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Farmacéuticas El negocio de la investigación oncológica

Los medicamentos contra el cáncer se convertirán previsiblemente en el mercado más lucrativo del sector farmacéutico en los próximos años. Un nicho que dominan las multinacionales suizas Roche y Novartis.

Los analistas del instituto IMS Health, en Connecticut (Estados Unidos), prevén que el mercado de los fármacos contra el cáncer alcanzará los 75.000 millones de dólares (71.000 millones de francos suizos) en 2015, lo que equivale a un incremento de casi el 40% respecto a los 54.000 millones registrados en 2009.

El objetivo de todos los actores de este rentable negocio es encontrar un remedio contra una enfermedad que, según la Liga Suiza contra el Cáncer, padece una de cada tres personas a lo largo de la vida.

“Las organizaciones sin ánimo de lucro y las empresas afrontan los mismos desafíos. Pero es más fácil superar los obstáculos cuando se dispone de dinero”, afirma Beat Thürlimann. Según el presidente del Grupo Suizo de Investigación Clínica sobre el Cáncer y director del centro oncológico en el Hospital Cantonal de San Gall, la industria del sector gasta treinta veces más en investigación que las entidades académicas.

Roche sintetizó su primera molécula contra el cáncer hace más de cincuenta años. Hoy, comercializa los tres fármacos más importantes contra los tumores (cinco de los diez más utilizados) y controla cerca de un tercio del mercado mundial. La oncología representa cerca del 60% de la facturación y más de la mitad del presupuesto que la multinacional de Basilea destina a investigación y desarrollo (I&D). El año pasado, Roche invirtió 8.500 millones de francos en I&D, lo que equivale al 19% de sus ventas.

“Con tales inversiones tenemos que desarrollar cada año fármacos sobresalientes, de amplia utilización y con márgenes suficientes para poder costear los futuros programas de investigación”, subraya Stefan Frings, responsable de Oncología en una organización asociada de Roche.

Remedio milagroso

Los tratamientos tradicionales, como la radio y la quimioterapia, constituyen una cuarta parte del mercado. Los pacientes, médicos, fabricantes de fármacos y gobiernos, sin embargo, han depositado todas sus esperanzas en los tratamientos más individualizados, más eficaces y con menos efectos secundarios, que se basan en la comprensión biológica del tumor.

Los tratamientos personalizados, que están cambiando el mercado, prometen mejores resultados.

Tras su aprobación en 2001, el Glivec de Novartis, el cuatro fármaco contra el cáncer más vendido en el mundo, fue portada de la revista Time, que lo celebró como el remedio milagro. Hoy, las expectativas se han diluido un poco.

La industria farmacéutica tiene más dificultad para desarrollar los denominados blockbuster, medicamentos cuya facturación anual alcanza como mínimo los mil millones de dólares. Por múltiples razones, señala IMS Health: las patentes que caducan, las reglamentaciones más estrictas, la reticencia del sector público a pagar los medicamentos costosos…

El camino que debe emprender la industria farmacéutica, según Stefan Frings, es descubrir o comprar patentes prometedoras que puedan convertirse en fármacos innovadores y líderes de ventas.

Nadie tiene interés en desarrollar medicamentos sin patente, puntualiza Thürlimann. A veces las investigaciones no llegan a buen puerto, ya sea porque el mercado es demasiado pequeño o porque la patente está a punto de caducar.

“Si usted padece una enfermedad con una mutación rara, no siempre estamos en condiciones de lanzar un programa de desarrollo”, anota Frings.

Terapias personalizadas

La idea básica de los tratamientos personalizados reside en utilizar terapias confeccionadas a medida del paciente. Los avances de la investigación genética nos ayudan a comprender mejor enfermedades como el cáncer y los mecanismos que hay detrás de esta patología.

El tratamiento no se elige solo con base en el lugar donde se desarrolla el tumor, sino también en relación con sus características moleculares, que pueden variar de un paciente a otro.

La quimioterapita tradicional ataca las células tumorales, que tienden a multiplicarse más que las células sanas. Sin embargo, daña los tejidos del organismo.

Las terapias personalizadas, en cambio, interactúan directamente con la molécula o un proceso específico de las células tumorales, sin dañar las células sanas, por lo que se reducen los efectos secundarios.

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¿Qué terapia?

El desafío para la organización sin ánimo de lucro que preside Thürlimann no reside en descubrir el remedio mágico, sino en identificar la mejor terapia para los pacientes entre las que se comercializan. Cerca del 40% de los 12 millones de francos para realizar pruebas clínicas proviene del Gobierno, el 60% -a partes iguales- de donativos y de la industria.

La propiedad intelectual y los futuros ingresos cuentan menos en la investigación pública que en la privada. Sin embargo, a fin de cuentas, todos comparten los mismos objetivos, los mismos sueños, pero también las mismas pesadillas.

“La pesadilla de los oncólogos es tener acceso a un medicamente eficaz y no poder recetarlo porque es demasiado caro y no se reembolsa”, explica Thürlimann.

Con las nuevas terapias –algunas cuestan más de 100.000 dólares al año – los médicos deben sopesar las ventajas y los inconvenientes médicos. A veces es mejor suspender el tratamiento, afirma Thürlimann.

“Con la explosión de los costes sanitarios, se nos pide tener en cuenta no solo la eficacia, sino también avalar estadísticamente el beneficio para los pacientes”, precisa. “Podemos examinar si un fármaco es eficaz en dosis menores o administrado durante un periodo más breve, u otras soluciones que no constituyen un mercado para las farmacéuticas”.

Una “bestia indomable”

Cuando el presidente de Estados Unidos Richard Nixon declaró la “guerra al cáncer” en 1971, mucha gente estaba convencida de que la investigación médica encontraría la fórmula para vencer la enfermedad en el plazo de una década. Pero la tarea resultó mucho más compleja.

A diferencia de otros campos de investigación, la oncología está mucho menos fragmentada y mejor definida. En Suiza, cerca del 40% de la investigación médica se centra en el cáncer y el resto en otros 38 campos, como las enfermedades cardiovasculares, la inmunología y los trastornos mentales, explica Thürlimann.

A pesar de que el genoma humano se descifró completamente hace diez años, el cáncer es aún una “bestia indomable”, puntualiza Frings. Todavía se desconocen muchos de los mecanismos que influyen en los 250 tipos de tumores y que requieren estrategias diferentes.

Cuando las células cancerígenas se desarrollan en el organismo, mutan, se reproducen, crecen y potencian las resistencias. Para entender estos mecanismos hay que ir paso a paso, y este proceso puede durar décadas.

El hecho de que el cáncer se base en mecanismos biológicos definibles constituye una oportunidad para Roche. Según Frings, es un campo mucho más fácil de investigar que las enfermedades multifactoriales, o el medio ambiente, en las que pueden influir el medio ambiente, los hábitos de vida y la edad.


(Traducción: Belén Couceiro), swissinfo.ch


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