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Holocausto Ana Frank y Suiza: una historia trágica

Anne Frank 1941

Ana Frank en 1941, a los 12 años.

(Universal History Archive / akg-images)

El destino de la joven judía Ana Frank, que escribió un diario en un escondite de Ámsterdam durante la Segunda Guerra Mundial, está trágicamente ligado a Suiza. Una exposición en Basilea muestra cómo su padre, Otto Frank, contribuyó a la fama mundial de ese documento desde Suiza.

Cuando el arrendatario de los Frank entró en el apartamento de Ámsterdam el 6 de julio de 1942, descubrió un gran lío y una carta en la que la familia le pedía que se ocupara del gato. El hombre dedujo que la familia Frank había huido a Suiza. Sus amigos y conocidos llegaron a la misma conclusión tras esa desaparición tan de la noche a la mañana.

La Noche de los Cristales

En la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938, se desató la violencia naziEnlace externo contra los judíos a través de Alemania. La Noche de los Cristales marca el inicio de la Shoah (genocidio de los judíos). En recuerdo de esos terribles acontecimientos de hace 80 años, las sinagogas de Basilea, Berna, Ginebra, Lausana y Zúrich se iluminarán el 8 de noviembre de 2018.

Fin del recuadro

Suiza era, en ese momentoEnlace externo, el único país de Europa Central que no estaba ocupado por la Alemania nazi. Muchos judíos trataban de escapar hacia él. Miembros de la familia de Ana Frank hacía años que habían salido de Alemania en dirección de Suiza. Ese podría haber sido un lugar de refugio para Ana Frank. Aquellos que tuvieron la fortuna de ser recibidos por la Confederación sobrevivieron al genocidio.

Pero los Frank no llegaron a Suiza. Se escondieron en un espacio de tres niveles, por encima y detrás de las oficinas de la empresa de Otto Frank en Ámsterdam, a la que llamaron anexo secreto. Esa era la segunda vez que Suiza casi habría podido, pero solamente casi, salvar a Ana Frank, como lo veremos pronto.

Elección equivocada

Ana Frank nació en Fráncfort del Meno en 1929. Cuando los nacionalsocialistas obligaron violentamente al alcalde judío de la ciudad a dimitir en 1933 y lo reemplazaron por un nazi, los judíos de Fráncfort se dieron cuenta de que no tenían futuro en la Alemania nazi. Los que vivían en el resto del país subestimaron el peligro. “Los judíos de Berlín, por ejemplo, residían en una ciudad conocida por su cultura subversiva de izquierda, que era el centro principal del cabaré político. Tal vez por eso mucha gente vaciló en emigrar”, explica Naomi Lubrich, directora del Museo Judío de Suiza.

Exposición en Basilea

Hasta el 13 de enero de 2019, el Museo Judío de SuizaEnlace externo en Basilea presenta la exposición ‘Das Tagebuch. Wie Otto Frank Annes Stimme aus Basel in die Welt brachte’Enlace externo (‘El diario. Cómo Otto Frank hizo escuchar la voz de Ana en todo el mundo desde Basilea’). La muestra cuenta la historia de la familia Frank y la del diario que, desde Basilea, adquiere fama mundial.

Fin del recuadro

Otto Frank y su familia piensan en una nueva vida en el extranjero. La madre y la hermana de Otto, así como su marido e hijos, emigran a Suiza. Un hermano halla refugio en Inglaterra; otro en París. Otto Frank apuesta al país equivocado. Opta por Holanda con la intención de fundar en Ámsterdam una filial de la sociedad Opekta, que produce un gelificante para mermelada.

“En 1933, todavía no estaba claro qué país - Suiza o los Países Bajos - ofrecería más seguridad”, revela Lubrich. Era difícil elegir una nueva patria: “La guerra aún no había estallado. Era como jugar a la ruleta”, agrega. “Si Otto Frank hubiera sabido que Suiza era más segura, habría intentado establecerse en ella”.

Imagen de Ana Frank en Museo de Basilea

Exposición en Basilea.

(Sibilla Bondolfi / Swissinfo)

En el corazón de los países en guerra, Suiza también se encuentra bajo presión. “Durante la guerra, la gente de Basilea nunca se sintió realmente segura con Alemania tan cerca”, anota Lubrich. Cuando Alemania invade los Países Bajos, Otto Frank no planea huir a Suiza, pero en 1941 intenta obtener visasEnlace externo para su familia con el fin de emigrar a Estados Unidos o a Cuba. En vano.

