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Fiestas de la vida y la muerte

Una mezcla de tradiciones se presentan en los festejos de "Halloween" que comienzan ha ganar popularidad en Suiza. Keystone

Los días de Halloween, de todos los santos y de los difuntos recuerdan el pasaje del otoño al invierno en un país con numerosas tumbas ilustres.

Este contenido fue publicado el 27 octubre 2000 - 17:21

En estas fechas de tránsito hacia el invierno europeo, el calendario suizo comparte con el resto del mundo occidental tres celebraciones cuyo denominador común es la vida y la muerte. El primero de noviembre, día de todos los santos, el dos de noviembre, día de los difuntos, y, desde hace algunos años, el 31 de octubre, día de Halloween.

Popularizada por el cine y la televisión estadounidenses, la fiesta de Halloween, parodia de la muerte; con máscaras de ogros, brujas y lobos y calabazas color de otoño, es, en opinión de los expertos, el retorno de un ritual de origen céltico llevado a América por inmigrantes irlandeses.

Contracción inglesa de la expresión "All Hallow Eve", víspera de todos los santos, la celebración fue transformada por la iglesia, en los siglos VII y IX en fiesta de los santos y de los muertos.

"Los vivos cierran los ojos de los muertos y los muertos abren los ojos de los vivos", recuerda la memoria popular europea. Historiadores y etnólogos señalan que el culto de los ancestros está presente en todas las culturas y que la iglesia se adaptó a las fiestas paganas para dar un sentido cristiano a las tradiciones profanas.

El dos de noviembre, cuando el mundo cristiano celebra la memoria de sus mártires y difuntos, los cementerios suizos son también muy frecuentados porque reúnen a muchos personajes ilustres.

En el cementerio de Fluntern, en Zúrich, a menudo hay una nueva rosa sobre la sepultura del escritor irlandés James Joyce. En otro cementerio zuriqués está enterrado el escritor alemán Thomas Mann y en la Suiza de expresión italiana son numerosas las visitas a la tumba de Herman Hesse.

Charles Chaplin y Erik Maria Remarque también fueron enterrados en Suiza. En dos cementerios de Berna descansan el pintor Paul Klee y el anarquista Bakunin. En Ginebra, a pocos metros de la que se supone es la tumba del reformador Calvino, yacen los restos del argentino Jorge Luis Borges.

Las tumbas de Henri Dunant, Pierre de Coubertin, Coco Chanel, Richard Burton, David Niven y Audrey Hepurn figuran entre las más visitadas por dolientes, turistas y curiosos.

Muchas figuras conocidas encontraron su última morada en Suiza. Sin embargo, en los cementerios suizos no hay lugar para grandes mausoleos o tumbas ostentosas. Obedecen a reglas estrictas según las cuales en la muerte no hay diferencias.

Jaime Ortega







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