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Koyo Kouoh: El arte está en las grietas, no en el brillo


Koyo Kouoh conversa con swissinfo.ch en el conocido parque Platzspitz de Zúrich, escenario de la drogadicción en los años 80 y 90. “Este lugar era un ‘Bagdad’, pero solía venir a menudo con mi padre para pescar en el río”, cuenta. Carlo Pisani

El premio Meret OppenheimEnlace externo ha pillado por sorpresa a Koyo Kouoh, y no solo porque los premios no le preocupan. La conservadora suizo-camerunesa dice que en Suiza nunca se han hecho mucho eco de sus intereses artísticos –el postcolonialismo, la diáspora africana y las políticas de identidad–; intereses por los que sí ha recibido elogios en otros muchos países.   

Este contenido fue publicado el 05 diciembre 2020 - 10:00

Koyo Kouoh, a quien en 2015 el New York Times describió como “una de las principales conservadoras de arte de África”, siempre está en movimiento, incluso ahora en medio de una pandemia. En la actualidad vive en Ciudad del Cabo (Sudáfrica), donde dirige el Museo Zeitz de Arte Contemporáneo de África (MOCAA), que alberga la mayor colección de arte contemporáneo del mundo.

SWI swissinfo.ch ha estado con ella durante una breve escapada suya a Suiza. Según narra, su marido vive en Basilea, pero su corazón está en Zúrich. No obstante, antes de intentar volar de vuelta a Sudáfrica se apresuró a ir a París (aunque sigue atrapada en Suiza).

Nacida en la ciudad costera de Douala, en Camerún, Kouoh llegó en su adolescencia a Zúrich para reunirse con su madre. Antes de dedicarse al arte, cursó estudios de banca y comercio.  

SWI swissinfo.ch: ¿Cómo fue el traslado de Camerún a Suiza?    

Koyo Kouoh: Nací en la ciudad costera de Douala, donde la vitalidad, la actividad y el ruido de la vida urbana eran realmente intensos. Así que, cuando vine a Zúrich lo encontré extremadamente tranquilo, pequeño, limpio; todo eso que es característico de Suiza. Para mí fue un viaje emocional, sumamente enriquecedor en cuanto a poder vivir de nuevo con mi madre y aprender otro idioma, el dialecto suizo-alemán, que siempre había querido aprender. Camerún, hasta la Primera Guerra Mundial, fue una colonia germana y muchas palabras alemanas siguen presentes en nuestro dialecto local.  

SWI swissinfo.ch: ¿Su interés por las artes se fue cociendo durante cierto tiempo u ocurrió por casualidad?

K.K.: La gente tiene muchos tejidos, y tienes un tejido para la creatividad, para las artes, o no lo tienes. Me opongo totalmente a esa opinión de que solo se tiene acceso o exposición a ideas creativas o artísticas en ciertos contextos o con cierta educación o antecedentes. Yo vengo de una familia muy modesta; mi abuela era costurera. En África no puedes crecer sin tener acceso a la creatividad. La danza, la música, la ropa son elementos del día a día. No necesitas una educación específica, es parte del estilo de vida. 

Kouoh dejó Suiza en 1996 para fundar el Raw Material CompanyEnlace externo, un centro de arte en Dakar, Senegal. Desde entonces ha desarrollado una carrera más centrada en la creación de instituciones y ha establecido distintas iniciativas en África y Europa que desafían el eurocentrismo del circuito artístico mundial, en vez de promover a artistas individuales.

SWI swissinfo.ch: En 2014 usted hizo una propuestaEnlace externo para la bienal Manifesta 11Enlace externo que se celebró en Zúrich (2016). Su propuesta fue rechazada, pero causó bastante revuelo en la escena artística local. ¿Cuáles eran los temas principales que quería abordar?   

K.K.: Nunca me presenté a ninguna de estas bienales; la propuesta vino de ellos. En ese momento yo también pensaba más en el circuito de las bienales de arte en sí mismo y en el espectáculo que produce y el marketing de ciudad que genera.

