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El Tercer Mundo no es sólo pobreza

Martial Knaebel, director artístico del FIFF en Cuba.

(Knaebel)

El ahora Festival Internacional de Filmes de Friburgo (FIFF) nació de la idea de mostrar algo más que las carencias de los países desfavorecidos.

La cita, que acerca a las culturas del mundo en desarrollo, permite una mayor comprensión de sus realidades e incita a conocerlos.

“Un festival de cine tiene la responsabilidad social de dar algo a los espectadores, una mejor comprensión, el deseo de comprender mejor... Sí, creo que es más bien ese deseo lo que debemos transmitir. Las ganas que nosotros tenemos de conocer, de saber más...”, apunta Marcial Knaebel, director artístico del FIFF.

En 1980, Helvetas, asociación que apoya proyectos de desarrollo en países desfavorecidos, decidió mostrar la riqueza de su universo:

Bajo la consigna de que “no porque un país es pobre, la cultura de ese país es pobre”, organizó una muestra cinematográfica con cintas del mundo en desarrollo.

La iniciativa, que coincidía con el 25 aniversario de la Organización de la Sociedad Civil (OSC), generó un entusiasmo tal que sus organizadores decidieron intentarla nuevamente. Un segundo éxito coronó la nueva experiencia y decidió la creación del Festival de Filmes del Tercer Mundo.

Una cultura que pocos conocían

La muestra, que en forma original se repetía cada dos años, se hizo anual en 1992 y en 1998 se convirtió en el Festival Internacional de Filmes de Friburgo (FIFF) que este 2004 celebra su 18 edición.

Recuerda el director artístico del famoso encuentro con el séptimo arte que en los años 80 los filmes que provenían de África, de Asia o de América Latina se distribuían muy raramente en las salas cinematográficas.

“Había algunos cine-clubes que hacían venir copias de obras de Solana o de otros realizadores latinoamericanos o africanos pero en sala, en distribución comercial normal, casi no había o bien eran de cines de Hong Kong, más bien películas de karate y cosas así”.

De ahí el interés por un festival que promoviera filmes procedentes de esos tres continentes, mismos que fueron tan bien acogidos que a finales de la década de los 80 se creó una fundación para su distribución: trigon films.

“Ahora las cosas han cambiado, hay muchos filmes que son distribuidos. La televisión muestra películas de esas tres partes, ya no hay problemas de difusión”, asienta Marcial Knaebel.

Con el paso del tiempo, surgieron nuevas razones de ser del festival. Así por ejemplo, a decir del director artístico del FIFF, festivales de la talla de Cannes o de Berlín comienzan a mostrar filmes de la región que nos ocupa pero en forma secundaria.

”El lado obscuro de...” las coproducciones

El talento de los realizadores de los países en desarrollo suele relacionarse en forma inversamente proporcional con sus recursos financieros, lo que les lleva a elaboración de coproducciones con países de bolsillos más abultados.

“Pero el espectador europeo está acostumbrado a cierto género de historias, cierto tratamiento de las historias y el productor querrá que se encuentre eso un poco en la producción. Y muy frecuentemente esas coproducciones hacen que, en alguna parte, haya una pérdida de identidad”.

Explica Knaebel que, finalmente, el coproductor europeo querrá amortizar su inversión y pedirá que haya un cierto criterio europeo de producción que no concierne necesariamente la racionalidad.

Otro aspecto que incide en las coproducciones es que la mayor parte de las realizaciones europeas están pensadas también para la televisión, por lo que hay una manera de filmar que cambia mucho y que hace que algunas veces los realizadores llamados “del Sur” tengan que hacer concesiones.

swissinfo, Marcela Águila Rubín

Contexto

En 1980, cuando se funda el Festival de Filmes del Tercer Mundo, prácticamente no hay distribución de películas del ‘Sur’ en Suiza.

Ese año, para festejar los 25 años de Helvetas, organizaciones de la sociedad civil suizas organizan un circuito de siete películas de Asia, África y América Latina.

Su idea es dar a conocer las riquezas culturales de esos tres continentes. Nace entonces el Festival de Filmes del Tercer Mundo.

Las proyecciones de las cintas logran un éxito tal en la Suiza de expresión francesa que el comité de organización decide renovar la experiencia en 1984.

En 1986, el Festival de Filmes del Tercer Mundo se establece en Friburgo, donde las cintas habían recibido una mayor aclamación.

En 1992, el festival se hace bianual y un año más tarde recibe el galardón de la Década Mundial del Desarrollo Cultural atribuido por la UNESCO.

Ese mismo año tiene lugar la primera competencia oficial por el Premio de Ayuda a la Distribución.

En 1998 se convierte en el Festival Internacional de Filmes de Friburgo.

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