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Exposición en Zúrich Barroco vigoroso, de Cattelan a Zurbarán



Pieter Aertsen, La Carnicería (1551-55), óleo sobre madera.

Pieter Aertsen, La Carnicería (1551-55), óleo sobre madera.

La muestra en el Museo de Arte de Zúrich confronta obras del siglo XVll con creaciones contemporáneas. La exposición abarca obras de grandes maestros, desde el italiano Maurizio Cattelan (1960) hasta el español Francisco de Zurbarán (1598-1664).

El contemporáneo y el barroco son dos momentos imprescindibles en la historia del arte occidental, que la curadora Bice Curiger ha escogido para enfrentarlos en un fecundo y apasionante intercambio de ideas.

Cuadros, esculturas, instalaciones, vídeos y fotografías, se dan la mano de forma estimulante y a veces provocadora, creando contrastes y puntos de convergencia para establecer acaso una nueva dimensión del presente hacia el pasado, y definir la vida por medio de la creación artística.

Una vitalidad precaria

Titulada Deftig Barrock, la exposición pone el acento en el término deftig’, que en alemán designa todo aquello que es sólido, potente, brusco, tosco o vigoroso.

El arte de esta muestra cumple, efectivamente, con todo un programa barroco en su orientación y proximidad con la vidareal, con la experiencia cotidiana e inmediata, dejando a un lado la noción estrecha de un determinado estilo artístico florido, pomposo y lleno de oropeles.

Las creaciones de los numerosos artistas contemporáneos y del siglo XVll proclaman en cierto modo un manifiesto de la precariedad, como da a entender el subtítulo de la exposición.

Se trata de una precariedad en el sentido de que las obras hablan a su manera de una vitalidad perdida y amenazada, en la cual el sufrimiento y el humor se entrelazan, e incluso la muerte es un tema omnipresente.

Teatralidad y risas irónicas

En Europa, durante el siglo XVl, la pintura, la escultura y la arquitectura, creadas bajo el fervor de la Contrarreforma de la Iglesia Católica, dieron paso a una visión sensual y dinámica del mundo, que más adelante desembocaría en la teatralidad de las sociedades barrocas.

La exaltación del placer de los sentidos, el despilfarro de una infinidad de formas, la sensación de lo fugaz y lo fortuito, pronto despertó en el hombre el sentimiento de vivir en una realidad inestable, frágil y en peligro de desaparecer.

Esta idea florece en las naturalezas muertas del siglo XVll, que representan espléndidos buqués de flores cuyos pétalos empiezan a marchitarse; o bien las llamadas  Vanitas, género particular de la naturaleza muerta con implicaciones filosóficas, en las cuales la imagen de un cráneo conduce a reflexionar sobre el triunfo de la muerte sobre la vida.  

Sin embargo, como una contraposición extrema al fluir angustioso de la vida humana, que proclamaba el barroco sombrío y tenebroso de épocas pasadas, surge un gesto burlón y chistoso del zuriqués Urs Fischer, con su curiosa escultura móvil llamada Noisette (2009).

Se trata nada menos que de una lengua de persona, hecha con un material mórbido para dar la impresión de un cuerpo carnoso, casi vivo. La lengua, imperceptible para el espectador no avisado, sale y se esconde juguetonamente de un hueco perforado en la pared de uno de los pasillos del museo, pareciendo reírse o burlarse del  público y cancelar así, con una mueca, la solemnidad que se tiene frente al quehacer artístico.

El cuerpo, protagonista de toda gran obra

La confrontación del arte barroco con los artistas de hoy en esta muestra parte de un principio de montaje más bien cinematográfico, en el que las creaciones de unos y otros se acercan y se fecundan, dejando ver sus afinidades y diferencias con el fin de proporcionarle al visitante una mirada nueva y fresca.

Esto sucede justamente con la composición espectacular de Maurizio Catellan de 2007, Sin título.

La figura de una mujer aparece de espalda y clavada, sujetos los brazos y las piernas por unos soportes de madera y tornillos, que se insertan sobre una plancha  de madera rectangular. Con esta posición teatral y heroica, el personaje parece querer impedir a toda costa el paso a quien supuestamente viene detrás de ella.

En este trabajo de Maurizio Catellan, las reminiscencias de una cierta crucifixión no se descartan en ningún momento. La mujer, aunque vista de espalda y con los brazos abiertos, pone en tela de juicio el icono de la crucifixión, tan llevado y traído por elBarroco, al transformarse en un Cristo moderno y, además, femenino.

Al presentar bajo esta perspectiva cuadros, esculturas, instalaciones y vídeos de autores contemporáneos, la curadora Bice Curiger se propuso dar una visión de la historia del arte, sin tener que recurrir necesariamente a épocas remotas, como suele hacerse normalmente, sino sumergirse en el presente para valorar a los maestros del pasado.

Préstamos de museos internacionales

Las obras elegidas para esta exposición temática del Museo de Arte de Zúrich provienen de pinacotecas valiosas como el Museo del Prado de Madrid, de la National Gallery de Londres y del Kunsthistorisches Museum de Viena, así como de colecciones particulares.

La muestra, ‘El Barroco vigoroso – de Catellan a Zurbarán. Manifiesto de la vitalidad precaria’, terminará el 2 de septiembre de 2012.

Datos clave

El Barroco vigoroso – de Catellan a Zurbarán. Manifiesto de la vitalidad precaria’, está abierta al público hasta el 2 de septiembre de 2012.

La muestra en el Museo de Arte (Kunsthaus Zürich) confronta, en un diálogo apasionante, obras de maestros del siglo XVll con creaciones de artistas contemporáneos.

La exposición presenta un total de 17 maestros de la época barroca, entre holandeses, italianos y españoles: Pieter Aertsen, Dirck van Barburen, Adrian Brouwer, Peter Paul Rubens, Alessandro Magnasco, Bartolomeo Passerotti, José de Ribera, Francisco de Zurbarán, entre otros.

Entre los 16 creadores contemporáneos que participan en la exhibición figuran: Maurizio Catellan, Urs Fischer, Oscar Tuazon, Marilyn Minter, Albert Oehlen, Juergen Teller, Tobias Madison, Nathalie Djurberg, y varios más.

El concepto de esta audaz muestra, realizada por la curadora Bice Curiger, ha despertado el interés de otros museos como el Guggenheim de Bilbao, que la presentará en 2013.

Entre las obras que se exhibirán en España, hay cuadros de la colección de arte barroco del Museo de Arte de Zúrich.

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