Por qué Suiza necesita mano de obra extranjera

¿Suiza ante el riesgo de un ‘Swixit’ si restringe la inmigración?

La inmigración europea a Suiza está muy ligada al mercado laboral: dos tercios de los ciudadanos de la UE que llegan a Suiza lo hacen para trabajar. Keystone / Sandro Campardo

Si se acepta la iniciativa que pide una “inmigración moderada”, que se somete a votación popular el 27 de septiembre, es posible que los europeos ya no puedan venir a Suiza a trabajar. Con su propuesta, la Unión Democrática de Centro, una vez más, intenta revocar el acuerdo de libre circulación de personas con la Unión Europea. El Gobierno teme un Brexit a la suiza.

Este contenido fue publicado el 20 agosto 2020 - 09:53

El 27 de septiembre la población suiza decidirá si se reorienta la política de admisión de extranjeros y se pone fin a la libre circulación de personas y se vuelve a las cuotas para regular la inmigración europea. La votación estaba prevista para el 17 de mayo, pero se pospuso debido a la pandemia de COVID-19.    

Con su iniciativa popular “a favor de una inmigración moderada” (también denominada “iniciativa para la limitación”), la Unión Democrática de Centro (UDC, derecha conservadora) pretende que Suiza regule la inmigración de manera autónoma. El partido quiere introducir un nuevo artículo 121b en la Constitución y pide que, de una vez por todas, se revoque el acuerdo con la Unión Europea (UE) de libre circulación de personas.

Suiza tendría que negociar con Bruselas para que, en un plazo de 12 meses desde la aprobación en votación popular del nuevo artículo constitucional, se dé por terminado el acuerdo. Si no se pudiera alcanzar este objetivo, el Gobierno estaría obligado a rescindir el acuerdo en un plazo de 30 días. 

La iniciativa pretende frenar la llegada a Suiza de trabajadores europeos,  que ya no gozarían de acceso libre al mercado laboral helvético, sino que volverían a estar sujetos a un sistema de cuotas aplicado antes de la entrada en vigor del acuerdo en 2002.

La UDC vincula inmigración y medioambiente

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La UDC, apoyada por la Asociación para una Suiza Neutral e Independiente (ASNI), quiere garantizar la aplicación de su iniciativa “Contra la inmigración en masa”, aceptada por el pueblo el 9 de febrero de 2014. Esta iniciativa exigía al Gobierno la adopción de topes máximos y cuotas anuales para limitar la inmigración. La UDC considera que esto no se ha puesto en práctica, por lo que el partido ha vuelto a la carga con su iniciativa de “limitación”, que en seis meses han firmado 120 000 personas.

“Considero que la migración es el motor más fuerte del desperdicio de recursos”
Albert Rösti

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A finales de enero, en la reunión de delegados de la UDC, Albert Rösti, su presidente, declaró que “no queremos una Suiza de 10 millones de habitantes”.  Para el partido conservador de derechas, la inmigración en Suiza está “descontrolada y desproporcionada”. Y enumera una larga lista de consecuencias negativas que acarrea la libre circulación de personas: presión sobre el empleo y los salarios, aumento del precio de la vivienda y de los gastos de las ayudas sociales o sobrecarga de los transportes.

Aunque proteger el medioambiente nunca ha estado en el centro de su programa, la UDC ha decidido subirse a la ola verde denunciando los efectos “perjudiciales” que la inmigración tiene en el medioambiente. “Considero que la migración es el motor más fuerte del despilfarro de recursos y por lo tanto el principal amplificador de las emisiones de CO2”, dice Albert Rösti.    

El Gobierno teme un 'Brexit suizo'

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El Gobierno recomienda que se rechace la iniciativa de “limitación”. Así, durante el debate en el Parlamento, la ministra de Justicia Karin Keller-Sutter señaló que el fin del acuerdo de libre circulación equivaldría a un “Brexit suizo”.

Este acuerdo está vinculado a otros seis acuerdos (que garantizan un acceso casi no discriminatorio al mercado interior de la UE) a través de la llamada cláusula guillotina. Su rescisión significaría el fin de todo el paquete de los acuerdos bilaterales I (los primeros siete acuerdos sectoriales). El Gobierno advierte que un escenario como este limitaría las oportunidades de exportación de las empresas suizas, amenazaría algunos puestos de trabajo y llevaría a un aumento de los precios de los bienes de consumo.

El Gobierno teme que el fin de la libre circulación de personas agrave también la escasez de mano de obra cualificada. Incluso aunque Suiza lograra emplear más a sus ciudadanos, seguiría dependiendo, en gran medida, de los trabajadores extranjeros, sobre todo teniendo en cuenta el envejecimiento de la población suiza y las necesidades creadas por la digitalización. El Consejo Federal también hace hincapié en que la libre circulación no ha dado lugar a un aumento del uso de las prestaciones de asistencia social ni a un deterioro del mercado laboral.

