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Histórico: Suiza entra a la ONU

La Confederación Helvética toma el camino del organismo mundial

(Keystone Archive)

Un cómodo respaldo de los electores (55%) y el apretado 'sí' de los cantones (12-11) abren a Suiza la puerta oficial de Naciones Unidas. No pasó, en cambio, la propuesta de reducir a 36 las horas de trabajo semanal.

Alivio y satisfacción en el Consejo Federal tras el resultado final, que confirma la pertinencia de su política exterior con respecto a la futura situación del país en Naciones Unidas, donde, junto al Vaticano, ocupa el protocolar estatuto de observador.

"Si hay un ganador en esta consulta, ese es nuestro país", sostuvo ante la prensa el ministro de Relaciones Exteriores de Suiza, Joseph Deiss, para precisar que "esta decisión obliga al Consejo Federal a defender mejor los intereses nuestros y de todos (del mundo)".

Como era de esperar, la conclusión de Christoph Blocher, convencido adversario de formar parte de la ONU, admitió la derrota al señalar: "lamento el resultado, porque Suiza es la que pierde. Tendrá consecuencias económicas, sociales y políticas". Adelantó que su partido mantendrá su línea de objeción en la materia.

Contrastando con esta apreciación, Adolfo Ogi, ex presidente de Suiza y actual asesor especial del secretario general de la ONU, Kofi Anan, para asuntos del Deporte, puso de manifiesto que "una negativa en las urnas hubiera perjudicado la imagen de Suiza en el mundo", y que: "ahora volveremos a ser tomados en cuenta".

Cambio de rumbo

El saldo de la consulta de este domingo pasa página y abre otra de la historia política de Suiza, porque la Confederación se incorporará con derechos y obligaciones plenas al seno del organismo mundial, integrado actualmente por 189 Estados.

La concretización de esta meta central de la política exterior del Ejecutivo suizo, confirma que las explicaciones y el mensaje del sector favorable al ingreso llegaron a su destinatario: el ciudadano, desvirtuando los temores que en 1986 provocaran el rotundo 'no' en las urnas.

El suspenso creado por aquel antecedente negativo y la vigencia de algunos valores demasiado arraigados, particularmente el de la neutralidad y la soberanía, se mantuvo hasta conocer el recuento de los cantones, instancia decisiva en el mecanismo denominado "Doble Mayoría", es decir la de los votantes y la de los cantones.

Campaña acertada

Salvo la Unión Democrática de Centro, los otros tres de los cuatro partidos integrantes del Gobierno Federal (Partido Radical, Partido Demócrata Cristiano y Partido Social Demócrata) respaldaron la iniciativa de entrada a la ONU, y en ese afán contaron con posiciones similares de diversos sectores de la sociedad, entre ellos de los empresarios y de los suizos del extranjero.

El enfoque de su campaña radicó esencialmente en la similitud de objetivos de la política exterior de Suiza con los enunciados de la Carta de Naciones Unidas, la posibilidad de influir en el organismo mundial y de resolver, junto con los otros Estados, los grandes retos financieros, ecológicos y humanitarios del planeta.

Al quedar claro que el formar parte plena del organismo mundial es compatible con la neutralidad y la soberanía del país, una respetable mayoría de los electores y una ceñida de los cantones dejan la trinchera del aislamiento.

No cabe duda que la Unión Democrática de Centro y la denominada 'Asociación por una Suiza Neutral e Independiente', cabezas del sector contrario al ingreso, multiplicarán -como lo han anticipado-, su actitud de vigilancia a los futuros pasos del Consejo Federal en los trámites formales de ingreso al organismo mundial.

No a la reducción de las horas de trabajo

No causó sorpresa el rechazo claro de los electores (75%,) y de todos los cantones a la iniciativa que proponía reducir a 36 el número de horas de trabajo semanal. "Por lo visto, el pueblo y los cantones han considerado la propuesta como un paso demasiado grande", señaló el dirigente sindical Vasco Pedrina para ilustrar la percepción del asunto.

En realidad, la misma Unión Sindical Suiza, USS, promotora de la iniciativa pareció convencida de las pocas perspectivas electorales de la idea destinada, en su concepción, a crear mayor número de puestos de trabajo y favorecer mayor tiempo de ocio para los trabajadores.

Tres tentativas similares, desde 1958, corrieron la misma suerte en las urnas. La USS espera que, a pesar del revés, la iniciativa promueva el debate sobre este asunto.

Juan Espinoza

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