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Kaspar Villiger confía en que 2002 será menos terrible

La presidencia suiza es rotativa: en 2002 pasa de Moritz Leuenberger (fondo) a Kaspar Villiger.

(Keystone Archive)

Kaspar Villiger es el próximo presidente de la Confederación. Sus prioridades son la votación sobre la ONU y la Expo 02. Entrevista.

Pregunta: Señor Villiger, el año que concluye estuvo marcado por acontecimientos inesperados y trágicos también para Suiza. ¿Qué lecciones saca el presidente de la Confederación de estos dramáticos incidentes para afrontar el año 2002?

Respuesta: Hemos visto que todo lo que sucede en el mundo repercute también sobre la pequeña Suiza. Los trágicos acontecimientos de Nueva York han tenido consecuencias terribles en el lugar de los hechos, pero también nosotros las hemos sentido. Fueron probablemente los que dieron el golpe de gracia a Swissair, los que nos hicieron entender que la lucha contra el terrorismo debe tener una dimensión mundial y han repercutido en la Bolsa. No podemos permanecer indiferentes frente a lo que sucede en el mundo, no somos una isla. Debemos participar y contribuir a la solución de los problemas globales en la medida de nuestras capacidades. Entiendo que los acontecimientos como la matanza de Zug, el incendio del túnel del Gotardo o el accidente aéreo de Crossair han consternado a la población, pero quisiera recordar que, pese a esta gran inseguridad, Suiza sigue viviendo una situación privilegiada. Exhorto a todos a afrontar los problemas con coraje y confianza.

P: En 1995, durante su primer mandato presidencial, Suiza ya vivió momentos difíciles con la crisis económica y la polémica en torno a los fondos judíos. ¿Se pueden trazar paralelismos entre la situación de entonces y la actual?

R: No creo. Entonces, la economía suiza no estaba estructuralmente preparada para afrontar el desafío de la globalización. Las negociaciones bilaterales con la Unión Europea se hallaban en un callejón sin salida y reinaba un ambiente de mucha inseguridad. Pero pusimos manos a la obra y resolvimos varios problemas. En mi campo, se trataba de sanear las finanzas de la Confederación, pero también había que reestructurar varias empresas, revisar la política agraria, liberalizar el sector de las telecomunicaciones. Estoy convencido de que hoy estamos en una situación mejor que la de entonces. Las situaciones son diferentes, pero la lección es la misma: hay que afrontar los problemas.

P:¿Cuáles son las prioridades que se propone para este año presidencial?

R: La tradición dicta que el presidente de Suiza sea un 'primus inter pares' y trataré de dar prioridad al trabajo con los otros miembros del gobierno colegiado. Representaré al país y recibiré la visita de personalidades extranjeras. Yo mismo viajaré al exterior. Buscaré el diálogo con la gente y con los diferentes sectores: explicaré la política del gobierno, pero también escucharé. Para ser más específico, citaré dos prioridades: la votación sobre la adhesión a la ONU y la Exposición Nacional Expo.02.

P: ¿Cómo explicará a sus colegas extranjeros un eventual rechazo de la adhesión a la ONU?

R: Espero no verme obligado a ello. Confío en lograr convencer a los ciudadanos para que voten sin vacilar a favor de la adhesión. Hoy, un pueblo ya no puede resolver solo los problemas que le afectan. La ONU es quizás la única organización que se ocupa a escala global de graves problemas como la pobreza, el medio ambiente o la promoción de la paz. Está en nuestro interés ser miembros de la ONU y poder aportar nuestra contribución, nuestros conocimientos.

P: ¿Podría contribuir a ello también la Quinta Suiza?

R: Creo que la Quinta Suiza (suizos del extranjero) es particularmente sensible al compromiso que asume nuestro país en el exterior. Espero realmente que los conciudadanos participen en la votación, incluso si esta vez el procedimiento es fastidioso. Estamos probando el voto electrónico y cuando hayamos resuelto los problemas que se presentan en materia de seguridad, podremos proponer esta nueva forma de participación. Pero el voto electrónico no sería seguro para esta votación.

P: La Expo 02 será un lugar de confluencia de las cuatro lenguas nacionales: ¿Puede permitirse nuestro país anticipar la introducción del inglés en la enseñaza?

R: El inglés es importante para la profesión. Yo no soy un especialista, pero he podido constatar que, cuanto antes se empieza, mejor se logra aprender un idioma. Pienso que debemos poner énfasis en las lenguas nacionales; pues, si queremos convivir con las otras culturas, debemos comprender y, por consiguiente, saber hablar la lengua. Creo que podemos exigir que se anticipe la enseñanza de una lengua nacional y la del inglés. Cuando yo era joven, no me gustaba estudiar los idiomas, pero ahora estoy muy contento de que mi padre, después del francés y el inglés, me obligara a aprender también el italiano.

P: A propósito de la Expo 02: ¿Qué papel puede tener para la cohesión nacional una manifestación por la que nadie logra sentir entusiasmo?

R: Creo que también en 1964 vivimos una situación similar y el entusiasmo sólo se estalló después de la apertura. La Expo se limita a poner a disposición un marco, una estructura y programas. Tendremos un lugar de encuentro para nuestras culturas, para la Historia y el futuro. Será un lugar de confluencia de todo el país y estoy convencido de que se desarrollará una buena dinámica. Somos un país con diversas culturas y, de vez en cuando, conviene invertir en la convivencia de esta diversidad.

P: En lo que respecta a Europa, Suiza está bajo presión por el secreto bancario. ¿Cree que éste es un dogma intocable?

R: Incluso si el Gobierno quisiera levantar el secreto bancario, el pueblo no estaría de acuerdo, tal es su arraigo en nuestra tradición de discreción. En los últimos decenios y, más marcadamente en los últimos 5-6 años, hemos completado el marco legislativo en torno al secreto bancario, con la asistencia judicial, la ley contra el blanqueo de dinero, los controles sobre el dinero de dictadores. Hoy el secreto bancario no protege las actividades criminales. En los últimos tiempos hemos hecho más que otros países. En su estado actual, el secreto bancario es absolutamente defendible y una plaza financiera tan importante como la nuestra está obligada a respetar reglas morales y éticas, si quiere sobrevivir a largo plazo.

P: Las finanzas de la Confederación atraviesan nuevamente una situación difícil. Su trabajo es comparable al infatigable Sísifo...

R: El trabajo de un ministro de Finanzas no se agota jamás. Si uno logra quitar una de tres piedras del camino, ya se puede dar por satisfecho. Creo que las finanzas de la Confederación se encuentran en un estado mejor que unos años atrás, gracias a la situación coyuntural y a los programas de estabilización del déficit y de los gastos. El problema radica en que, tan pronto mejoran las finanzas, surgen nuevas peticiones. Obviamente, no se pueden satisfacer los deseos de todos. Debemos aprender a consolidar las finanzas y evitar repetir los errores cometidos hace diez años.

P: Durante el año presidencial participará en una decena de eventos oficiales. ¿Cuáles serán de su especial agrado?

R: En general, me gustan estas actividades puesto que son parte integrante de la vida de un político. Me hace especial ilusión inaugurar la Expo 02 y los contactos con los ministros de otros países. El año presidencial es un momento gratificante, pero incita también a ser modesto, precisamente porque dura solamente un año. Puede ser igualmente un periodo difícil, como se ha visto con el presidente (saliente) Moritz Leuenberger, confrontado con tantas catástrofes. Sólo espero que el destino no nos depare dramas como los vividos en 2001.

Entrevista a cargo de Peter Salvisberg y Mariano Masserini


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