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Foro de Davos Ernst Wyrsch: "Mi función no es dar lecciones, sino hacer feliz a la gente"

El hostelero Ernst Wyrsch con la supermodelo y embajadora de Unicef, Claudia Schiffer.

El hostelero Ernst Wyrsch con la supermodelo y embajadora de Unicef, Claudia Schiffer.

(Marcel Gyger)

Bill Clinton, Mohamed Ali, Angelina Jolie, Kofi Annan, Richard Gere, Angela Merkel: Son personalidades que Ernst Wyrsch conoció durante el Foro Económico Mundial (WEF) en el Steigenberger Grand Hotel Belvédère, un establecimiento de cinco estrellas que dirigió con su esposa entre 1996 y 2011. El hostelero recuerda también a jefes de Estado de países de reputación dudosa.

swissinfo.ch: Hace cinco años que dejó la dirección del Hotel Belvédère. ¿Cómo recuerda los tres lustros que estuvo al frente del hotel?

Ernst Wyrsch: Con gratitud y orgullo, fueron quince años en el ojo del huracán, con muchos altibajos. Y también estoy agradecido de que Suiza, el cantón de los Grisones y Davos jamás cuestionaran el WEFEnlace externo y entendieran que este evento aportaba más de lo que costaba.

swissinfo.ch: Hoy, usted es el presidente de la sección hotelleriesuisse Grisones. ¿Conserva algún mandato específico en el WEF?

E.W.: No, pero es un evento que me beneficia. Las pernoctaciones antes, durante y después del WEF figuran también en nuestras estadísticas. Y como no son simples pernoctaciones, sino estancias con un gran valor añadido, me viene de perlas en mi función.

Ernst Wyrsch, nacido en Dottikon (cantón Argovia), fue hostelero durante 30 años, los últimos quince (1996-2011) en el Steingenberger Grand Hotel Belvédère en Davos, centro de atención durante el WEF: en él se hospedaban personalidades del mundo entero y Wyrsch siempre abrió las puertas a los medios. “Yo ayudé a dar visibilidad al WEF”, dice. Hoy, a sus 55 años, es presidente de hotelleriesuisse en los Grisones y del consejo de administración de los hoteles Seehof (Davos), Vereina y Steinbock (Klosters). Además, imparte seminarios sobre liderazgo, motivación y felicidad.

(Keystone)

swissinfo.ch: Hace once años, usted relataba en el diario ‘Bündner Tagblatt’ su día a día durante el WEF y unas condiciones no precisamente saludable: jornadas laborales de 20 horas, pocas horas de sueño y estrés permanente.

E.W.: El WEF siempre ha sido una semana excepcional. No se podría soportar si fuera la norma. Dicho en términos deportivos: en las eliminatorias, uno no se lamenta del número excesivo de partidos. En todos esos años jamás estuve a punto de sufrir un ‘burnout’.

swissinfo.ch: En el Belvédère se hospedaron jefes de Estado de países con una reputación dudosa, por ejemplo, en el ámbito de los derechos humanos.

E.W.: Sí.

swissinfo.ch: ¿Nunca sintió la necesidad de abordar ese asunto?

E.W.: No, porque nunca confundí que mi papel era hospedarlos y no sermonearlos. Nunca sentí la necesidad de señalar con el dedo a la gente. Mi trabajo era superar las expectativas de los clientes. Todo lo demás habría excedido el rol de un anfitrión. En el WEF hay una regla: la más alta instancia moral es el profesor Schwab [fundador del WEF]. Si invita a alguien a Davos, es porque tiene sus razones para hacerlo.

swissinfo.ch: Entonces usted reprimió esas preguntas. Pero las preguntas siempre vuelven a la mente…

E.W.: Sí, uno es consciente de que lleva diferentes “sombreros”. En mi rol de hotelero mi función es hacer feliz a la gente y no pretender darle lecciones. Lógicamente, tengo una opinión personal, pero me la reservo para mis amigos.

swissinfo.ch: ¿Como hotelero no podía ser entonces usted mismo?

E.W.: Sencillamente, mi percepción era diferente en ese papel. Un jefe de Estado tampoco puede decir siempre lo que se le antoja. Tiene que contenerse, porque se le podría malinterpretar mal. Es lo mismo que yo hice como hotelero.

swissinfo.ch: Sobre el WEF hay opiniones divergentes. ¿Cuál es su opinión personal?

E.W.: Si no existiera el WEF, creo que habría que inventarlo. El hecho de que los representantes más influyentes de la política, la economía, la ciencia, las oenegés, el deporte y la cultura se reúnan a puerta cerrada durante tres a cinco días para hablar de temas específicos es algo único. No disponen de otras plataformas para hacerlo. Ni siquiera la ONU brinda una oportunidad similar. 

Y creo que en esta forma solo puede desarrollarse en Suiza. No conozco ningún otro país que pueda encarnar esta plataforma neutral con más credibilidad que Suiza. Está claro que no funcionaría en Estados Unidos. 

swissinfo.ch: Visto desde fuera, el WEF está lleno de contradicciones. Dos ejemplos: Los participantes aseguran que los cinco días de reuniones les ahorran largos viajes. Pero se cuenta que algunos se trasladan en helicóptero de Davos a Zúrich para ir a la peluquería…

E.W.: Ningún lugar en el mundo ofrece la posibilidad de conocer y hablar con gente como Davos. Aquí todo se produce de forma informal. Las cosas absurdas que se cuentan son exageraciones que divulgan los medios de comunicación y se refieren a acompañantes aburridos, niños mimados, pero no a participantes de peso. Entre las personalidades realmente influyentes solo he conocido a gente que aprovecha cada minuto en Davos y que no tiene tiempo para una cita con el peluquero.

swissinfo.ch: Desde fuera, el WEF se ve como una combinación de alambre de púas, celebridades y vehículos blindados. ¿Cómo describiría usted el Foro a alguien que solo tiene esa perspectiva?

