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FARC: en Lausana, "responsable diplomático"

Columna de las FARC durante una práctica en La Macarena, al sur del país. Keystone Archive

Presunto representante de la primera fuerza insurgente colombiana, asegura que Suiza permite su presencia en este país dado que "aquí no soy un dirigente militar".

Este contenido fue publicado el 15 marzo 2007 - 18:03

En entrevista con el diario 'Le Temps', "Simón González" habla del ideario político de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

"¿Su trabajo es legal?", inquiere el diario.

"Sí, Suiza acepta que un representante de las FARC esté en sus tierras (sic) puesto que mi papel es diplomático. Aquí, yo no soy un dirigente militar", responde "González".

En su edición de este jueves, el diario ginebrino 'Le Temps' publica una entrevista con el que sería "el único miembro oficial de las FARC en Europa".

Afincado en Lausana, "Simón González" (alias acordado para la entrevista) se presenta como "el jefe de la delegación diplomática de las FARC" a las que dice representar ante los gobiernos de diferentes países, personalidades públicas y jefes de empresa.

Un Estado dentro del Estado

"Mantengo relaciones con esas personas como si las FARC fueran un Estado de pleno derecho, un Estado dentro del Estado colombiano", señala. "Tengo el rol de embajador, pero de un gobierno que no es reconocido".

'Le Temps' asienta que para decidir la publicación de la entrevista efectuó una verificación, ante diversas fuentes, sobre la identidad del interlocutor, que habría sido víctima de tres atentados en su país y que habría llegado a Suiza a los 21 años (hoy tiene 35) como refugiado político.

Según su propio testimonio, "Simón González", amén de las conversaciones se ocupa de organizar ayudas logísticas humanitarias, realiza un trabajo de información y se encarga del contenido del sitio oficial de las FARC en Internet (establecido en Suiza).

La paz, pero...

A la pregunta sobre el futuro que desean las FARC -primera fuerza insurgente de Colombia-, el entrevistado responde: "Queremos la paz, pero no a cualquier precio. Luchamos para la construcción de 'la Nueva Colombia, con un gobierno pluralista y un plan de reconstrucción y reconciliación nacional".

La entrevista aborda igualmente el papel de Suiza como "facilitador" para la paz en ese país (golpeado por más de cuatro décadas de lucha armada) y para el canje de rehenes (57 personalidades en manos de las FARC) por presos (600 guerrilleros). Refiere que las dos partes en conflicto (gobierno y FARC) "tienen confianza en Suiza".

Los rehenes

Sobre la situación de los rehenes, entre los que se halla la ciudadana franco colombiana Ingrid Betancourt -en el momento de su secuestro candidata a la presidencia de Colombia-, asegura que "tienen los mismos alimentos, los mismos medicamentos, los mismos derechos que los miembros de las FARC".

Añade que las personas retenidas por las FARC viven "desperdigadas en la selva, pero seguramente en mejores condiciones que los prisioneros de nosotros".

La entrevista concluye con la ratificación de que un canje parcial es imposible y que está fuera de discusión intercambiar sólo una parte de las personas retenidas.

swissinfo

Contexto

Junto con otros nueve países –Canadá, Cuba, España, Francia, Italia, Suecia, México, Noruega y Venezuela-, Suiza participa como 'facilitador' en los procesos tendientes a lograr la pacificación en el país sudamericano.

Con más de 40 millones de habitantes, Colombia es escenario de conflictos internos que se prolongan ya por espacio de más de cuatro décadas.

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Esfuerzos de mediación

En el verano del 2005, España, Francia y Suiza decidieron actuar de manera conjunta para facilitar la discusión de un acuerdo humanitario y relanzar el proceso de paz en Colombia.

Ese grupo de países propuso al gobierno colombiano y a las FARC un dispositivo de seguridad para favorece un acercamiento tendiente a lograr conversaciones directas entre colombianos.

El objetivo inmediato era lograr un acuerdo humanitario para la liberación de personas secuestradas. Empero, el canje no ha podido llevarse a cabo.

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