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Burkina Faso “Aquí no hay cristianos ni musulmanes, sino un pueblo”



El bar 'Cappuccino' está situado enfrente del Hotel Splendid y es un lugar casi de paso obligado para los occidentales que llegan a Uagadugú, la capital de Burkina Faso.

El bar 'Cappuccino' está situado enfrente del Hotel Splendid y es un lugar casi de paso obligado para los occidentales que llegan a Uagadugú, la capital de Burkina Faso.

(Reuters)

La población de Burkina Faso no está dispuesta a doblegarse ante el miedo, tras el atentado del 15 de enero en el que murieron decenas de personas. Necesita más que nunca apoyo internacional para avanzar en la transición democrática, sostiene Corine Duc. La cooperante suiza de COMUNDO reside desde agosto con su familia en Uagadugú.

swissinfo.ch: ¿Había indicios en los últimos días de un posible atentado terrorista?

Corine Duc

Es cooperante de la alianza COMUNDOEnlace externo y experta en comunicación. En Burkina Faso asesora a la Federación Nacional de Organizaciones Campesinas (FENOPEnlace externo) en esta área. Vive en Uagadugú, la capital de Burkina Faso, con su esposo, Olivier Barman, y sus cuatro hijos de entre 7 y 13 años desde agosto de 2015. Olivier Barman, trabajador social y educador, apoya a un Centro Educativo Especializado (CEFISEEnlace externo).

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Corine Duc: Desde que fracasó el golpe de Estado en septiembre pasado, circulaban rumores de la presencia de yihadistas en Uagadugú. En ese momento aumentaron los controles en las rutas y la presencia policial, que continúa hasta ahora. La proximidad de Malí es un factor inquietante. Además, la partida del expresidente Blaise Compaoré y la caída del general Gilbert Diendéré, quien jugó durante años un rol importante en las relaciones con los islamistas magrebíes, cambió la situación de seguridad de Burkina Faso en la subregión.

Por otra parte, desde los ataques de París, se ha reforzado la presencia militar en torno a la embajada de ese país, el Instituto Francés y el Liceo Francés. Pero nada en particular hacía pensar en un atentado de tal magnitud. La sorpresa fue un factor determinante, como cuando se produjeron los atentados en París, Estambul, o Yakarta.

swissinfo.ch: ¿Los lugares del atentado son especiales como para convertirse en un blanco predilecto para los agresores?

C.D.: Podemos decir que el Hotel Splendid es el ‘hotel de la cooperación’. Y el bar Cappuccino, enfrente, un lugar casi de paso obligado para los occidentales que llegan a la capital. El hotel es un espacio de seminarios, de reuniones con las contrapartes internacionales, con los representantes de las entidades donantes, un punto de encuentro de los delegados de la ONU. Pero no se lo puede considerar un establecimiento más ‘francés’ que otros.

Pienso que lo que buscaba el atentado era golpear un color de piel, a sabiendas de que se convertiría en titular en la prensa del mundo entero. Poco importan la nacionalidad de las víctimas o sus razones para estar en Uagadugú ese tercer viernes de enero. Estoy convencida de que la diversidad internacional de las víctimas –de una quincena de naciones– fue lo que motivó a los terroristas. La presencia de blancos les aseguraba que se hablara a gran escala de su acción.

swissinfo.ch: ¿Cuál es la situación que se vive ahora en Uagadugú? ¿La gente tiene miedo?

C.D.: Es verdad que la gente está atemorizada. Sin embargo, al día siguiente, el sábado 16 de enero, se retomaron las actividades en las cercanías de Kwame N'Kruma, el sector del atentado, que se mantenía cerrado debido a la investigación. A pesar del ‘shock’ enorme, la gente se reúne como de costumbre en los ‘maquis, que son los cafés locales.

Percibo cierta tristeza e incluso una suerte de culpabilidad hacia los extranjeros muertos en su país. Están muy heridos por esta razón. Nosotros, los extranjeros, recibimos las condolencias de nuestros amigos burkineses y de nuestros colegas de trabajo que se mostraron apenados, avergonzados, por este ataque. Pero la vida continúa, la gente sigue con sus actividades, aunque el ambiente está enrarecido. A pesar de ese clima, todos nos dicen que no van a ceder ni doblegarse ante el miedo.

swissinfo.ch: ¿Y en el plano personal y familiar, cómo afrontan ustedes esta situación?

