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POR UNA DEMOCRACIA SEGURA El voto electrónico, una lucha por la democracia

campaña contra el voto electrónico

Votación y sondeo a la antigua usanza, en Lucerna, marzo de 2019.

(© Keystone / Alexandra Wey)

Después de años de pruebas y negociaciones, el voto electrónico en Suiza se encuentra en una encrucijada: el Gobierno quiere generalizarlo, mientras que una campaña promovida por distintos partidos pretende evitar que siga avanzando su implantación.  

Ser el servicio de correos suizo (La Poste) no es fácil: internet llegó y, con ello, la gente dejó de enviar cartas.

Más recientemente, en 2018, CarPostal (autocares postales) –una empresa subsidiaria que realiza servicios de autobuses regionales– se ha visto involucrada en un escándalo de subvenciones que ha llevado a la directora general de los correos suizos a dimitir, ha generado mayor control público y propagado recientes llamamientos para su privatizaciónEnlace externo.

Y ahora se ha descubierto un fallo en el sistema de voto electrónico diseñado en España y que el servicio postal planea aplicar en varios cantones de cara a las elecciones parlamentarias de este año. 

La oposición al proyecto del voto electrónico ha alcanzado otro nivel. Así, un grupo heterogéneo de expertos en tecnología y políticos de diversos partidos acaba de lanzar una campaña a favor de una iniciativa popular que (si se acepta) impondría una moratoria de cinco años a cualquier otro ensayo de voto electrónico en Suiza.

Nicolas A. Rimoldi, de 24 años y miembro del Partido Liberal Radical de Lucerna que coordina la campaña, no se contiene a la hora de inculpar a La Poste, organismo financiado por el Estado. Dice que el servicio de correos ha tratado el problema del voto electrónico de manera “poco transparente” e “irresponsable”, “minimizando las advertencias y los riesgos” y “debilitando la confianza”.

La democracia y las elecciones se basan en la confianza y la credibilidad. Su campaña considera que ambas han sido dañadas por sistemas de voto electrónico opacos y que es hora de “hacer que la democracia suiza vuelva a ser segura”.

Punto crítico

Pero, ¿por qué el voto electrónico es ahora un asunto tan controvertido? La primera prueba de un sistema de este tipo se llevó a cabo en Suiza en 2003. Desde entonces se han seguido realizando experimentos cantonales (unos 300, en el último recuento).

Una de las razones es que Suiza ha llegado a un punto en el que la tecnología parece estar lista para ser desplegada. El Consejo Federal (gobierno suizo), siempre a favor del voto electrónico, quiere que en las elecciones del próximo 20 de octubre dos tercios de los cantones lo ofrezcan (en estos momentos solo el 2% del electorado suizo vota por internet).

Esto, por supuesto, no está garantizado. La sugerencia del Gobierno es precisamente eso, una sugerencia, y los cantones son libres de aceptar o rechazar el voto electrónico, como mejor les parezca. Pero Rimoldi indica que es hora de frenar el paso lento hacia el voto electrónico en general.

“Después de casi dos décadas, cientos de pruebas y millones de francos, el sistema todavía no es correcto. A estas alturas, nuestro deber es detener estos acontecimientos”, señala.

El clima político es otro factor. Con la investigación de Mueller en los Estados Unidos, el escándalo de Cambridge Analytica, los temores en torno a las noticias falsas y los robots de opinión merodeando por nuestras vidas en la red, la cuestión de la intromisión electoral –interna o externa– es una gran preocupación para quienes se ocupan de la integridad de las democracias.

El punto de vista de los hackers

Una de las principales preocupaciones de Hernani Marques, miembro del Chaos Computer Club (CCC), es precisamente la calidad de la democracia.

Marques es un especialista en tecnologías de la información que se reúne con hackers y entusiastas de la informática/utópicosEnlace externo afines. El punto de encuentro es una oficina abierta, al estilo de un espacio vital, cerca de la estación de Hardbrücke de Zúrich.

Se opone firmemente a los planes que tiene el Gobierno para el voto electrónico, simplemente porque, como han demostrado los recientes ataques, la tecnología no está en condiciones.

Pero aduce que el debate va más allá de la tecnología, argumentando que se ha politizado principalmente porque “la gente no se da cuenta de los riesgos que conlleva”.

