aquellos segmentos de la población que más uso hacen de la red.

Pero además de eso, es más que probable que hayan participado sobre todo personas que están en contra del cambio de horario. Por el contrario, los que están conformes con el cambio o han tenido pocos alicientes para rellenar el cuestionario.

"Los parlamentarios suizos saben que al final los proyectos legislativos aprobados por el parlamento deben pasar el examen del escrutinio popular."

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Justo aquí suele residir el punto débil de los instrumentos participativos que carece de carácter vinculante: participan sobre todo aquellos que tienen un fuerte interés en el tema y que quieren presionar.Enlace externo

El hecho de que la Comisión Europea conceda tanta importancia al resultado se debe, probablemente, a su propia situación. Matthias Daum, jefe de la edición suiza del semanario alemán ‘Die Zeit’, constatóEnlace externo recientemente que los políticos en democracias representativas tienen mucho más en cuenta la opinión del “pueblo” que sus homólogos en democracias semidirectas. Pues, los parlamentarios suizos saben que al final los proyectos legislativos aprobados por el Parlamento deben pasar el examen del escrutinio popular.

Si deben pasar el examen o no, lo suelen saber con suficiente antelación. No necesitan orientarse en los últimos movimientos de los sondeos de opinión o en las posiciones reales o hipotéticas de la mayoría silenciosa o no silenciosa.

Un gobierno apartado de la realidad

Gremios como la Comisión Europea no son elegidos directamente, por eso no se ven en la obligación de rendir cuentas directamente a la ciudadanía. No obstante, tienen en cuenta la “opinión del pueblo” porque confían en poder conseguir cierta legitimidad si actúan en sintonía con ella. Sin embargo, no pueden apoyarse en decisiones democráticas vinculantes. Por lo tanto, solo les queda tomarle el pulso al pueblo a través de los sondeos, como ocurre en reiteradas ocasiones con las encuestas del Barómetro Europeo impulsadas por la Comisión.


Traducción del alemán: Antonio Suárez

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