C.D.: Conocemos el bar Cappuccino. No lo visitamos regularmente, pero hubiéramos podido estar allí el viernes pasado. Conocemos a algunas de las víctimas y algún familiar de gente de nuestro entorno que se vio afectado. Todo esto nos confronta a la reflexión…

Sin embargo, no podemos decir que tengamos miedo. Sentimos indignación, el ‘shock’, una gran tristeza, pero no miedo. Las recomendaciones de seguridad que hemos recibido consisten, sobre todo, en evitar estar en grupo entre blancos. Sin embargo, en nuestra familia somos seis, ya formamos un grupo. No nos sentimos particularmente amenazados, ni más ni menos que nuestro entorno. El mismo sábado tuvimos que ir al centro de la ciudad.

No vivimos en un barrio de fuerte concentración de blancos. Aun así, nuestros hijos son prácticamente los únicos blancos en su escuela, incluso si hay numerosos alumnos mestizos.

En familia hablamos. Tratamos de descodificar los hechos, de tomar cierta distancia. Intentamos trasmitirles a nuestros hijos las nociones de respeto, la fe en el ser humano y en la responsabilidad de todo hombre y mujer en cada uno de sus actos. Tratamos de estar especialmente atentos a las eventuales repercusiones personales posteriores.

Cuando disminuya la tensión haremos juntos la evaluación de lo vivido. De igual forma que lo hemos hecho luego de los acontecimientos tensos de septiembre pasado, cuando se produjo el golpe de Estado que vivimos muy de cerca por residir en un barrio cercano al escenario principal.



Corine Duc visita una comunidad en Fada, Burkina Faso.

Corine Duc visita una comunidad en Fada, Burkina Faso.

(E-CHANGER)

swissinfo.ch: ¿Qué repercusión puede tener este atentado en la labor de la cooperación internacional en Burkina Faso?

C.D.: No podemos negar que somos blancos y, por tanto, fácilmente identificables. Es el objetivo que apuntaban los terroristas. El atentado ocurrió en un país africano y en él hubo víctimas blancas y negras. Pero observamos que la prensa occidental instrumentaliza y se apropia de las víctimas, insinúa que aquí hay un gran peligro en cada calle. ¿Qué podemos decir entonces de París? Una auténtica cooperación al desarrollo debe tener seriamente en cuenta del contexto local. Y es una realidad que la gente aquí quiere seguir adelante y avanzar en el camino de la transición democrática. Es nuestro deber, como suizos y cooperantes, apoyarles en ello. Nuestro deber hoy es analizar objetivamente los riesgos y, sobre todo, la utilidad real de nuestra presencia aquí.

swissinfo.ch: ¿Es posible que se abra un debate sobre el presente y futuro de la cooperación suiza en Burkina Faso?

C.D.: Sería lamentable abandonar Burkina Faso porque implicaría ‘hacerle el juego’ a los terroristas que buscan, justamente, que los occidentales huyan, desestabilizar el país e instalar una base de operaciones en el corazón mismo del África subsahariana. Esperamos que la cooperación no caiga en la paranoia. Si no, insisto, le haríamos el juego a los agresores. Sería grave ceder al pánico. El pueblo de Burkina Faso necesita más que nunca nuestro apoyo. Un pueblo que ha demostrado con creces su capacidad de movilización ciudadana.

Suiza debe apoyar con energía las aspiraciones de esta nación que quiere vivir en paz y con justicia, que rechaza ceder al miedo y que trata de mostrarle a los extremistas de todo tipo que aquí no hay cristianos ni musulmanes, sino un pueblo.

swissinfo.ch: ¿Y usted cómo ve su futuro?

C.D.: Para nosotros dejar Burkina Faso no es una opción. Es indiscutible que nuestra seguridad es una prioridad y respetamos las consignas de las autoridades suizas y locales. Pero en este momento en que el fanatismo imbécil golpea en cualquier parte, no sé si estamos más seguros en Friburgo o Sion que en Burkina Faso. Quiero insistir en el momento histórico que vive este país, luego de liberarse de un régimen que gobernó por décadas y de hacer retroceder el intento de golpe de Estado del año pasado. Es fundamental apoyar la sociedad civil local en su lucha por una verdadera democracia. Nuestro rol es trabajar con nuestras contrapartes y apoyar a la Federación CampesinaEnlace externo en su camino para reafirmar la soberanía alimentaria, o el Centro de Educación especializada, en la dignificación educativa de los estudiantes.

Esta entrevista se realizó vía telefónica.

swissinfo.ch

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