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Entre la ley de Dios y las leyes suizas

"Yo sé lo que es sentirse extranjero", sentencia el padre Francisco Gmür. R. A. Fierro

Antes de la pasada Navidad, Francisco Gmür contó al Obispo de la Diócesis de Basilea que se había casado.

Este contenido fue publicado el 27 febrero 2005 - 14:48

Kurt Koch reaccionó "con apertura y comprensión". Desde otros frentes más terrenales, las críticas y los lamentos no se hicieron esperar.

Mientras algunos amigos le llamaron "profeta en Basilea" - algo que no disgusta a Gmür – otros le decían "Ay Francisco, pobrecito, qué has hecho". Con este matrimonio, "otros tienen más problemas que yo", dice este sacerdote acostumbrado a los enfrentamientos.

Gmür había chocado antes con algunos miembros de su Iglesia por haber abordado en su prédica temas "que no son netamente de la Iglesia, sino de la sociedad, de la política". Pero la Teología de la Liberación ve al ser humano como un todo, no lo divide por religión, cultura, mentalidad", afirma.

El sacerdote es consciente de que el suyo es un matrimonio controvertido, pero el volvería a dar este paso "de conciencia".

Tan pronto como el hecho salió a la luz pública, Markus Borner, presidente de los "Suizos Demócratas" presentó una interpelación al gobierno de Basilea para saber si este matrimonio era válido, para que en adelante no haya más 'abusos’.

Para el gobierno mi matrimonio es válido, no tengo ninguna duda o queja pendiente.¿Qué tiene que pasar para que sea válido o ficticio?, se pregunta Gmür. Las ideas polarizadas son el denominador común en este tema.

Iglesia vs Estado

Si el matrimonio Gmür-Flores ha infringido las leyes de migración es para Luzi Stamm, "una cuestión tan delicada como antigua. ¿Qué pasa si la Iglesia no se identifica con la política del Estado y además asume medidas para obstaculizar o infringir esta política?, se pregunta.

"La pregunta es de nuevo actual cuando un párroco ostensivamente abre su Iglesia para solicitantes de asilo rechazados o, como en este caso, contrae matrimonio con una de esas personas. Un Estado de derecho no puede permitirse algo así", dice Stamm, político de la Unión Democrática del Centro.

Excepciones son, según el presidente de la Comisión de Asuntos Jurídicos del Parlamento, situaciones extremas como en el Tercer Reich. "Pero en el entorno y en la Suiza actual no puede aceptarse que no se imponga el derecho".

"Ocuparse de los refugiados tiene costos muy altos. La ayuda en sus lugares de origen hoy es posible (lamentablemente ésta es aplicada aún en pequeña escala). Por tanto, no podemos aceptar que personas rechazadas permanezcan aquí ilegalmente".

Si un matrimonio sólo tiene el fin de evitar una expulsión, debe ser considerado nulo. Y el caso descrito me parece que se trataría de un matrimonio que ha abusado de las leyes. Si es así, debe ser declarado nulo y, en consecuencia, no puede haber derecho a la permanencia en el país, concluye Stamm.

No a las leyes inhumanas

Cécile Bühlmann juzga este caso desde un ángulo totalmente distinto. "Francisco Gmür ha obrado correctamente. Con este matrimonio ha evitado que una mujer 'sin papeles’ y los hijos de ella regresen a la miseria. Visto sólo legalmente, se trata de un matrimonio ficticio, pero yo lo llamaría un "matrimonio conveniente", y aquí el fin justifica los medios".

Desearía que hubiera más gente como Gmür, que antepone la compasión a las leyes. Si una ley es inhumana, no debe ser respetada. Francisco Gmür lo ha hecho ¡mis respetos!", señala la consejera nacional del Partido Verde.

Philipp Müller, consejero nacional por el Partido Liberal, hace primero una valoración política del caso. "En principio, una persona puede casarse con otra, si así lo desea, sin tener que justificar sus móviles frente a alguna autoridad. Por tanto, un sacerdote católico puede remitirse al artículo 14 de la Constitución Federal y casarse".

Pero, aclara, es extremadamente perturbador que en este caso se pasen por alto, de manera consciente y calculadora, leyes y directivas promulgadas democráticamente.

