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El agua en la historia suiza

Un antiguo depósito industrial en Basilea. (www.trinkwasser.ch) RTS

A partir de la prehistoria los asentamientos humanos en Suiza estuvieron relacionados con la presencia del agua.

Este contenido fue publicado el 16 marzo 2003 - 16:37

Desde el abastecimiento hasta los transportes, desde la producción de energía hasta los aluviones, el agua ha marcado la historia del país.

Hablar del papel del agua en el desarrollo histórico de Suiza equivale simplemente a hablar de la historia del país.

La presencia del agua fue determinante para el crecimiento de las poblaciones a partir de la construcción de asentamientos y aldeas neolíticos en las orillas de ríos y lagos.

Fundamental para el abastecimiento hídrico, la vecindad de los cursos de agua cumplió también una función defensiva y favoreció el desarrollo de las comunicaciones y el comercio.

En el transcurso de los siglos, los aluviones y deslizamientos de terrenos contribuyeron a remodelar la trama de los poblamientos transformando el paisaje y obligando al hombre a inventar técnicas para proteger las viviendas y las áreas cultivadas.

De la antigüedad a la Edad Media

Las instalaciones más antiguas para el abastecimiento hídrico descubiertas en Suiza datan de la Edad de Bronce. Sin embargo, el primer desarrollo significativo de la red hídrica tuvo lugar durante la dominación romana, entre el primero y el tercer siglo después de Cristo.

Seis acueductos alimentaban la ciudad de Aventicum, Avenches (al occidente de Suiza). Un acueducto de 10 kilómetros unía Divonne-les Bains (Francia) a la colonia de Iulia Equestris, y un canal transitable de seis kilómetros y medio conectaba la región de Liestal (noroeste) con la ciudad alta de Augusta Raurica (Augst), cerca de Basilea.

En la alta Edad Media, las técnicas de abastecimiento hídrico siguieron aplicándose en los conventos. En las fortalezas, el acceso al agua potable era garantizado mediante pozos a polea y cisternas de agua pluvial.

De las fuentes medievales a los grifos modernos

Sólo a comienzos del siglo XIII las ciudades - comenzando por Berna y Zúrich - construyeron canalizaciones que alimentaban las fuentes públicas y privadas. La administración del agua fue confiada a las comunas.

Penas severas estaban previstas para quienes ensuciasen los pozos o para los sospechosos de hacerlo. Con frecuencia la culpa era atribuida a los judíos y a los leprosos. Las aguas usadas provocaron graves problemas higiénicos al infiltrarse en la tierra y alcanzar las capas freáticas

En la segunda mitad del siglo XIX algunas ciudades suizas crearon sistemas de abastecimiento hídrico moderno. Con un poco de atraso también fueron construidas canalizaciones para evacuar las aguas usadas.

Sin embargo, paradójicamente, en las últimas décadas del siglo, las nuevas redes de distribución ocasionaban aún epidemias de tifo (Por ejemplo, en Lausana, en 1891). Hasta el descubrimiento del germen patógeno del tifo, en 1906, no se veía el peligro de que el agua pudiera transmitir enfermedades.

Al comenzar el siglo XX las casas se dotaron de las primeras instalaciones sanitarias. Estas innovaciones llegaron a las zonas rurales sólo después de la Segunda Guerra Mundial. Entonces aumentó notablemente el consumo de agua potable causando un fuerte impacto ambiental que sirvió de estimulo a la adopción de leyes sobre la protección de aguas.

Irrigación de cultivos

En algunos valles alpinos donde las precipitaciones son escasas se desarrollaron, desde la Edad Media, complejos sistemas de irrigación. Los más conocidos son los del cantón del Valais, llamados 'bisses', en francés, y 'Suonen', en alemán.

Desde finales del siglo XI hay documentos sobre los 'bisses' del Valais, pero otros sistemas de irrigación fueron descubiertos en los cantones de los Grisones y el Tesino. Por el contrario, en las regiones más ricas en precipitaciones los sistemas de irrigación servían para fertilizar pastos y cultivos de grano.

La modernización de la agricultura durante los siglos XIX y XX y la difusión de los fertilizantes químicos después de la Segunda Guerra Mundial ocasionaron la caída de los sistemas tradicionales de irrigación. Al mismo tiempo se difundieron nuevas técnicas de irrigación por aspersión, utilizadas sobre todo en los jardines, centros deportivos y parques.

Transportes y economía

La importancia histórica del agua no se limita, sin embargo, a su empleo como materia prima.

En muchos asentamientos humanos, próximos a ríos y lagos, el agua desempeñó un papel económico fundamental: en la pesca, en el control de la navegación y en la recaudación de derechos de tránsito de mercancías a través de puentes y barcos, y en el aprovechamiento de la energía hidráulica.

En la Edad Media los cursos de agua tenían el mismo estatuto que las rutas libres imperiales. Los transportes fluviales eran controlados por corporaciones ciudadanas de barqueros. Durante los siglos XV y XVI sólo Basilea logró imponer un verdadero monopolio en la navegación sobre el Rin, incluso más allá de sus fronteras.

Con la llegada de los ferrocarriles los transportes fluviales perdieron importancia en la segunda mitad del siglo XIX. El desenvolvimiento de las redes ferroviarias también puso fin al auge temporal que habían tenido las maderas provenientes de los valles alpinos durante
las primeras décadas de la industrialización.

En el avance tecnológico de los siglos XIX y XX el agua desempeñó un nuevo papel en la producción de energía. Las turbinas de las centrales hidroeléctricas substituyeron a las ruedas de los molinos. Diques, represas artificiales y conductos forzados contribuyeron a transformar el aspecto del paisaje alpino.

swissinfo, Andrea Tognina
(Traducción: Jaime Ortega)

Contexto

La historia de la humanidad está íntimamente ligada al agua. Las primeras civilizaciones nacieron a orillas de grandes ríos como el Tigris y el Eufrates, el Nilo o el Huanghe (río amarillo).

La construcción de canales, diques, terraplenes, la distribución del agua potable, la irrigación, la administración de la navegación y del patrimonio pesquero, el cobro de impuestos en puentes y barcos son actividades que exigen formas de organización colectiva del trabajo. Por eso, la administración del agua favoreció la consolidación de las estructuras comunitarias y estatales.

Ya durante el siglo XIX Suiza había discutido sobre la conveniencia de confiar la administración de las redes de distribución de agua a las empresas privadas. Entre la opción pública y la privada prevaleció la primera. Hoy, no obstante, el tema vuelve a ser discutido en Suiza y en el resto del mundo.

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