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El lanzamiento de víveres alimenta la polémica

Los sacos amarillos arrojados por los aviones estadounidenses contienen cada uno una ración diaria de comida para una persona.

(Keystone)

Las organizaciones humanitarias suizas no son las únicas en oponerse a las represalias de EE UU y al lanzamiento de comida. También la UE se opone.

Manifiestamente, Romano Prodi, presidente de la Comisión Europea, duda también de la eficacia de los lanzamientos de ayuda humanitaria efectuados por Estados Unidos sobre el territorio afgano, paralelamente a su campaña bélica.

"Es evidente que esta ayuda no llegará necesariamente a las personas a las que está destinada", declaró Prodi este jueves, en vísperas de la cumbre europea en Gante, Bélgica.

Confusión entre lo humanitario y lo militar

Los grupos humanitarios tienen la misma opinión. "Los lanzamientos de alimentos son verdaderamente absurdos. E incluso peligrosos", afirma Jean-Marie Dubey, responsable de la fundación suiza Terre des hommes para Oriente Medio y Europa del Este.

Numerosas organizaciones no gubernamentales comparten esta opinión. Muchas critican abiertamente esta confusión entre lo humanitario y lo militar. Insisten en que, sin una planificación en el terreno, los víveres no llegan a aquellos que los necesitan. Y lo que es peor: terminan incluso en manos de los combatientes.

Otra crítica: las raciones no corresponden a las necesidades alimenticias de los afganos. Además, Afganistán es uno de los países más minados del mundo; los lanzamientos de alimentos en lugares indiscriminados corren el riesgo de causar víctimas suplementarias.

La Cruz Roja suiza es más clemente

En Suiza, sólo la Cruz Roja se muestra más clemente. "Hay que mantener la cabeza fría", subraya Ernst Lueber, responsable del programa para Afganistán. "Nuestro papel no es pronunciarnos sobre tales temas. Y ninguna fuente independiente nos podría informar sobre los resultados reales de esas acciones", señala.

La reticencia helvética no es más que un reflejo de la polémica que sacude la comunidad internacional en su conjunto. Oficialmente, el Programa Alimentario Mundial (PAM), que depende de las Naciones Unidas, se felicita de esta iniciativa; pero los voluntarios se muestran escépticos.

"Nuestra posición, la condena, es también la de la mayoría de las ONG aquí presentes", confirma Nathalie Schuard, desde su puesto en Peshawar (Pakistán), donde trabaja para Terre des hommes.

El escepticismo llegó incluso hasta el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). Célebre por su neutralidad, manifiesta claramente sus reservas.

Solución política

Para las ONG, la solución de los problemas afganos no es el lanzamiento de algunos pequeños paquetes amarillos. El apoyo debe ser mucho mayor. Y se necesita además que se busque "una solución política" al asunto. Una frase repetida incasablemente, pero sin efecto.

Se podría tratar, por ejemplo, de abrir un corredor humanitario, como pide Terre des hommes. O autorizar a los refugiados afganos que abandonen Afganistán.

Algunos exigen una solución más radical: que cesen los bombardeos. En Suiza, sobre todo las Iglesias han intervenido en esta dirección.

En todo caso, el trabajo de las ONG en Afganistán se hace cada vez más difícil. Este jueves, la organización de defensa de los derechos humanos, Human Rights Watch, dio cuenta de diversos ataques contra empleados y locales de organizaciones de socorro, en los territorios controlados por los talibán. Estos afirman no estar en condiciones de garantizar la seguridad de los trabajadores de las organizaciones humanitarias.

Caroline Zuercher

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