El hilo mágico de las marionetas

Instalación interactiva del mundo de la marioneta en el Museo Bellerive de Zúrich. (Imagen: Scheinwerfer) swissinfo.ch

Esas figuras manipuladas con hilos que actúan en el teatro guiñol son, en varias culturas, un reflejo de los hombres, el doble de la persona con otro vestido.

Este contenido fue publicado el 15 julio 2004 - 09:44

Desde las marionetas de los cuentos infantiles hasta los robots accionados en sofisticados ordenadores forman parte de una interesante exposición en el Museo Bellerive de Zúrich.

La poesía de las marionetas o fantoches no se ha perdido aún, en cierto modo siguen haciendo soñar a la gente. A veces provocan inquietud y temor, sobre todo en los últimos tiempos en los cuales el avance tecnológico se ha encargado de producir autómatas capaces de escapar del control humano.

En busca de un origen

La palabra marioneta viene del diminutivo del nombre de María la Virgen. Es una pequeña estatua que guarda una estrecha relación con un mundo en miniatura lleno de juguetes, como el de los niños.

Su magia ha perdurado a través del tiempo a pesar de las manipulaciones de la gran industria que busca otras formas más inmediatas de entretenimiento, cargadas de riesgo y tensión para los chicos o los adultos.

En la exhibición dedicada a la marioneta, en Zúrich, se la puede apreciar desde la entrada misma del museo. Colgadas de un móvil a la Calder, una serie de marionetas como: la bruja mala de los cuentos, el rey, el búho, la princesa o Pierrot que canta a la luna dan la bienvenida al visitante. ¿Quién no recuerda esas figurillas que poblaron los sueños de la infancia?

Los fantoches o marionetas son asimismo un símbolo de personajes sin voluntad, por eso el que los manipula tiene que servirse de hilos para darles movimiento, para que adquieran vida. Son figuras que dependen del antojo de su dueño.

La nueva tecnología de hoy ha hecho desaparecer esos hilos mágicos de las marionetas, sustituyéndolos por otros más sofisticados. Uno de ellos es el famoso ratón de los ordenadores, que con un simple clic nos hace “manipular” (valga el término) una gran cantidad de datos e informaciones.

¿Quién manipula a quién?

De muchos modos la marioneta es la que ejecuta el deseo y el poder de quien la mueve, uno y otro se necesitan para alcanzar sus fines. Así, por ejemplo, el director con su orquesta, el jefe con sus empleados, el director de cine con sus actores o el gobernante con el pueblo.

En las grandes sociedades organizadas ha existido desde siempre un organigrama basado en la jerarquía del más fuerte para manipular a los demás. Esto se ve en especial en la Economía, la Política o la Familia, instituciones de poder por excelencia.

La Iglesia, por su parte, considerada la organización global mayor del mundo, influye de muchas formas en millones de creyentes, así como lo hace también el Ejército para emprender las guerras.

Nadie escapa a la decisión de quien tiene más poder ¿Vivimos en un universo de marionetas? ¿Somos el juguete de otros que llevan los hilos en las manos? Este es el planteamiento fundamental de la exhibición del Museo Bellerive.

La telemanía sin límites

El cine ha sido otro medio para revelar ese deseo de ejercer el poder absoluto sobre los demás.

Personajes memorables como Frankenstein o los autómatas de la película “Metrópolis” son casos únicos del control a distancia que el hombre ha querido tener siempre entre sus propias creaciones, aun cuando éstas, al final, se rebelen contra sus dueños.

En particular en las recientes películas llamadas de ciencia-ficción se ha producido un nuevo personaje que es como una réplica del hombre, digamos su doble. Se trata de un robot, un ser amenazador controlado por botones y cifras conectadas al ordenador que persiguen a su creador hasta aniquilarlo.

En “Allien” o “Terminator”, que forman parte entre otras películas de la exposición del Museo Bellerive, el hombre termina siendo víctima de sus propios descubrimientos.

No perder el control

Al perder la conciencia o el control de sí mismo el individuo se transforma en una especie de fantoche, de ahí que éste sea visto como una metáfora de la psicología humana. “Me dejo llevar como una marioneta”, se oye decir cuando alguien no asume sus responsabilidades y las deja en manos del otro.

En la vida moderna, llena de aparatos cada vez más complejos que cubren necesidades creadas, todos corremos el riesgo de depender cada vez más de lo que la tecnología ha inventado. Habrá que decidirse: controlar o ser controlados.

Al final de esta muestra se presenta una sofisticada marioneta manipulada digitalmente por el mismo visitante. En ella se pueden registrar los estados de ánimo del espectador, como la alegría o la ira que la marioneta recoge en los rasgos de su rostro y en el tono de su voz.

La experiencia no deja de ser inquietante...

La exhibición “Los hilos mágicos de las marionetas” terminará el 12 de septiembre de 2004.

swissinfo, Araceli Rico, Zúrich.

Datos clave

El rey, el búho, la princesa o Pierrot, entre otros del mundo de las marionetas, pueden ser apreciados hasta el 12 de septiembre en Zúrich.

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