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Crisis de la democracia La confianza en las instituciones democráticas en picada

Manifestaciones en Hungría

En Hungría se ha producido una ola de protestas contra diversas medidas económicas.

(Keystone)

La expansión de la democracia ha derivado en una crisis de la propia democracia. La amnesia histórica es, en parte, la culpable de un desencanto creciente. Pero este fenómeno, que varía de un país a otro, es difícil de entender, según explica la profesora de Antropología y reconocida experta en democracia Shalini Randeria.  

Randeria es la directora del Centro para la Democracia Albert Hirschman. Un nuevo centro de investigación, con sede en el ‘Graduate Institute’ de Ginebra, cuyo objetivo es profundizar en el estudio de los desafíos a los que hoy se enfrenta la democracia en el mundo.    

swissinfo.ch: Durante la inauguración del centro, en su discurso ‘Cómo mueren las democracias’, el profesor Stephen Holmes sugirió que estamos en un punto de inflexión y que la democracia liberal puede estar llegando a su fin. ¿Está usted de acuerdo? 

Shalini Randeria, directora del Centro Albert Hirschman para la Democracia de Ginebra.

(Albert Hirschman Centre on Democracy)

Shalini Randeria: La democracia ha alcanzado dimensiones universales. La mayor parte de la población mundial vive en democracias formales, pero en muchos aspectos, el desarrollo de la democracia se ha transformado en una crisis de la propia democracia. En muchas de las democracias establecidas, la confianza en las instituciones –partidos, elecciones, parlamentos, medios de comunicación– no deja de caer; mientras que muchas de las sociedades recién democratizadas están teniendo una, llamémosla, “recesión democrática”.

Es importante recordar que las democracias liberales son muy recientes, incluso en Europa Occidental. En la mayoría de las regiones del mundo no tienen raíces históricas profundas, por lo que siguen siendo frágiles; sobre todo cuando su éxito va acompañado por la prosperidad económica posterior a 1945 y el Estado del bienestar.

La expansión de la mayoría de los regímenes antiliberales [regímenes parcialmente democráticos que creen en la decisión tomada por una mayoría y donde los ciudadanos, aunque pueden votar, carecen de libertades civiles] supone un gran desafío para los valores democráticos liberales, los principios y las instituciones tal y como los conocíamos. Si la violencia imprevisible menoscaba la capacidad de los ciudadanos de crearse expectativas sobre el funcionamiento de las instituciones políticas, la amenaza a la libertad académica y a la libertad de expresión, los ataques contra las instituciones de la sociedad civil y la intolerancia de las minorías no auguran nada bueno para el futuro de la democracia liberal, que no puede reducirse solo a elecciones multipartidistas. 

swissinfo.ch: Holmes explicó que en muchas sociedades el desencanto con la democracia ocurre por una mezcla de factores, como son la falta de memoria, la comunicación moderna que hace que la gente esté en su burbuja y las excesivas promesas políticas. ¿Cuál es su opinión?  

S.R.: Holmes está en lo cierto cuando dice que los jóvenes que no han vivido una experiencia directa o no tienen recuerdos de regímenes totalitarios padecen amnesia histórica. Ahora bien, las diferencias respecto al desencanto democrático en distintos países no han sido bien entendidas. Por ejemplo, mientras en Europa y Estados Unidos disminuye la participación electoral, en la India hay muchas ganas de votar. Mientras los pobres renuncian a ejercer el voto en las democracias occidentales, en India son los ricos quienes no se preocupan por participar en las elecciones.  

Pero es importante recordar que aunque la democracia formal se ha expandido con rapidez en todo el mundo, su esencia la están erosionando los líderes populistas con tendencias autoritarias desde el interior y el capitalismo neoliberal desde el exterior. La gente tiene la sensación de que puede votar a favor o en contra de los gobernantes, pero es incapaz de cambiar las políticas dictadas por los mercados internacionales. Y esto también genera resentimiento y desconfianza en la clase política y en las instituciones actuales.  

swissinfo.ch: ¿Podemos hacer alguna comparación histórica con los movimientos antisistema y contra las élites que en todo el mundo se dan ahora con fervor?  

