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El CERN y la física de partículas para torpes

Michel Spiro: “El CERN contribuye a tratar de responder a las preguntas que la humanidad se ha planteado siempre”.

(© CNRS Photothèque / Christophe LEBEDINSKY)

"Si encuentran su bosón de Higgs, ¿qué va a cambiar eso en mi vida?" ¿Podría esta pregunta atemperar el entusiasmo de los físicos que esperan ansiosos los resultados del LHC, su nuevo superjuguete?

Uno de ellos respondió a swissinfo.ch.

A 100 metros de profundidad cerca de Ginebra, haces de protones se precipitan en un tubo de 27 km de circunferencia, a una velocidad próxima a la de la luz. Cuando chocan la energía es tal que la temperatura hace de este diminuto punto de encuentro el lugar más caliente del universo.

Sin embargo, los imanes gigantes que posibilitan estas colisiones mediante la aceleración de las partículas se mantienen a una temperatura cercana al cero absoluto. El LHC es, al mismo tiempo, el horno más potente y el congelador más grande del mundo.

Con excentricidades de este tipo, el mayor acelerador de partículas en la tierra encierra suficiente energía como para alimentar durante mucho tiempo la sección "¿Sabía usted?" de cualquier revista popular. Pero, ¿todo esto para qué? El físico Michel Spiro, presidente del consejo del CERN, da sus respuestas.

swissinfo.ch: La comunidad científica está satisfecha con los resultados iniciales del LHC. Pero fuera de ella, parece ser que nadie es capaz de entenderlos o de imaginarse, por ejemplo, lo que podría ser el bosón de Higgs. Finalmente, ¿para qué sirve la física de partículas?

Michel Spiro: Ayuda a tratar de responder a las preguntas que la humanidad siempre se ha planteado. La problemática fundamental del humano es tratar de comprender, imaginar y pensar el mundo en el que vive.

¿De qué estamos hechos? Precisamente de estas famosas partículas. ¿De dónde venimos? Las colisiones que producimos en los aceleradores reproducen las condiciones del universo tal cómo era hace millones de años. Las leyes de la física y el estudio de los resultados nos han permitido trazar la historia de nuestro universo, que una vez fue tan caliente y denso, que provoca el pensamiento de que procedemos de una especie de explosión llamada 'Big Bang'.

También está la cuestión del futuro. ¿A dónde vamos? Y allí, parece que el espacio-tiempo, el vacío en el que estamos insertados se dilata y el universo tiene la tendencia a enfriarse.

swissinfo.ch: Preguntas, hipótesis y todavía más preguntas ...

M.S.: Sí, todavía hay muchos misterios a los que nos tenemos que enfrentar. ¿Por qué las partículas tienen masa? Eso está lejos de ser algo puramente académico y es lo que hace el universo y, por lo tanto, nosotros mismos podamos existir bajo la forma que conocemos. En teoría, el origen de la masa de las partículas es el famoso bosón de Higgs. Es éste el que confiere al espacio-tiempo una cierta viscosidad, que da esta masa a la materia. Ha existido en las primeras fracciones de segundo del universo y los efectos se dejarán sentir hasta el final de los tiempos.

También hay materia oscura, que no sabemos de qué está hecha y que llena el universo. Y también una forma de energía oscura, que parece acelerar su expansión. Y, sin embargo, el último enigma, el hecho de que normalmente las leyes de la física son simétricas entre materia y antimateria. Pero gracias a Dios, solo se puede ver a nuestro alrededor la materia y no la antimateria. Si hubiera tanta antimateria como materia todo estaría aniquilado y no estaríamos aquí para hablar.

swissinfo.ch: ¿Y qué pinta Dios en todo esto?

M.S.: La física nos permite remontarnos a la historia del universo. Pero no nos engañemos, no podremos llegar a la compresión última del origen. Con la ciencia se tiene un horizonte limitado. Siempre habrá ahí un misterio y en los misterios se oculta la fe, o lo que cada uno quiera pensar.

swissinfo.ch: Volviendo a las realidades mucho más terrenales, como las del hombre de la calle. ¿Le atañen al ciudadano medio sus investigaciones?

M.S.: Sí y doblemente. Por un lado lo que buscamos corresponde a las expectativas de la humanidad, como he dicho anteriormente, pero también por las repercusiones económicas y tecnológicas.

El CERN funciona en forma de colaboración mundial, así fue como se desarrolló la web, que ahora es parte de la vida cotidiana de todos. El LHC, pone en red a los ordenadores de todo el mundo. No podemos decir hoy si se va utilizar masivamente, pero ya es una herramienta colaborativa mundial. Además, en los principios de la web, no se sospechaba que iba a tener tal impacto.

El CERN desarrolla además software libre, así como la electrónica avanzada, cuyos elementos están abiertos a todos. De todo esto pueden salir avances en muchas áreas, incluso lejos de la física de partículas.

swissinfo.ch: El CERN parece burlarse de las banderas y los investigadores no tienen que preocuparse de colmar los accionistas. ¿Estaría usted en los últimos de los idealistas para hacer ciencia solo por el amor al conocimiento?

M.S.: Estamos de pleno en el movimiento de la globalización. Pero en el CERN esto no se basa en la competencia entre empresas. Se trata de una globalización de la colaboración. En el CERN se encuentran en las mismas experiencias a países que a priori son opuestos. Como la India y Pakistán, o como Israel e Irán. Esperamos ver a los palestinos un día. Además acuden a a nuestras escuelas de verano.

Así que sí, efectivamente no se atiende a fronteras, a las diferencias culturales, para tratar juntos de hacer avanzar a la humanidad. Y ¿quién sabe? Quizás un día sea considerado como un modelo para hacer progresar el mundo.

Michel Spiro

Nacido en 1946 en Roanne, en el centro de Francia, asistió a la Escuela Politécnica y recibió su Doctorado en Ciencias en 1970.

Sus primeras investigaciones en física de partículas le llevó a participar en el descubrimiento de los bosones intermedios W y Z.

A continuación pasa al estudio de las partículas del cosmos, incluyendo a los neutrinos solares.

La calidad de sus trabajos le valió el premio Joliot-Curie de la Sociedad Francesa de Física 1983, el Félix Robin de la Sociedad Francesa de Física en 1999 y el de la Asociación Francesa de la Radiación Internacional en 2000.

Actual director científico referente del CNRS (Centro Nacional de Investigaciones Científicas) para la región de los Alpes.

Anteriormente ocupó diversos puestos directivos dentro de la organización francesa. Desde diciembre de 2009, es también presidente del consejo del CERN.

Fin del recuadro


(Adaptación: Iván Turmo), swissinfo.ch

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