Y aunque mi propuesta no tuvo éxito, todavía me gusta, porque creo que pone de relieve aspectos históricos de Zúrich que muy poca gente conoce.

SWI swissinfo.ch: ¿Qué hay que saber sobre Zúrich?

K.K.: Es un lugar pequeño muy cargado de cultura, de riqueza. Deseaba mirar las grietas en vez del brillo. Habría sido algo que se infiltrara en la ciudad en vez de simplemente exponerla a unos paisajes bellos.  

Pensando en esta propuesta, sentí que Zúrich no es un lugar que necesite otra bienal contemporánea, necesita otra conversación. Y en aquel momento Suiza estaba totalmente inmersa en toda la cuestión en torno al racismo, las controversias del partido Unión Democrática de Centro [derecha conservadora] sobre limitar la migración. Esto es algo que ha sucedido siempre.

Sería muy bueno vincular a Zúrich y a Suiza con las grandes narrativas del siglo XX: el poscolonialismo, la posmodernidad, la migración, el racismo, el colonialismo en sus múltiples formas. 

El hogar es donde está el arteEnlace externo, la exposición reciente de Kouoh en el MOCAA, resume su postura como ciudadana del mundo, pero también es reveladora de su práctica como conservadora. La muestra agrupa más de 1 600 obras de arte reunidas a través de un proceso de inscripción abierto a toda la ciudadanía de Ciudad del Cabo. Para conservadores como Kouoh, que tratan de hacer del museo un lugar vivo en vez de una mera vitrina de objetos antiguos y exóticos, es vital trabajar en estrecha colaboración con la comunidad más cercana en torno a una institución.    

SWI swissinfo.ch: Después de este rechazo, ¿cuánto le sorprendió el premio Meret OppenheimEnlace externo?

K.K.: Fue una sorpresa total. Nunca he trabajado como conservadora o productora cultural, o como organizadora de exposiciones en Suiza. Hace ya 24 años que me trasladé de Suiza a Senegal; toda mi trayectoria y mayoría de edad profesional no se han desarrollado aquí.

Aquí transcurrió mi juventud, y valoro mucho ese tiempo. No sabía que la Oficina Federal de Cultura [el equivalente del ministerio de cultura en otros países] en Berna me siguiera de alguna manera, por la sencilla razón de que los temas que me interesan, las ideas que persigo en mi trabajo –diáspora africana, arte conceptual basado en procesos, poscolonialismo, políticas de identidad– no son precisamente populares aquí. No tuve la oportunidad de trabajar en esos campos en este país, pero no pasa nada. No tengo en cuenta a Suiza como potencial lugar para trabajar.

SWI swissinfo.ch: Entonces, ¿qué queda de sus lazos suizos?

K.K.: Es algo emocional. Amo el país, tengo pasaporte suizo, mi familia está aquí, y hace solo tres años que por primera vez recibí una invitación de la fundación Pro Helvetia para comisariar el Salón Suizo [para la Bienal de Venecia, un espacio paralelo a la exposición del pabellón oficial de SuizaEnlace externo]. Pero nunca pienso en los premios. Hago lo que tengo que hacer.

“Hay cantidad de artistas que aprecio mucho, pero también hay arquitectos, cineastas, etc., porque creo que la práctica curatorial va mucho más allá de organizar una exposición. Para mí hacer una publicación, por ejemplo, es conservar y cada vez estoy más interesada en lo culinario como práctica artística. Creo que el artista principal es un chef”. (En la imagen: The Primary Fondue Party [La fiesta de la fondue primaria], de Claudia Comte, “performance relacional” en el Salón Suizo, comisariada por Koyo Kouoh para la Bienal de Venecia, 2017). Gunnar Meier. Courtesy Claudia Comte

SWI swissinfo.ch: ¿Pero piensa en la figura de Meret Oppenheim, la artista?

