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La tradición navideña en los hogares de Suiza

En muchos hogares suizos el árbol es adornado con velitas que se encienden hasta la Noche Buena.

(swissinfo.ch)

El árbol de Navidad natural y decorado con velas y chocolates en Noche Buena, el calendario del Adviento para los niños y los pesebres forman parte del festejo.

En la mesa no hay reglas, se puede ofrecer el gustado Fondue chino o un buen plato de jamón cocido. La finalidad de estas fiestas es, como en todo el mundo, compartir en familia.

Como en otros países europeos, en la Confederación Helvética se celebra el tiempo que precede a la Navidad dentro del calendario cristiano no sólo en los templos, sino también en los hogares.

El Adviento -considerado como el tiempo de preparación de los feligreses para celebrar la conmemoración del nacimiento de Jesucristo-, se representa con una corona de flores sobre la que se encuentran cuatro velas.

Cada una de las candelas representa los cuatro domingos precedentes a la Noche Buena, por lo que son encendidas conforme pasan las semanas, simbolizando la luz que aumenta con la proximidad del nacimiento del Redentor; una tradición que se basa en una costumbre pagana.

En las iglesias, tanto católicas como protestantes, la corona se encuentra en los altares, y sus cuatro velas han quedado encendidas ya desde el domingo pasado.

Calendario de Adviento

Otra tradición típica en Suiza es el Calendario de Adviento, que se regala a los niños a principios del mes (también se conoce en otros países europeos como Alemania, y en América del Norte).

Los hay hechos de manera artesanal o fabricados; inmensos o pequeños; multicolores, en forma de tableros o realizados con lazos de los que penden costalitos... pero todos con la misma finalidad:

Con él, los niños van marcando día con día el tiempo que falta para recibir a Cristo en Navidad. Y los más populares tienen escondido un dulce o regalito pequeño para cada día, hasta llegar al gran momento de la celebración.

Momento especial

Christoph Balsiger, suizo protestante del cantón de Berna, recuerda sus tiempos de infancia en torno al abeto: "Luego de haber visitado a familiares y amigos, regresábamos a casa y nos dirigíamos a nuestras habitaciones esperando el llamado de mi madre", introduce.

"Después de poco tiempo, ella tocaba una campanita, con un tono muy peculiar al repicar, para anunciarnos que podíamos acudir al salón para ver el árbol de Navidad adornado y con las velas encendidas, el momento especial de la noche", recuerda con una sonrisa.

Cantos y alguna lectura religiosa leída por su padre enmarcaban la escena de la familia rodeando el árbol.

Pero lo cierto es que en Suiza -como en todos los lugares del mundo cristiano-, las tradiciones navideñas varían de región en región y se transforman con el tiempo.

En la mesa

La costumbre típica de comer pavo en la Noche Buena o Navidad no es una "obligación" para los suizos, quienes prefieren tomar de las costumbres foráneas o locales, lo que más les apetece.

Lo cierto es que los suizos en estos festejos se inclinan por la comida tradicional helvética, el exotismo de un platillo lejano, o por el más conocido en este país: el denominado Fondue chinoise.

Se trata de un platillo en el que no se requiere de mayores preparativos ni horas enteras en la cocina.

La carne, normalmente de ternera (y a veces combinada con pedacitos de carne de caballo) se puede comprar en los supermercados ya lista para poner en la mesa, o se la puede solicitar en las carnicerías.

Son trozos cortados cuando la carne está congelada, muy pequeños y finos, dejándolos como una hojita de papel no mayor a los 5 cm.

Fácil y delicioso

Colocados los trocitos en charolas y a temperatura ambiente, se ponen en la mesa como hileras de naipes para que cada persona ensarte y enrolle cada pedacito en un tenedor de mango delgado y largo.

Se cuece en un caldo caliente de verduras puesto en la fondue, una cazuelita que se coloca justo arriba de una llama, que permanece encendida en el centro de la mesa.

Como la carne es tan delgada está lista para comerse en segundos. Al sacar el tenedor del caldo, a la carne se le añade un poquito de alguna de las salsas preparadas a partir de mayonesa, como la típica salsa tártara u otras mezclas con diversos condimentos, entre ellos pimienta, curry o hierbas.

Frutas exóticas – duraznos o piñas en almíbar – también forman parte del festín. Las charolas de carne van circulando hasta que los comenzales queden satisfechos.

En el campo, este platillo puede estar presente, aunque, al menos en la parte germanoparlante, la costumbre de ofrecer la pierna de jamón cocida -sinónimo de fiesta en esas latitudes- también prevalece y se acompaña con una buena ensalada de papa.

En esta temporada tampoco faltan el pan blanco y muy suave en forma de trenza, el salami y el panettone - un pan esponjoso y repartido por miles en toda Suiza. Es realizado en el cantón Tesino y tiene su origen en el norte de Italia, que hace frontera con esa región suiza, en la que también se habla italiano.

Galletas caseras

Si los huevos cocidos son de la Pascua, las galletas son de la Navidad en Suiza. Pocas son las amas de casa que prefieren comprarlas.

Los moldes, pastas y recetas para complacer el paladar de toda la familia aparecen en las tiendas semanas antes del festejo para ayudar a la creatividad de las manos artesanales que las harán en casa, muy probablemente acompañadas del apoyo de los menores, una tarea que se convierte en un esperado placer para los niños.

La tradición de las galletas también se llevaron consigo los suizos que emigraron al extranjero, para placer de todo el mundo.

El árbol: natural y con velas

Aunque el árbol de Navidad tiene su origen en el tiempo de los celtas y aparece en las celebraciones del solsticio de invierno, algunos escritos del siglo XIX ya lo mencionan relacionado con el festejo de Navidad en el Viejo Continente, una de las muchas adaptaciones que el cristianismo hizo ante las costumbres paganas durante la evangelización europea.

Los suizos tienen el hábito de poner y arreglar este tradicional ornamento natural sólo una vez llegada la Noche Buena. La tradición dicta iluminarlo con velas y en torno a él, llevar a cabo cánticos en conmemoración de la llegada de Jesús.

Una costumbre bien arraigada y que le cierra el paso a la influencia de la globalización que dicta iluminar el abeto con lucecitas eléctricas.

Por el contrario, se suele colgar en las ramas del árbol deliciosos chocolates que penden de un lacito dorado y que poco a poco serán degustados por los más golosos del encuentro familiar.

La tradición europea de los pesebres

Aunque el 'Chrisbaum' ('Árbol de Cristo' en su denominación en alemán), es una figura central en la celebración, aparece también en algunos hogares el pesebre o belén, con las figuras que representan la escena del nacimiento de Jesús de Nazaret, a la manera tradicional europea o con creaciones llegadas de otros países.

Suiza, como país de viajeros incansables, se ha convertido en receptora de bellísimas colecciones de estos nacimientos, realizadas en todo el mundo.

Una exposición en el 'Sensler Museum' del poblado de Tafers, situado muy cerca de la ciudad de Friburgo, reúne bellos ejemplos de esta tradición.

Si bien fue difundida por los misioneros europeos durante los siglos pasados en los países del sur, en los últimos tiempos ha regresado a Europa para dar testimonio de los rasgos distintos y la evolución artesanal en su elaboración fuera de Europa.

Además, demuestra el constante acercamiento de los pueblos del mundo y recuerda que la celebración de la llegada del niño Jesús ocurrió sólo una vez que se les dio refugio a dos peregrinos hace unos dos mil años.

Continúa en MÁS SOBRE EL TEMA con: 'Los mercados navideños adornan las calles'

swissinfo, Patricia Islas Züttel


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