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Punto de vista Túnez, país ejemplar de la Primavera Árabe

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Por Bruno Kaufmann

Cuatro años después de la Revolución de los Jazmines, Túnez dispone de una Constitución moderna, un Parlamento y presidente libremente elegidos y una nueva coalición de gobierno. El sangriento atentado islamista contra el Museo Nacional estremece la “primera democracia moderna del mundo árabe” en sus fundamentos. El siguiente paso será descentralizar el Estado mediante una ciudadanía activa y una democracia participativa. 

Bruno Kaufmann es presidente del 'Democracy Council and Election Commission de Falun (Suecia), localidad donde reside.

(Bruno Kaufmann)

El ataque terrorista del 18 de marzo contra el Museo del Bardo –la pinacoteca nacional del país– que causó más de 20 víctimas mortales no sorprendió al país. Ese día, el Parlamento tunecino comenzó a trabajar sobre una nueva ley antiterrorista. Todos los partidos políticos acordaron esa misma noche seguir adelante con la transición hacia una democracia moderna. Y pese al contragolpe terrorista de la semana pasada, el camino recorrido hasta ahora abre perspectivas prometedoras para Túnez.

La primera medida en ese sentido se adoptó en febrero: Tras dos propuestas sin éxito para formar un gobierno de minoría, el primer ministro, Habib Essid, sin afiliación a ningún partido político, logró conformar una coalición con los cuatro partidos mayoritarios: el seglar Nida Tounes (con 86 escaños), el islamista Al Nahda (69), así como los liberales Unión Patriótica Libre (UPL, 16) y Afek (8). Y de los 217 miembros del Parlamento, 116 votaron a favor de la nueva coalición, única en el mundo árabe.

Así se construye hoy el sistema democrático en Túnez, la perla indiscutible de la Primavera Árabe. Hace unos meses pude observar el modo en que distintos grupos, minorías y facciones de este país de 11 millones de habitantes celebraban el cuarto aniversario de su revolución. En las zonas peatonales de la principal calle de la capital, Avenida Habib Burgiba, miles de personas se habían congregado pacíficamente para defender diferentes causas: desde las familias de los que habían padecido la violencia policial durante la revolución hasta grupos gays, pasando por comités de solidaridad con Palestina, sindicatos, grupos izquierdistas, islamistas y salafistas radicales.

Fui testigo de una manifestación multicolor, bulliciosa y caótica, aunque tremendamente estimulante para una región y un mundo en los que abundan todavía los abusos políticos.

Cohesión social

Hoy nadie duda de que lo conseguido por los tunecinos en estos últimos cuatro años desde la caída de la dictadura de Ben Alí constituye un sólido punto de partida hacia una democracia participativa y moderna.

Bruno Kaufmann, de origen suizo, es presidente del Instituto Europeo de la Iniciativa y el ReferéndumEnlace externo (IRI, un laboratorio de ideas transnacional) y copresidente del Foro Global sobre Democracia Directa ModernaEnlace externo. Además, es  el corresponsal para el norte de Europa de la Radio SRF del ente público suizo SRG SSR y redactor jefe de people2power.info, una plataforma de democracia directa creada y albergada por www.swissinfo.chEnlace externo.

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¿Qué distingue a Túnez del resto de los países de la región, que vieron cómo se apagaba la promesa de la Primavera Árabe?

La respuesta se halla en la cohesión de la sociedad tunecina, que dispone de sólidas organizaciones civiles, como el sindicato Unión General Tunecina del Trabajo (UGTT), la Liga de Derechos Humanos o grupos de presión feministas.

Túnez vivió también duras luchas por el poder y horribles actos de violencia como en cualquier otro lugar del mundo árabe, pero la respuesta tunecina fue diferente. Túnez tomó la humilde y discreta ruta de buscar compromisos, como convenía a las nuevas reglas de juego, contempladas en una de las constituciones más modernas del mundo.

Este textoEnlace externo fue aprobado hace poco más de un año, el 20 de enero de 2014, por el 93% de los miembros de la Asamblea Constitucional, la cual había sido elegida tres años antes por el pueblo tunecino.

Muchos tunecinos, especialmente los jóvenes, que esperaban grandes cambios tras la revolución, se muestran hoy descontentos con los moderados logros adquiridos mediante el consenso. Mientras algunos de ellos emigraron a la cercana Europa, otros (especialmente los de origen rural) se unieron a las guerras que se estaban desarrollando en las vecinas Libia y Siria –y comienzan a trasladar la amenaza terrorista a suelo tunecino, como demuestran los ataques del 18 de marzo.

Imperativo constitucional

Pero la violencia política no es la única preocupación del Túnez actual. La economía del país ha sufrido profundamente como consecuencia de la agitación en la región. Muchas funciones del Estado, como la administración o el sistema judicial, no han podido todavía ser objeto de reformas significativas.

Sin embargo, el mayor reto actual de Túnez es la ausencia de estructuras regionales y locales.

Durante la dictadura, los pueblos, las ciudades y provincias fueron gobernados desde el gobierno central como simples entidades administrativas. El resultado fue la ineficacia, la corrupción y una falta total de participación ciudadana.

Pero con la nueva Constitución esto debe cambiar.

El nuevo texto constitucional establece no solo una amplia descentralización y el traspaso de competencias, sino también la implantación de la democracia participativa. Según el artículo 139, “las autoridades locales deberán adoptar los mecanismos de democracia participativa y los principios de gobierno transparente para garantizar la más amplia participación de los ciudadanos y de la sociedad civil”.

Este habrá de ser uno de los primeros y principales desafíos de la nueva coalición: cómo descentralizar un país alentando la participación de los ciudadanos y estableciendo fórmulas modernas de democracia directa.

En este caso, necesitará florecer de nuevo la naturaleza democrática y participativa del modelo tunecino de la Primavera Árabe, del mismo modo que lo hizo al elaborar la nueva Constitución y convocar una serie de procesos electorales libres y, en su mayoría, transparentes.

Pero formar gobiernos locales en los ayuntamientos o comunas requiere algo más que unas urnas; exige participación, un meditado diseño democrático y acuerdos prudentes.

El desafío global de Túnez

Así pues, el Gobierno de coalición de Habib Essid no tiene tiempo que perder. 

Punto de vista

swissinfo.ch reúne en esta columna una selección de textos escritos por personas ajenas a la redacción. En ella publicamos los puntos de vista de expertos, líderes de opinión y observadores sobre temas de interés en Suiza con el fin de alimentar el debate.

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Los medios especializados exigen que las primeras elecciones locales y regionales se celebren a finales de este año. Pero antes de que esos comicios puedan tener lugar se necesita lograr acuerdos sobre numerosas cuestiones básicas. ¿Cuáles serán los límites geográficos de unos municipios o provincias que están aún por definir? ¿Cuál será la base legal, la autoridad y la propia naturaleza de esos gobiernos locales?

Ciertamente, Túnez es la más reciente democracia del mundo enfrentada a este tipo de cuestiones y retos. Esa es la razón por la que la principal institución académica del país, la Universidad de Cartago, albergará esta primavera el Foro Global 2015 sobre Democracia Directa ModernaEnlace externo, junto a otros socios de todo el planeta.

Esta quinta conferencia mundial sobre democracia participativa reunirá a más de 300 ciudadanos, funcionarios, políticos y periodistas de casi 30 países. Esperemos que esta conferencia encarne el espíritu de un Túnez en el los ciudadanos planten cara, unidos, al terrorismo y el poder ciudadano se consolide a través de la difícil, pero esencial labor democrática del compartir.


Traducción del inglés: José M. Wolff, People2Power

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