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La lengua y la cultura ucraniana ganan fuerza en Járkiv como reacción a la guerra

Rostyslav Averchuk

Járkiv (Ucrania), 24 oct (EFE). – La «descolonización» cultural gana fuerza en Járkiv como reacción a la invasión rusa y más ciudadanos pasan a hablar en ucraniano, mientras se intenta difundir el conocimiento sobre la otrora vibrante vida cultural ucraniana que fue físicamente aplastada y silenciada por el régimen soviético.

Para muchos de los habitantes de la ciudad del noreste del país, predominantemente rusófona, y tradicionalmente vinculada al país vecino por lazos familiares y comerciales, la cuestión de si hablar ruso o ucraniano no solía ser muy importante.

Pero todo cambió cuando se convirtió en blanco de ataques rusos el 24 de febrero del año pasado.

La invasión, combinada con las promesas de Moscú de proteger a la población rusófona de Ucrania, desencadenó un completo replanteamiento de esta actitud y una inspección más minuciosa de los motivos que llevaron a la situación de partida.

«Soy cien por cien ucraniana. Pero antes sólo había en toda la ciudad una escuela donde los niños pudieran estudiar en ucraniano. No es de extrañar que el ruso se volviera tan dominante aquí», dice a EFE Olena, de 77 años.

Olena salta sin dificultad del ruso al ucraniano en la conversación, pero lamenta no poder hablar el ucraniano igual de bien que el ruso.

«Superar el miedo de cometer errores es crucial para mis alumnos que quieren aprender o mejorar su ucraniano», explica Svitlana Isaieva, directora del Centro Goncharenko de Járkiv, donde se celebran de forma regular clubs de conversación en lengua ucraniana.

Es la primera vez que la experimentada profesora tiene alumnos en la sesentena o la setentena. Su nivel de ucraniano varía, pero todos ellos están ansiosos por poder hablar exclusivamente en ucraniano o dominarlo bien.

«Es una vergüenza vivir en Ucrania y no hablar el idioma oficial. La invasión me hizo sentir esto aún más intensamente», dice en ruso una mujer en la sesentena, llamada también Olena.

Subraya que la lengua rusa siempre tenía prioridad en la época soviética. Se desalentaba el aprendizaje del ucraniano en la escuela o se lo trataba como algo superfluo, mientras que llegaron al país muchos trabajadores rusos.

«Actuar como ejemplo y mantener el deseo natural de aprender ucraniano es la clave», subraya Isaieva, que señala que el alcalde rusófono de la ciudad, Igor Terejov, tuvo que pasar a hablar ucraniano en público tras la reacción negativa de los habitantes el año pasado.

«Su decisión refleja la tendencia prevaleciente en la ciudad», asevera.

La invasión rusa ha llevado a los jarkovitas a reflexionar sobre su identidad, indica a EFE Tetiana Igoshina, vicedirectora del Museo Literario de Járkiv, que ha lanzado una serie de exposiciones y otras iniciativas para concienciar sobre la vibrante cultura ucraniana que existía allí en el pasado.

En el foco está la generación de escritores conocidos como «Renacimiento Ejecutado», que emergieron en la década de 1920 en la entonces capital de la Ucrania soviética y fueron ejecutados en la década de 1930 por el régimen estalinista, mientras que sus obras fueron retiradas de circulación.

«Quién sabe cómo sería Járkiv si la gente hubiera podido leer sus obras», se pregunta Igoshina de forma retórica.

Según ella, la destrucción física de la cultura ucraniana es uno de los motivos por los que en muchos lugares del mundo todavía se sabe poco sobre ella y se la percibe como un apéndice de la cultura rusa.

«¿Qué podemos contarles sobre Ucrania si nosotros mismos sólo estamos descubriendo ahora lo que se nos ocultó durante generaciones?» enfatiza.

La demanda creciente de saber más sobre esta parte de la historia de la ciudad es evidente, según Igoshina, que tiene claro que la guerra entraña también un conflicto entre dos culturas muy distintas.

Así, se refiere a Grygoriy Skovoroda, un importante filósofo del siglo XVIII oriundo de la región, que subrayó la importancia de la libertad y de tomar decisiones propias en la vida, una mentalidad que de acuerdo con Igoshina es contraria a la cultura rusa, donde muchos tienen miedo de actuar «fuera del sistema».

«Si Rusia ocupara Járkiv, no permitirían que nuestro Museo siguiera funcionando ni que hablásemos de todo esto», resalta. EFE

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