S.R.: Muchos estudiosos comparan la situación actual con la década de 1930 cuando aumentó la polarización, se acrecentaron las desigualdades y creció la desconfianza hacia los partidos tradicionales. Hoy, una vez más, somos testigo de las enormes tensiones que hay entre las democracias nacionales y el salvaje capitalismo neoliberal.

El principio del ‘mayoritarismo’ democrático tropieza con el del constitucionalismo liberal [una forma de gobierno que sostiene los principios del liberalismo clásico y del imperio de la ley]. El resultado es la propagación de democracias intolerantes, como Turquía, Hungría, Polonia o la India, que desafían el vocabulario tradicional y los marcos conceptuales para entender la democracia.

Este artículo forma parte de #DearDemocracy, la plataforma sobre democracia directa de swissinfo.ch

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Hoy en día, las diferencias entre regímenes democráticos y no democráticos no son tan acentuadas y sorprendentes como lo fueron en el pasado, tal y como nos recuerdan los debates que sobre las “democracias intolerantes” se dan en Europa Oriental.

swissinfo.ch: ¿Dónde encontramos el mejor ejemplo de una democracia que funciona y por qué?

S.R.: En mi opinión, la manera de plantearlo no es esa. Hay muchos modelos de democracia en lo que respecta a las instituciones. Algunas con raíces históricas más profundas que otras. Su funcionamiento depende de distintos factores internos y externos para la sociedad. Y la experiencia que los grupos tienen de la democracia varía, incluso dentro de ella, según el género, la generación, la clase, la pertenencia étnica o religiosa.  

Enfocar en la pluralidad de las experiencias democráticas en lugar de en la ‘democratización’ o el ‘retroceso democrático’ permite que planteemos otra serie de cuestiones. ¿Por qué en democracias donde hay elecciones libres y justas los ciudadanos intentan lograr cambios sociales y políticos a través de protestas callejeras como en los países en los que no pueden elegir a sus representantes? ¿Acaso en muchos lugares las elecciones se han convertido en una celebración colectiva de la impotencia general porque la contienda electoral no es suficiente para empoderar a los ciudadanos o cumplir sus aspiraciones democráticas? ¿No está ya de moda la separación de poderes y qué consecuencias tiene esto? ¿Por qué la ciudadanía para pedir a los gobiernos cuentas de sus acciones recurre cada vez más a los tribunales y otras instancias en vez de a las elecciones?            

swissinfo.ch: ¿Qué opinión le merecen los logros de la democracia suiza?

S.R.: En lo que respecta a la democracia directa, la experiencia suiza es fascinante, aunque su funcionamiento también tiene que ver, por supuesto, con el tamaño pequeño del país. El tamaño importa. También la historia. El modelo suizo de democracia directa difícilmente podría trasladarse a un país del tamaño de India o China con siglos de historia como Estado centralizado poderoso. La expansión de la democracia a nivel mundial también ha significado la transformación de las ideas occidentales y los ideales democráticos que necesitan ser entendidos en su pluralidad.

¿Quién fue Albert O. Hirschman?

Shalini Randeria: “Albert O. Hirschman se encuentra entre los intelectuales más distinguidos del siglo XX. Su extenso trabajo representa el tipo de investigación interdisciplinaria con implicaciones políticas que el Centro para la Democracia acogerá.

Economista de formación, Hirschman fue un experto cosmopolita en Europa, desde donde tuvo que huir a Estados Unidos y de allí, en la época de McCarthy, a América Latina. Dio clases en la Universidad de Columbia e hizo del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton su hogar.

Nació en Berlín en 1915 y a los 19 años abandonó Alemania. Luchó en España, estudió en Italia y sacó a gente de la Francia ocupada. La defensa de los valores democráticos y la libertad fueron esenciales en su vida. Ante la disyuntiva de abandonar, disentir y aceptar, Hirschman analizó las condiciones en las que las personas se involucran en cuestiones públicas en grupo o van por su cuenta para perseguir objetivos personales y por qué las sociedades oscilan entre períodos de profundo compromiso e indiferencia”.

Fin del recuadro


Traducción del inglés: Lupe Calvo, swissinfo.ch

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