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Emigrar a cualquier precio

Madeleine Rumpf, de 'Guatemala Netz', dialoga con Rudy Miguel swissinfo.ch

Entre 180 y 200 guatemaltecos quisieran salir diariamente con rumbo a Estados Unidos para escapar a la pobreza.

Este contenido fue publicado el 27 septiembre 2002 - 08:20

Hay otros que por sus convicciones ven en el exilio el último recurso.

Rudy Miguel tiene 25 años, estudiaba Derecho en Guatemala y cooperaba en los trabajos de recuperación de la memoria histórica reciente de su país, hasta que la incómoda situación lo puso ante la puerta del exilio. Hoy vive en Alemania, donde pretende concluir su interrumpida carrera.

"He tenido que salir de Guatemala por la situación política, pero quienes abandonamos nuestra tierra no hemos dejado de seguir en contacto con el país, con la gente que está sufriendo todavía, desdichadamente, después de la firma de la paz", declara Miguel a swissinfo.

Para denunciar la reaparición de la tortura y la represión, Miguel cita la mutilación de un dirigente indígena del Quiché. "Es triste que los campesinos deban ver morir a sus líderes en la lucha por los derechos de los pueblos", concluye.

Destino anhelado: la tierra del Tío Sam

La diócesis de San Marcos, en el departamento del mismo nombre, hace frontera con México y desde esa posición presencia el drama humano de emigrar a cualquier precio. México deportó en el 2001 a 180.000 centroamericanos y ecuatorianos que no lograron llegar a Estados Unidos.

Con los sueños rotos terminan a veces en manos de narcotraficantes, traficantes de armas o de seres humanos. Además de denunciar la situación, monseñor Alvaro Ramazinni atiende a esas víctimas de las desigualdades ofreciéndoles un centro de acogida temporal, comida y consuelo.

Cuando la pobreza aprieta, no hay tiempo para medir los peligros. Este paso desesperado también es parte de la realidad actual de Guatemala.

Impedir el olvido

Alma Noser, coordinadora para Guatemala en Amnistía Internacional-Suiza, insiste en que al resurgimiento del miedo se suman los efectos perniciosos de la crisis cafetalera, porque muchas fincas despiden familias enteras de trabajadores campesinos.

"Lo peor sería que pierdan la esperanza de que el mundo se interesa por ellos", sentencia, al tiempo de sugerir que el Gobierno de Berna condicione su ayuda al respeto de los derechos humanos, y que quienes viajen a Guatemala conversen con la gente y les transmitan confianza.

"Nosotros (Amnistía Internacional) tratamos de mantener el interés de seguir informándonos y escribiendo cartas de protesta. Sabemos que estas acciones son importantes para las personas allí. Aunque no recibamos reacción de los gobernantes", precisa Alma Noser.

La coordinadora de Amnistía para Guatemala insta a los suizos a demostrar su solidaridad, adquiriendo productos con el sello de comercio equitativo 'Havelaar' (café, bananas, etc) y consolidando hermanamientos entre pueblos y municipios.

"Hacemos todo para que (Guatemala) no caiga en el olvido", concluye Alma Noser.

Juan Espinoza

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