Otto Frank y sus colegas disponen un escondite en el inutilizado anexoEnlace externo de la empresa. Los Frank se refugian ahí con otra familia en 1942. Durante dos años, ocho personas viven en esas cuatro piezas en las que Ana lleva un diario. En agosto de 1944, la Gestapo encuentra el escondite. Traición o casualidad: la causa de este descubrimiento aún no se ha establecido.

Maqueta del inmueble donde se escondió la familia Ftank en Ámsterdam.

La exposición muestra una maqueta del inmueble en el que se escondió la familia Frank en Ámsterdam.

(Sibilla Bondolfi / Swissinfo)

Las familias son deportadas a Auschwitz. Ana y su hermana Margot sucumben al tifus en Bergen-Belsen (Alemania). Los demás son gaseados, arrojados desde un tren en movimiento o muertos de hambre y cansancio. Solamente Otto Frank sobrevive. A su regreso a Ámsterdam, su secretaria, que había ayudado a las familias escondidas, le entrega el diario de Ana. Lo había encontrado en el escondite tras el arresto y lo había guardado en casa.

Refugio en Suiza

Cuando en 1945 Alice, madre de Otto Frank, se entera de que este perdió a su mujer y a sus dos hijas en los campos de concentración, le escribe: “No teníamos ni idea sobre su terrible destino”. Ella y los miembros de la familia que viven en Suiza sobreviven ilesos a la guerra.

El Fondo Ana Frank en Basilea

Otto Frank crea el Fondo Ana FrankEnlace externo en Basilea en 1963. Designa a la institución, que también posee todos los derechos de autor de su hija, como su legataria universal. La organización caritativa cumple misiones sociales y culturales bajo el espíritu del mensaje de Ana Frank. En particular, apoya proyectos de paz que acercan a jóvenes judíos y palestinos.

Fin del recuadro

Después de la guerra, Otto Frank se muda a la casa de su hermana en Basilea, donde vive durante diez años. En 1979, en una entrevista con la revista ‘Basler Magazin’, declara: “Ya no puedo vivir en Holanda. Cada vez que viajo a ese país, los recuerdos vuelven a mí y no puedo soportar ese peso”. Se va a Suiza porque allí viven su madre y sus hermanos y hermanas. “Encontré aquí la paz interior necesaria para efectuar, desde 1947, todo el trabajo relacionado con el libro”.

Más tarde, Otto Frank se traslada con su nueva esposa a Birsfelden, cerca de Basilea, donde responde las cartas de lectores de todo el mundo. Está enterrado en el cementerio local. En 2009 se inaugura una Plaza Ana Frank en el municipio, tras la negativa de Basilea de honrar a la joven de la misma manera.

Querella

La historia de Ana Frank y Suiza no termina ahí. Salpicado de acciones legales, lo que sigue no es muy brillante.

En 1957, un comité de ciudadanos holandeses crea en Ámsterdam la Casa de Ana FrankEnlace externo para preservar el anexo y abrirlo al público. Luego, en 1963, Otto establece el Fondo Ana Frank en Basilea (ver recuadro). Hace de esa organización su legataria universal, la cual hereda todos los derechos de autor de su hija.

Se establece una asociación entre las dos instituciones, que fusionan sus archivos en 2007. El Fondo transfiere los archivos familiares suizos a la Casa de Ana Frank en calidad de préstamo a largo plazo, antes de exigir la devolución inmediata de los manuscritos en 2011. Surge un diferendo sobre los derechos de autor: la Casa de Ana Frank, junto con el Instituto Holandés de Documentación sobre la Guerra, pretende revisar los manuscritos de la joven desde un punto de vista textual e histórico. El Fondo Ana Frank considera que se trata de una violación de los derechos de autor y entabla una demanda contra los holandeses.

Las dos fundaciones se indignan. “Trabajaron juntas durante muchos años para alcanzar los objetivos fijados por Otto Frank”, subraya Maatje Mostart, de la Casa de Ana Frank. “Hace unos años, el Fondo Ana Frank decidió poner fin a esa colaboración”. Este último no tiene intención de hacer comentarios sobre las demás instituciones.

Lamentablemente, la historia entre Ana Frank y Suiza no tiene un final feliz.


Traducido del francés por Marcela Águila Rubín

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