E.W.: Es una visión muy suiza. No estamos acostumbrados a tantos controles de seguridad, cuando son la norma en los Juegos Olímpicos u otros eventos gigantescos que congregan a destacadas personalidades internacionales. Yo creo que durante el WEF Davos es interesante incluso para gente que no participa en el Foro. Se puede disfrutar de las pistas de esquí que están prácticamente vacías, porque todo el mundo está trabajando en el WEF. Y el hecho de que extremen las medidas de seguridad en algunos puntos es porque en los últimos veinte o treinta años los atentados terroristas se han perpetrado siempre contra objetivos poco protegidos. Por ende, es una obligación internacional garantizar la seguridad de los participantes. Personalmente no tengo la impresión de que uno no se pueda mover libremente por Davos.

swissinfo.ch: De hecho, hay menos controles espontáneos en la calle…

E.W.: Ha cambiado sobre todo una cosa: Hace más o menos doce años había manifestaciones tumultuosas contra el WEF. Ahora se han vuelto folclóricas. El profesor Schwab ha logrado explicar que lo que critican los manifestantes es precisamente lo que se discute aquí. ‘Improving the state of the world’ [Mejorar el estado del mundo] significa poner el dedo en la llaga, donde no les gusta a los grandes y poderosos del mundo. Y si el profesor Schwab hace algo es precisamente eso. Las oenegés y las organizaciones medioambientales disponen de una plataforma en el WEF. ¿Dónde es posible, si no en Davos, reunir al 80% de la industria automovilística y a 20 o 30 grandes organizaciones ecologistas en el mismo espacio?

swissinfo.ch: Para un residente en Davos no es fácil  criticar el Foro…

E.W.: Nadie tiene que esconderse por expresar una crítica. Es más, el cuestionamiento crítico es uno de los pilares de la cultura democrática en Suiza. Si al suizo no se le permite criticar se vuelve muy susceptible. Impedirlo sería suicida para el WEF. Pero estamos muy lejos de ello.

swissinfo.ch: Como dice el refranero: "Nunca llueve a gusto de todos”…

E.W.: Y también tiene que ver con que mucha gente  se beneficia de un modo u otro del WEF. Y no debes morder la mano que te da de comer.

swissinfo.ch: Pero no todos salen ganando con el Foro…

E.W.: Yo opino que sí, tal vez de forma indirecta. Un maestro, por ejemplo, se beneficia porque se conservan los puestos de trabajo en Davos y los niños tienen que ser escolarizados. Me resultaría difícil demostrar que alguien en Davos no se beneficia con el WEF.

swissinfo.ch: Para los remontes, por ejemplo, la semana del Foro es un problema. Usted mismo lo ha dicho: las pistas están vacías, nadie viene a Davos para esquiar.

E.W.: Es verdad, pero los propietarios de los remontes son también los hosteleros con el mayor número de camas, más de 2 000. Y la ocupación durante esta semana se vende a un precio inalcanzable en otros periodos del año.

swissinfo.ch: Y en Davos también hay gente que depende del WEF. ¿No es una situación peligrosa?

E.W.: Es correcto. La importancia económica del WEF ha generado claramente dependencias. Por un lado, es un problema. Por otro, nos hemos vuelto víctimas de nuestro propio éxito. Y para seguir en el camino del éxito, el WEF tiene que crecer y ganar más peso económico. La dependencia es el reverso de la moneda.

swissinfo.ch: A propósito del precio del alojamiento: muchos dicen que durante el Foro los hoteles despluman a los clientes.

E.W.: Si somos justos tenemos que compararlos con eventos como Art Basel o la Feria del Libro de Fráncfort. Cuando una ciudad acoge un gran evento, todos suben los precios y nadie dice nada. En Davos, el caso del WEF es especial, porque la localidad alpina acapara la atención del mundo entero y todos los medios están presentes. Y a menudo los medios no tienen otra cosa que hacer que escribir sobre estas cuestiones.

swissinfo.ch: En el año 2000, las imágenes de las violentas manifestacionescontra el WEF llevaron a varios medios estadounidenses a afirmar que la vida de Bill Clinton había corrido peligro.

E.W.: La decisión de no celebrar esa edición en Davos se anunció en noviembre, o sea, solamente dos meses antes del WEF. Fue terrible. Pero también un ‘shock’ saludable para Davos. Se vio qué ocurre si el mundo deja de venir a Davos. Por suerte, un año después, el Foro volvió a Davos.

swissinfo.ch: En el Belvédère usted recibió once veces al expresidente de Estados Unidos Bill Clinton. ¿Era su huésped favorito?

E.W.: Mis huéspedes preferidos son aquellos con los que consigo establecer una relación. Bill Clinton es sin duda uno de ellos, porque es una personalidad con mucho carisma y con quien es una placer conversar. Y esto genera apego.

swissinfo.ch: En el año 2000, Clinton protagonizó titulares negativos. Las imágenes de las violentas manifestacionescontra el WEF llevaron a varios medios estadounidenses a afirmar que su vida había corrido peligro.

E.W.: Fueron momentos difíciles. Nosotros no compartimos esa impresión. Se cuestionó injustamente no solo el concepto de seguridad del WEF, sino también la reputada fiabilidad y seguridad que el Foro y Suiza lograron garantizar durante años.


Adaptación del alemán: Belén Couceiro, swissinfo.ch

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