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Intergénero El "tercer sexo" busca reconocimiento

(Thomas Kern / swissinfo.ch)

El bebé ha nacido. No es niño, no es niña. ¿Operarlo, darle hormonas para asignarle un género antes de saber realmente lo que es? Las autoridades suizas iniciaron un debate pluridisciplinario para proteger los derechos del menor en estos casos.

“Imagínese que la partera es incapaz de definir el sexo del bebé, que uno mismo no sabe cómo llamarlo, como darle la noticia a la familia, al registro civil: mi bebé nació con el cromosoma XY, es decir, masculino, pero también con un útero, un conato de pene y un clítoris hipertrofiado.” Es así que Karin Plattner recuerda su desesperación tras el parto de su primogénito, hace trece años.

Hermafrodismo, pseudohermafrodismo, ambigüedad sexual, intersexualidad, disturbios del desarrollo, variaciones del desarrollo sexual: son los términos utilizados para designar esta situación que puede ocurrir en uno de mil nacimientos, según la asociación Accord Alliance, de EE.UU.

Una situación que resume Blaise Meyrat, cirujano pedíatra en el Hospital Universitario de Vaud: “Es un recién nacido o un adolescente cuyo estado no permite la asignación de un sexo –mujer u hombre- o que sus órganos genitales internos o externos no corresponden con el género determinado. Es una situación intermediaria, inclinada más hacia uno u otro género, pero a través de un largo espectro de sucesos”.

El género social

Entre 1950 y 1990, para clasificar a estos niños en el sistema binario del registro civil, se les realizaron operaciones y tratamientos hormonales para asignarles un género determinado, incluso cuando su ambigüedad de género no representaba un riesgo para su salud. Se les atribuía, de algún modo, un sexo social.

“Se consideró que era importante ofrecer un tratamiento rápido para insertar al individuo en la sociedad y terminar con la angustia de los padres. Pero los estudios comenzaron a mostrar que los resultados con la cirugía no eran ni sencillos, ni satisfactorios”, añade Meyrat.

Cuanto estas intervenciones son irreversibles, pueden causar daños si el sexo asignado no corresponde al mental. En esa época, Karin Plattner rechazó la operación para su hijo, al que educó como una niña, a la espera de que ella misma determinara su género. Esto puede hacerse a partir de los 6 años, o, a más tardar, en la adolescencia.

Cofundadora en 2008 de la asociación Sexo Intermedio (Zwischengeschlecht, en alemán), Daniela Truffer fue operada tres veces para definirla como niña. Las intervenciones eran consideradas menos riesgosas. “Fui castrada. Un país que prohíbe las mutilaciones sexuales no debe tolerar las operaciones puramente ‘cosméticas’. Pese a las recomendaciones de prudencia, algunos médicos continúan esas operaciones”, reclama esta zuriquesa de 47 años, que milita por el derecho a la integridad física.

Desde hace apenas unos años, algunos médicos, como Blaise Meyrat, piensan que cuando no es necesario, es decir, cuando la salud no se ve afectada, no hay que operar inmediatamente. “Hay que determinar dónde se encuentra el mayor peligro: en la salud somática o en la salud psicológica del menor. Cierto que los padres están tensos, pero la o las operaciones por las que debe pasar el bebé también provocan angustia”.

El cirujano opera al menos el hipospadias, anomalía en la que el orificio urinario no está en la punta del pene. “Esta operación precoz también es criticada por los círculos intersexo, pero como el niño tendrá dificultades para orinar, la solicitará tarde o temprano. En este caso, la cicatrización es más rápida en los primeros años de vida, que en la adolescencia”.

Minorías de género o sexuales

 Los derechos humanos en su conjunto defienden el respeto a estas minorías, entre las que se encuentran los homosexuales, bisexuales y transgénero y a aquellos que presentan variaciones del desarrollo sexual (intersexo). No obstante, estas personas no tienen sitio en el sistema jurídico y social.

 

TRANSGÉNERO : Personas que nacen con órganos genitales que definen su género biológico claramente, pero que no se reconocen en él y optan por una transformación física a través de tratamientos hormonales y/o quirúrgicos. Los concernidos no aceptan la denominación Transexual, pues argumentan que su posición no tiene relación directa con sus preferencias sexuales.

INTERSEXUALISMO o INTERGÉNERO: recién nacidos cuyos órganos genitales internos o externos no corresponden de forma inequívoca a un género biológico. A veces esas variaciones son poco visibles y solo se manifiestan en la pubertad. Algunos sufren tratamientos precoces de asignación sexual.

