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ESCENARIO SUIZO Zúrich y su votación monstruo

Conteo de boletas tras la votación del 9 de febrero de 2014 en Zúrich

Después de la votación: comicios con numerosos asuntos sobre los que votar, no solo suponen un reto para los ciudadanos sino también para los encargados del escrutinio (imagen del 9 de febrero de 2014 en la ciudad de Zúrich).

(Keystone)

Porsches, banca privada, fiestas y cocaína. Zúrich es en muchos sentidos una ciudad de superlativos, también en lo que a democracia directa se refiere. Así se podrá comprobar este 10 de junio: este domingo votará la ciudadanía sobre un total de nada menos que 14 asuntos. Empero, este raudal democrático-directo también comporta riesgos.  

Este artículo forma parte de #DearDemocracy, la plataforma de swissinfo.ch para la democracia directa que recoge aportaciones de la redacción y de autores externos. Sus opiniones no necesariamente coinciden con las de swissinfo.ch.

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En las manos de mucha gente que pasea por la avenida Bahnhofstrasse se ven bolsas de papel grueso. Llevan rótulos de Chanel, Bulgari o Gucci. Otro grupo de personas lleva carpetas y trajes de tela refinada, preferentemente de color gris.

Si es cierto que Zúrich es la ciudad más rica de todas, como lo afirma un estudio reciente de la UBSEnlace externo, entonces debe ser la BahnhofstrasseEnlace externo la calle más cara del mundoEnlace externo. Aquí se juntan una tienda de diseño tras otra cuál perlas de un carísimo collar.  

La Bahnhofstrasse enlaza con la Paradeplatz, la plaza donde late el corazón de la banca helvética; aquí se encuentran las sedes principales de los institutos de crédito más importantes de Suiza.

En la misma avenida un poco más adelante se sitúa el hotel de cinco estrellas Baur au Lac. Para una habitación doble se pagan aquí 800 francos, por noche. Delante del lobby se encuentran estacionados unos coches de lujo de marcas como Benthley, Porsche o Bugatti.

Del desfile callejero al desfile electoral

En esta ciudad no es solo el dinero el que suena, también lo hacen cada fin de semana con fuerza los ritmos en los numerosos clubes, así como una vez al año en la Streetparade, la fiesta de música tecno más grande del mundo. Zúrich es una metrópoli importante del dinero y de la música electrónica, a pesar de su internacionalmente modesta cifra de 424 000 habitantes. También es un bastión del arte y de la religión, puesto que aquí nació el dadaísmoEnlace externo y enraizó la Reforma en Suiza.

Jimi Hendrix, el dios de la guitarra, electrizó a la juventud de Zúrich en el denominado concierto monstruoEnlace externo de 1968. Este domingo, 50 años más tarde, tendrá lugar en esta misma ciudad la votación monstruo. Los sobres con las papeletas de votación, que los carteros depositaron en los buzones de Zúrich en las últimas semanas, alcanzan el espesor de un libro.

Y no es para menos, pues la ciudadanía de Zúrich deberá decidir sobre nada menos que 14 asuntos: dos iniciativas populares federales, dos votaciones cantonales y, finalmente, el grueso: diez proyectos municipalesEnlace externo.

Entre estos últimos destacan las ocho proposiciones financieras. Se abordan, entre otros asuntos, la institución de colegios diurnos, la concesión de créditos para la construcción de nuevos edificios de la administración pública, así como la elección de vocales en los órganos supervisores de las escuelas primarias.

“Es imposible controlarlo”

“Una cantidad tan elevada de asuntos no es habitual, tampoco para nosotros”, señala Claudia Cuche-Curti, secretaria del ayuntamiento de Zúrich. Agrega que para llegar hasta aquí han confluido varios factores. En Suiza se fijan cada año cuatro domingos para celebrar comicios. En la última fecha en marzo, se celebraron elecciones municipales en Zúrich. “Normalmente, si hay elecciones no solemos añadir ninguna votación”, expone Claudia Cuche-Curti.

