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Las agujas del reloj retroceden una hora

Vuelta atrás del reloj.

(Keystone Archive)

Entre la noche del sábado y la madrugada del domingo los suizos cambian de hora. Entra en vigor el horario de invierno.

Atrás quedó la polémica que por un tiempo hizo de Suiza una isla horaria en Europa.

A las 3 de la madrugada del domingo los relojes en Suiza retroceden de una hora. Se trata del retorno a la hora normal. Un cambio que se produce simultáneamente en la mayoría de los países europeos desde 1980. Pero los suizos tardaron tiempo en armonizar su horario.

La idea del "horarario de verano" se aplicó por primera vez en 1916 en Irlanda, Francia e Inglaterra, práctica que duró hasta la Segunda Guerra Mundial. Italia volvió a introducirla en 1966, hasta que en 1973, debido a la crisis energética provocada por el alza del petróleo, la Unión Europea la hizo extensiva a todos sus miembros.

Suiza un islote horario

Se pensó que avanzar de una hora los relojes para aprovechar mejor la luz solar, se obtendría un gran ahorro de energía. Pero los suizos, apegados a sus tradiciones, permanecieron al margen debido esencialmente a la oposición de los agricultores y, en particular, de los ganaderos.

Uno de los argumentos que los campesinos esgrimieron fue que el cambio de hora afectaba al ciclo natural de los animales, y que en el caso de las vacas, la producción y calidad de la leche disminuía.

También surgieron explicaciones médicas sobre supuestos trastornos en el ciclo del sueño en la gente, lo que incidía en el rendimiento laboral. El hecho de retardar la hora de ir a dormir causaba una pérdida del sueño de la gente y, por lo tanto, había mayor recurso a los tranquilizantes.

Otro argumento para oponerse fue de tipo económico. Se dijo que obligar a modificar la hora de los equipos electrónicos, de los parquímetros, de las alarmas, de los relojes en los lugares públicos, como en las estaciones de trenes y en las campanas de las iglesias, ocasionaría gastos económicos importantes.

Pero los argumentos más sólidos para oponerse a toda modificación de la hora fueron de orden político. Le neutralidad suiza era primordial y no había porqué seguir las ordenes de la entonces naciente Comunidad Europea, explicaron políticos de los partidos de la derecha tradicional. Suiza debería decidir por su propia conveniencia.

Más desventajas que ventajas

Suiza pasó así a ser una isla horaria. Pero los inconvenientes de la medida no tardaron en manifestarse. Las comunicaciones con los países vecinos se vieron afectadas, se perturbaron las conexiones ferroviarias y en los aeropuertos fueron frecuentes las confusiones, atrasos en los vuelos y pasajeros que perdían sus correspondencias.

Los trabajadores fronterizos de los países limítrofes se vieron afectados al ver sus jornadas laborales prolongadas, o sus gestiones administrativas bloqueadas por la falta de coordinación horaria de los servicios entre Suiza y sus respectivos países.

El malestar interno se generalizó, y las presiones de la Unión Europea aumentaron. En 1980, el Consejo Federal (gobierno) tomó la decisión armonizar la hora de verano con el resto de Europa, mediante un decreto urgente. Los opositores intentaron en vano convocar a un referendo, y desde entonces los suizos viven en avenencia con los relojes de sus vecinos europeos.

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