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Julio González, escultor de símbolos

'La gran trompeta' (1932/1933). (www.artfocus.ch)

La galería 'Art Focus', de Zúrich, expone esculturas, dibujos y bosquejos del gran artista español Julio González.

El escultor catalán Julio González (1876-1942) es sin duda uno de los artistas españoles que han dejado una huella firme en el arte moderno.

La experiencia adquirida como aprendiz en el taller de metales propiedad de su padre le sirvió para convertirse en un buen artesano, diseñador de accesorios y pintor y transformarse después, a principios del 1900, en el escultor de hierro más importante del momento.

A partir de entonces, Julio González desarrolló sus trabajos en hierro forjado con una sorprendente originalidad y expresión, que lo llevaron a transformar el concepto mismo de escultura moderna en un verdadero arte de invención de imágenes.

El rumbo hacia la abstracción

Las obras expuestas en la galería 'Art Focus' -'La gran trompeta' (1932), 'Máscara de la amada' (1932), 'Cabeza del apóstol' (1934), 'La cabellera' (1934), 'Cabeza en el espejo' (1934), entre otras -son el resultado de una minuciosa búsqueda interior del hombre a través de valores simbólicos.

Las ideas de González provienen casi siempre de visiones nacidas de la realidad para convertirse más adelante, en el proceso de la creación, en abstracciones llenas de poesía, sin perder nunca la sinceridad interpretativa que caracteriza a este escultor de símbolos.

Al igual que Picasso, el escultor catalán dio siempre una importancia extrema a sus dibujos y bosquejos, realizados a partir de trazos geométricos, que constituían para él la base de futuras esculturas.

Existe en estas obras, ya sean cabezas, personajes o simples estudios, una profunda exaltación de lo humano, reflejo acaso de un idealismo espiritual del artista que se transmite plenamente en la materia.

Por eso una de las grandes contribuciones de González a la escultura abstracta fue, justamente, el haber dado a sus figuras una gestualidad propia de la acción humana, un movimiento natural del hombre, cuando éste expresa estados como la agonía o el sufrimiento.

El renacimiento catalán

Coincidiendo con la aparición de una burguesía industrial, Cataluña vivió a finales del siglo XIX y principios del XX un florecimiento político y social, que impulsó la vanguardia arquitectónica y, en particular, los proyectos que empleaban el hierro, para darle a Barcelona una nueva identidad.

De este modo aparecieron en la capital catalana construcciones con sorprendentes balcones, balaustradas y fachadas, que revelaban el uso y el esplendor del hierro bajo formas sinuosas y atrevidas.

Un ejemplo de ello son las obras del gran arquitecto Antonio Gaudí, uno de los pilares fundamentales del Modernismo, movimiento del que Julio González formaba parte.

Fue una época de entusiasmo. Sin embargo, al desaparecer el taller de metales de su padre, Julio González, decidió hacia 1896 emigrar a París y forjarse como escultor propiamente dicho.

París y el encuentro con Picasso

En la capital francesa el artista se instaló en el barrio de Montparnasse, donde tomó contacto con una reducido círculo de artistas españoles, entre ellos el escultor aragonés Pablo Gargallo y Picasso.

Julio González comenzó allí su carrera escultórica asimilando las tendencias en boga y descubriendo su propio lenguaje formal, cercano en varios aspectos al de Picasso, sin olvidar la limpieza y honradez que caracterizan y dan un valor excepcional a sus trabajos.

La exposición que dedica la galería 'Art Focus', de Zúrich, al artista barcelonés permanecerá abierta al público hasta el próximo 20 de abril.

Araceli Rico, Zúrich


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