Algunos tienden a vincular el uso de la tecnología para votar con el uso de la tecnología para otros servicios por internet como las compras o la banca, servicios que parecen funcionar bien, explica. Pero estamos hablando de democracia y “¡no hay comparación!”, dice.  

De hecho, como ha afirmado recientemente la investigadora de privacidad establecida en Canadá Sarah Jamie LewisEnlace externo, el sistema actual de La Poste de “mezclar” los votos electrónicos para proteger la privacidad de quienes los emiten no es infalible. La investigación de Lewis expone que la manipulación, con o sin complicidad interna (por parte de un empleado deshonesto de La Poste, por ejemplo) podría llevarse a cabo con un servidor mixto y no ser detectada.

Marques advierte de que esto podría conducir a un fraude electoral a gran escala o incluso a inmensos montajes. Esos escenarios no son imposibles bajo las prácticas actuales basadas en papeletas de papel, pero el voto electrónico aumentaría infinitamente esas posibilidades, observa.

Objeciones añadidas

Lo que irrita a quienes están en contra de las elecciones electrónicas no es solo ese escenario apocalíptico de la injerencia en los comicios. Estas personas argumentan que otros efectos perjudiciales se ciernen sobre la democracia, como la notable complejidad de los procesos, lejos de la comprensión de los votantes comunes; los efectos sobre el índice de participación (que, según Rimoldi, no aumentan); los costes más elevados, presumiblemente a cargo de los contribuyentes.

También se ha sugerido que el voto electrónicoEnlace externo puede provocar las mismas desigualdades sociales que intenta abordar.

La gente como Marques siente que la idea general del voto electrónico está bien, pero todavía lejos de estar preparada para su aplicación. 

“En última instancia, nosotros [el CCC] simplemente no vemos cómo se puede crear un sistema que permita un verdadero control democrático”, opina. “Tal vez nunca lo sea, en el sentido de que también es universalmente comprensible, y por lo tanto fiable”. Para Marques, el verdadero obstáculo es la garantía del secreto del voto.

Rimoldi y su Chaos Computer Club están de acuerdo.

Aunque no, las autoridades suizas. En respuesta al hallazgo que recientemente ha realizado el hacker, el Gobierno ha instado a La Poste a trabajar para eliminar el error, destacando que los resultados del ataque no quieren decir que todo el sistema esté corrompido; el problema radica simplemente en detectar si ha habido o no manipulación, ha indicado el Gobierno.    

Alentado por el apoyo de numerosos electores suizos residentes en el extranjero, el Consejo Federal seguirá abogando por el voto electrónico como medio de promover la participación de un mayor número de electores.

La empresa suiza de correos, por su parte, ha requerido a Scytl –la empresa española contratada para desarrollar el software– que solucione el error. Asimismo, se ha llevado a cabo un concurso público de ataque con premios (Lewis no ha recibido ninguna recompensa porque no ha participado en el concurso; quería dejar el fallo al descubierto)

Una lucha por la democracia

¿Cuál es el siguiente paso? En lo que al servicio postal de Suiza se refiere, todo sigue igual. El error presumiblemente será corregido, y su sistema de voto electrónico se extenderá a todos los cantones que lo soliciten (tras la reciente supresión de un sistema “rival” desarrollado por el cantón de Ginebra, ahora La Poste es la única opción de voto electrónico viable en la ciudad).

Los activistas de la oposición tienen de plazo hasta septiembre de 2020 para reunir las 100 000 firmas necesarias para que una iniciativa popular sea sometida a votación en todo el país. ¿Lo lograrán? En las condiciones actuales, conseguir apoyos podría resultar difícil: las encuestas han demostrado que (hasta ahora) la ciudadanía suiza ha estado mayoritariamente a favor del voto electrónico. Pero eso fue antes de que los medios de comunicación informaran de los ataques y de los problemas de su desarrollo.  

La democracia es la gran protagonista. Quienes están a un lado u otro del debate están convencidos de que al apoyar u oponerse al voto electrónico, están impulsando o salvaguardando la democracia. El voto electrónico es un tema mucho más candente de lo que podrían haber esperado aquellos que en un principio lo propusieron.


Traducción del inglés: Lupe Calvo, domhnall.osullivan@swissinfo.ch

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