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Derecho humano

“Si no se presenta ninguna urgencia de carácter médico, por razones éticas y jurídicas, ninguna decisión significativa para determinar el sexo de un menor debe tomarse antes de que el niño pueda pronunciarse (…) sobre una operación de asignación sexual”, recomendó la Comisión Nacional de Ética para la Medicina Humana, cuyas consideraciones fueron solicitadas por el gobierno, tras una interpelación parlamentaria sobre el tema.

La posición sorprendió. Judith Wyttenbach, vicedirectora del Centro Interdisciplinario de Estudios de Género de la Universidad de Berna se congratuló por este pronunciamiento “El discurso a escala nacional hasta ahora había sido dominado por la medicina”. Los derechos humanos valen para todos, subraya la especialista en derecho público. Nuestro sistema oficial es inflexible y no deja espacio alguno entre la clasificación de ‘hombre’ o ‘mujer”.

¿Es necesario, como en Australia, crear un ‘tercer sexo’? La Comisión recomienda más bien que ‘la indicación del sexo en el acta de nacimiento pueda ser modificada sin complicaciones burocráticas”.

Por su parte, Judith Wyttenbach desearía que existiese, al menos, la mención “sexo no determinado”, para evitar la dicotomía hombre-mujer en la sociedad.

“La reacción sobre la intersexualidad debe ser un equilibrio de intereses entre los padres y sus hijos. El niño tiene el derecho prioritario a su integridad corporal y, si sus padres tienen el derecho de tomar decisiones en su nombre, este debe hacerse siempre bajo el interés del niño, a corto y largo plazo”.

El doctor Meyrat se dice muy positivamente sorprendido por las recomendaciones de la comisión. Sin embargo, estima que se requerirá tiempo para que “el péndulo parta al otro sentido”. Es por ello que considera necesaria una ley constringente. “Es un lástima que ante la falta de claridad ética en la profesión médica sea necesario hacerse dictar las cosas por un legislador; pero me parece que es la solución”.

Falta educar sobre las variantes de género

A la espera, la educación sexual es el menor instrumento para terminar con los tabúes sociales. “Los manuales escolares deberían hablar de las numerosas variantes de la intersexualidad”, reclama Daniela Truffer.

Según Blaise Meyrat, “los casos de intersexualidad están en aumento a causa de los alimentos y productos consumidos actualmente. En todo esto, la ‘oportunidad’ es que el fenómeno se vuelva más frecuente, y al final, sea un tema banal”, es decir, que tenga mayor aceptación y se comprenda.

El caso John/Joan

En 1965, víctima de ablación del pene tras una circuncisión defectuosa mal hecha a la edad de 8 meses, un gemelo se convierte en objeto experimental.

El psicólogo estadounidense John Money (Universidad John Hopkins), de la clínica que trata a menores intersexo, convence a los padres del bebé de dar hormonas femeninas a su hijo y educarlo como niña.

Durante años, este médico presenta como exitosa la prueba de que los niños no nacen como niñas o niños por naturaleza, sino que se vuelven de un género o de otro, a través de la educación.

Pero al cabo de los años el menor en cuestión, Joan, no se siente como niña y a los 15 años se vuelve John. Se somete a tratamiento hormonal, ablación de los senos y reconstrucción del pene para invertir su reasignación.

John, ex Joan, se suicida a los 38 años de edad. Tras este drama, el tratamiento de la intersexualidad divide al mundo médico.

En 2005, durante un congreso en Chicago, 50 endocrinólogos occidentales firman un consenso para estudiar tratamientos multidisciplinarios y psicosociales. Esos trabajos continúan.

La Unión Europea deberá abordar el asunto. Australia, en cambio, reconoce jurídicamente un tercer género.

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Intersexo o Intergénero

Las variaciones del desarrollo de las características físicas no permiten determinan de forma inequívoca el género biológico del concernido. Es decir, durante las diversas etapas de la evolución del feto, los marcadores (cromosómicos, hormonales y orgánicos) de la diferenciación sexual no son ni claramente masculinos ni femeninos.

Existen 15 diagnósticos que suponen una imperfección congénita, pero solo ciertas formas presentan complicaciones que requieren medidas médicas precoces.

Una persona entre mil recibe tratamiento para modificar su aspecto genital.

(Fuente: Accord Alliance)

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Traducción del francés: Patricia Islas, swissinfo.ch


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