Y recalca que el hecho de tener que debatir las propuestas de ley primero en el parlamento y en las comisiones, imposibilita una distribución proporcional. “No podemos controlar hasta cuándo duran esas deliberaciones.” Además, desde el año 2000 las iniciativas populares deben someterse a votación antes del vencimiento de un plazo determinado.

¿Son razonables tantas votaciones?

Toni Stadelmann, sin embargo, afirma que no se puede exigir a la ciudadanía zuriquense tal cantidad de consultas. Hace cuatro años este político independiente se presentó como candidato a las elecciones del consejo municipal, el ayuntamiento de la ciudad. Sostuvo que se les exigía demasiado a los votantes, tanto material como temporal e intelectualmente, y que así no se podía seguir garantizando la libre formación de las opiniones.

Interpuso un recurso de derecho de sufragio, que fue rechazado con el argumento de que el número era ciertamente elevado, pero exigible. Recientemente, el tribunal administrativo ratificó la sentencia, alegando, entre otras razones, que las consultas municipales “no eran muy complejas”.

Así lo corrobora la secretaria del ayuntamiento, Claudia Cuche-Curtis: “Especialmente los proyectos de obras son asuntos que, en el fondo, se pueden entender fácilmente.” Señala que, además, en el boletín de votación, que se envía junto con los boletos, se recogen, tanto en un texto breve como en otro más exhaustivo, la información básica y los votos a favor y en contra de cada propuesta. “De este modo, se puede obtener sin demasiado esfuerzo una visión de conjunto.”

Flores y papeletas de votación.

Papeletas de votación: este domingo “deberá” votar la ciudadanía de Zúrich “sí” o “no” en catorce consultas simultáneas.

(Stephanie Hess)

El cansancio del votante

Thomas Milic, el encargado de educación en el Centro de la Democracia en Aarau (ZDA, por sus siglas en alemán), certifica que tantas consultas podrían resultar agobiantes. Alude al fenómeno del “votar cansa” (cansancio electoral) que se ha podido comprobar en diversos estudios también en SuizaEnlace externo

“Este cansancio incita el rechazo de aquellas consultas que se encuentran en la parte final del boletín, independientemente del contenido de las mismas.” No obstante, según esos estudios suizos, el efecto es poco significativo y no existe el peligro de que se produzca un grave problema teórico-democrático.

Según Milic, la decisión de participar en unas votaciones no depende tanto del número de consultas concretas, sino más bien de su contenido. “En los próximos comicios falta una consulta locomotora en el ámbito federal”, afirma. Es decir, un asunto que anime a la gente a concurrir a las urnas. Y añade: “Quien tiene claro que va a votar de todas formas en una determinada consulta, rellenará con más probabilidades también las papeletas de las demás propuestas, incluidas las municipales.” Sin embargo, en estos comicios no es probable que esto ocurra, concluye.

La plusmarca de Palau

Si uno se atiene a la cifra de votaciones celebradas desde el año 1869, que supera los 3 000, la ciudad y el cantón de Zúrich son líderes absolutos a escala mundial.

Sin embargo, votaciones monstruo no son ninguna particularidad de la democracia helvética. En Ecuador, por ejemplo, se votó en 2011 sobre diez enmiendas constitucionales en un mismo día. Y en el Estado federado estadounidense de Oregón se celebraron incluso más de quince consultas federales de una sola tacada.

En el Estado federado alemán de Hesse se someterán a votación popular este otoño diez propuestas de ley, entre las que se encuentra la abolición de la pena de muerte. También en el Estado de Florida en EE. UU. y en Taiwán están previstas consultas populares en el mes de noviembre con diez y más proposiciones.

Sin embargo, el poseedor del «récord de consultas» es un país en el lado opuesto del globo: el Estado insular de Palau en el Pacífico. Allí se celebró hace diez años un referéndum constitucional que abarcaba nada menos que 23 propuestas particulares.


Traducido del alemán por Antonio Suárez Varela, swissinfo.ch

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