K.K.: ¡Claro! Cuando empecé a interesarme por el arte, el movimiento surrealista era una referencia obvia, el legado del dadaísmo estaba muy presente, así que Meret Oppenheim era, por supuesto, una figura. También porque ella era una mujer en un momento en que, para una mujer que venía de un país tan pequeño, tener una voz o una posición, especialmente entre todos esos supermachos surrealistas como André Breton, era todo un logro. Además, para mí el feminismo es la naturaleza primigenia. Estoy muy involucrada en las voces de las mujeres, pero no hago mucho ruido al respecto. No necesito llevar una bandera, es algo natural.

SWI swissinfo.ch: Suiza tiene una relación extraña con el modernismo. Aunque el dadaísmo se inició en Zúrich, todavía hoy el movimiento se enseña muy tímidamente en las escuelas.  

K.K.: Mire, en los años 80, el espíritu del Cabaret Voltaire revivió de cierta manera. Pero hay que tener en cuenta que en la cultura suiza hay una gran especialización, una especialización en todo. Fíjese en cómo está estructurada la educación en Suiza. La gente está atrapada muy pronto en campos diferentes, y no accede a los conocimientos de otros terrenos. A diferencia de lugares como Camerún o Brasil, u otras zonas poscoloniales, donde tendemos a tener un conocimiento de todo, un conocimiento generalista, donde se conocen y aprenden cosas diferentes. Aquí se sabe sobre todo mucho de una cosa.  

Suiza también tiene un gran complejo de inferioridad, en términos de tamaño, de autonomía. No hay una verdadera uniformidad en el país. Hablamos alemán, francés, italiano, no existe el idioma suizo como tal. A lo largo de los años he observado que es un país al que le gusta quedarse en la acera y proporcionar el asfalto para pavimentar la carretera; y ganar dinero haciéndolo. Esto también se ve cuando observas los estudios y la historia coloniales: Suiza siempre afirma “oh, hemos sido neutrales, no hemos sido imperialistas, nunca participamos en nada de esto”. ¡Claro que sí! Todo el tiempo hasta hoy. Recuerden, por ejemplo, que los mayores mercados de materias primas están en Zug.

SWI swissinfo.ch: Una nueva generación de historiadores suizos ha trabajado en los últimos años para destapar el pasado y el presente colonial de Suiza. Pero todavía esto tampoco ha llegado a las escuelas.     

K.K.: Llegar a las escuelas llevará todavía algún tiempo. Lo bueno y lo malo de este país es que todo va muy despacio. Es malo cuando tienes prisa, pero sucederá. La lentitud tiene sus ventajas, pero en los tiempos que ahora vivimos, las cosas deberían ir más rápido. Toda esta conversación tiene que llegar a los hogares. Porque hay muchos suizos que aún viven estas mitologías sobre el país que no tienen un pie en la historia, y todas estas mitologías deben salir a la luz. Esto no es para avergonzar al país, de ninguna manera. En realidad es para dar una imagen completa del país.

Breves notas sobre el mundo del arte suizo

Harald Szemann (1933 - 2005): es una figura imprescindible para cualquier conservador de mi generación. Estaba muy orgulloso de ser suizo, como yo, aunque no soy nacionalista, en absoluto. La verdad es que no me importa de dónde es la gente. Keystone / Yoshiko Kusano
Not Vital se ha convertido en un gran amigo a lo largo de los años, y creo que es un artista totalmente subestimado. Aunque está establecido y es bastante conocido en Suiza, creo que su trabajo merece mucho más estudio y comprensión. (En la foto: Not Vital posa en su instalación “700 Snowballs” [700 bolas de nieve], en el Museo de Arte de los Grisones durante la exposición Not Vital. univers privat (Coira, Suiza, septiembre 2017). © Keystone / Ennio Leanza
Con Ursula Biemann, artista zuriquesa, desarrollé una relación profesional no solo porque su práctica es asombrosa, sino también porque su biografía profesional es muy cercana a la mía. (“Sahara Chronicle” [Crónica del Sáhara] (2007-2009) de Ursula Biemann, sobre la migración ilegal en la cuenca del Sáhara. El capítulo rodado en Senegal lo encargó Koyo Kouoh). Ursula Biemann
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Traducción del inglés: Lupe Calvo 

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