"Tal proceder es condenable y altamente problemático, pues socava conscientemente el estado de derecho. Cada extranjero que se atiene a nuestras disposiciones debe sentirse tratado como tonto".

Suiza: un refugio hace mucho tiempo

Suiza siempre estuvo orgullosa de su tradición humanitaria, y con razón, señala Müller. "Sin embargo, crecientes problemas en la expulsión han ocasionado que cada vez más solicitantes de asilo – por encima de regulaciones humanitarias – reciban un permiso de permanencia, aunque en sus países sus vidas no estén amenazadas de acuerdo a la legislación sobre asilo".

Así, en los últimos cuatro años – además de los alrededor de 7.000 refugiados reconocidos – se han otorgado más de 30.000 permisos de permanencia a solicitantes de asilo. Esto a pesar de que esas personas no habían cumplido o casi no habían cumplido las condiciones para ser refugiados, dice el político liberal.

Según el Derecho de Extranjería, continúa Müller, no existe ningún derecho al otorgamiento y prórroga del permiso de residencia al cónyuge extranjero de un ciudadano suizo si el matrimonio ha sido contraído para eludir las ordenanzas sobre permanencia y establecimiento de extranjeros y, en particular, aquellas sobre la limitación del número de extranjeros.

Esto incluye al matrimonio ficticio, en el cual los cónyuges, de antemano, no proyectan una verdadera comunidad matrimonial. Pero aún cuando el matrimonio haya sido contraído no sólo en apariencia, ello no significa concluyentemente que el cónyuge extranjero deba ser autorizado a permanecer en el país sin considerar el siguiente desarrollo del matrimonio.

Un matrimonio que abusa del derecho es aquel del extranjero que en un procedimiento de la Policía de Extranjeros se remite a un matrimonio que sólo es formal o que es mantenido con el único objetivo de posibilitar al extranjero un permiso de permanencia. Este objetivo es contrario al artículo 7 de la Ley de Extranjería, explica Müller.

Aplicado al caso del sacerdote católico, esto significa la oficina de migración competente tiene que probar y decidir, si con su matrimonio, Gmür quiere invalidar o no esta jurisprudencia del derecho federal. La pregunta no se deja responder sin conocimientos más cercanos de las actas, concluye Müller.

Una señal de humanidad

Para Remo Gysin, consejero nacional por el Partido Socialista (PS) Gmür da una señal de extraordinaria y clara de humanidad y solidaridad con su matrimonio. "Como sacerdote, con este gesto refuerza también la credibilidad de la Iglesia en su compromiso social contra la pobreza y a favor de mujeres y niños necesitados".

Este hecho refleja la situación indigna en la que están los 'sin papeles’, dice Gysin. "Mientras en Ginebra el gobierno está a favor de una legislación para la permanencia de muchos 'sin papeles’, en Basilea un director del Departamento de la Policía actúa restrictivamente. Hace poco, bajo su dirección, niños ecuatorianos fueron perseguidos y encarcelados".

Ojalá que la señal dada por este sacerdote sea entendida como una "señal de alto", enfatiza Gysin. "El ha actuado con compasión y en el marco de la legalidad. Hasta donde se, vive con su esposa y los hijos de ella en la misma vivienda. Entonces, ¿qué molesta a sus críticos?"

Silvia Schenker, consejera nacional del PS, se alegra como católica que la Iglesia reaccione con valentía y resistencia al creciente endurecimiento en la política de asilo, en este caso y en otro en el que la Parroquia San José en Basilea, ha abierto a 'sin papeles’ su Casa de Asilo".

Empero, considera que éstas son soluciones individuales que sólo favoren a los que tienen la suerte de encontrar personas valerosas. "Se necesitan soluciones a mayor nivel y espero que el Partido Demócrata Cristiano apoye las peticiones de los partidos Socialista y Verde. Entonces una Ley de Asilo humana puede encontrar mayoría en los Consejos Federales"

Este reportaje continúa en Más sobre el tema.

swissinfo, Rosa Amelia Fierro

Datos clave

La acción humana del sacerdote Francisco Gmür polariza las opiniones en Suiza.

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