Con la crisis del coronavirus, ahora hay un objetivo común: la economía tiene que ser capaz de recuperarse rápidamente. “Las empresas necesitan estabilidad, no experimentos arriesgados”, dice Keller-Sutter.

El fin de la libre circulación de personas también repercutiría en los 760 200 suizos residentes en el extranjero, explica el Gobierno. La rescisión del acuerdo pondría en peligro sus derechos y su acceso al mercado laboral de la UE.

Frente común contra la UDC

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La derecha conservadora se encuentra sola contra todos. El resto de los partidos del espectro político, desde la izquierda hasta la derecha, se oponen a la iniciativa de la UDC, situándose del lado de la libre circulación. Ambas cámaras del Parlamento lo han rechazado rotundamente.

Sobre la campaña se cierne el fantasma del 9 de febrero de 2014. En una votación particularmente reñida, el pueblo suizo decidió limitar la inmigración. Los debates sobre cómo aplicar la propuesta de la UDC sin perjudicar a la economía dominaron las discusiones políticas durante tres años y, en el proceso, crisparon las relaciones entre Bruselas y Berna.

La gran brecha sindical

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Desde muchos frentes (empezando por los sindicatos) no se quiere que la historia se repita. Hace seis años, la Unión Sindical Suiza (USS), decepcionada por la negativa de los empleadores a adoptar medidas adicionales para evitar la presión sobre los salarios, apenas se opuso a la iniciativa “Contra la inmigración en masa”. Entonces el órgano sindical suizo se sorprendió por su aceptación por estrecha mayoría. Ahora, para evitar un fracaso similar, los representantes de los trabajadores han decidido hacer un gran esfuerzo y van a invertir en la campaña medio millón de francos, una cantidad que nunca antes habían gastado para luchar contra una iniciativa.  

Si la propuesta es aceptada, la USS teme que el mercado laboral se desregularice. Si desaparece la libre circulación de personas también desaparecerán las medidas de acompañamiento, que, a su juicio, han dado lugar a una mejor protección de los trabajadores suizos. Sin embargo, en este asunto los sindicatos tienen que hacer malabares, ya que siguen oponiéndose a que el Gobierno firme el acuerdo marco que se supone que regula las relaciones entre Berna y Bruselas a largo plazo. Este texto -en su opinión- no protege suficientemente los salarios suizos.   

¿Qué indica la economía?

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Economiesuisse, la principal asociación de empresarios, ha hecho de la campaña contra la iniciativa de “limitación” su prioridad para el año 2020. Contrariamente a lo que pretende la UDC, la organización patronal está convencida de que aceptar el texto echaría al traste todos los acuerdos bilaterales I.

Según un informe que la Secretaría de Estado de Economía (Seco) publicó en 2015, las consecuencias económicas de ese escenario serían nefastas. La rescisión de los siete acuerdos dificultaría el acceso al mercado europeo y provocaría un deterioro de la posición competitiva de Suiza. Así, según el estudio, el PIB caería entre un 5 y un 7% para 2035.

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Las cifras hablan en contra de la iniciativa

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Aunque la UDC esgrime el fantasma de una inmigración “desmedida”, las cifras no corroboran estas afirmaciones. El desarrollo de la inmigración depende sobre todo de las necesidades de la economía suiza y de la situación económica en el extranjero.

La introducción de la plena libertad de circulación de las personas coincidió con la crisis económica y financiera de 2008. Durante varios años la inmigración aumentó considerablemente porque la economía suiza se vio menos afectada que la de los países del sur de Europa. Sin embargo, entre 2013 y 2018, con el retorno del crecimiento, la migración neta desde Europa se redujo a la mitad: de casi 61 000 a 30 900 personas.

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¿Qué posibilidades tiene la iniciativa?

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La tarea puede resultar difícil para la UDC. Al partido, que está solo para defender su propuesta, le resultará difícil jugar con los temores de una afluencia masiva de trabajadores de la UE, ya que, desde 2013, la inmigración europea ha ido disminuyendo. El contexto no es el mismo que cuando el pueblo suizo aceptó la iniciativa “Contra la inmigración en masa”.

Además, antes de la votación del 9 de febrero de 2014, el pueblo suizo siempre había apoyado en referéndum la vía bilateral que regula las relaciones entre Suiza y la UE. En el año 2000, con el 67,2% de los votos, los ciudadanos aceptaron los acuerdos bilaterales I, que preveían la introducción de la libre circulación de personas. Cinco años más tarde, aprobaron su extensión a los diez nuevos Estados miembros de la UE. En 2009 los votantes volvieron a hacer lo mismo para los dos nuevos miembros del club europeo, Bulgaria y Rumanía.

Sin embargo, no se puede descartar ninguna sorpresa. En la votación sobre la “inmigración en masa”, la UDC ganó sola contra todos los demás, provocando un verdadero terremoto.

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